Son extraños los caminos de las aves

Son extraños los caminos de las aves. Dependen más del aire que de sus propias alas. Y esto, que pareciera atentar contra el destino, no consigue sino facilitar su travesía. Así conocen, por ejemplo, Tuxtla Gutiérrez, Comitán de Domínguez y San Cristóbal de Las Casas. Escuchan, además de sus trinos, los poemas y cuentos de quienes han volado enotro cielo: azules, grises, amarillos, nubosos y hasta en crisis según Óscar Oliva. Siento no estar de acuerdo con el homenajeado; me parece que hay búsquedas diversas, riesgos y tradición, antípodas y líneas convergentes. Son usos y costumbres en algunos, y los cambiantes husos en la hora más actual por otro lado. Vuelos que están a tiempo o retrasados, como a veces sucede.

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Siempre será mayor el asombro que el tedio en estos viajes. Yo regreso cansado, contento y muy agradecido con los organizadores: Fernando Trejo, Joel Flores y un equipo entusiasta y generoso. Aterricé con algo de nostalgia y todavía me cuesta comprender que se acabaron los mezcales, la charla, los libros que van de mano en mano, ligeros en su pluma y vastos en alcance. Tampoco en mi ventana aparecen los colores vistosos que me sitúan en Chiapas. En mi mesa no están los tamales de coco y de mumú, ni el chocolate o el agua de pepino. Lejos está la gente que queremos o la que conocimos. Sin embargo, tan cerca (es un milagro laico), porque la respiramos. Y lo que está en el aire es todo nuestro. Es un camino sin obstrucción ni fechas. Levantamos la vista y es tan cielo esa nube que parece un carruaje. Y sé que estoy allí, con otros pájaros, más allá del cartel o los recuerdos. Detenido en el tiempo, no en la vista ni en las ganas de estar por siempre juntos.

Ya no somos extraños o es un ave el camino. Es un encuentro nuevo el que empieza a formarse luego de la clausura del encuentro anterior. Si en algo se parecen estas aves a los seres humanos es, no me cuesta decirlo, que creen en el amor. Y hubo literatura en Chiapas, ni dudarlo. Pero hubo más amor y mucho mayor cielo, de ese aire que permite las mayores alturas en el hombre. Por eso digo gracias en una bocanada. Y esa nube se multiplica y viaja, junto a mi corazón, también en un carruaje, silencioso, como lo planetario.

Luis Armenta Malpica
Guadalajara, Jalisco.
19 de mayo de 2015

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