Cómo se pasa la vida: “¿Usted es escritor?”

¿Usted es escritor? Pregunta una muchacha, después de finalizados mis gorgoritos en una conocida preparatoria de la ciudad. La acompañan otros chicos, incrédulos, a la espera de mi respuesta. Dudo un instante sonrojado por quién sabe qué, pero mi gusto por contar historias (y su modesto éxito) supera el prístino rubor:

—Sí, lo soy.

Entonces la muchacha me recibe con un gancho al hígado:

—¿Y cómo lo sabe?

¡Ah chingá! Mis manos comienzan a sudar. Los preparatorianos, transmutados en toros, son algo serio. No se me ocurre otra cosa que preguntar si les ha gustado mi librillo. Entonces sucede el milagro, sonríen y confiesan les gusta mucho, aunque dudan de mi autoría porque no parezco escritor. ¡Recontrachingá! ¿Y cómo son los escritores? ¿Jóvenes? ¿Guapos? ¿Atléticos? ¿A la moda? Bueno, reconozco que no soy guapo, más bien cubista. Ni atlético, más bien Botero. Soy algo así como rústico… obtuso. La gente lo piensa dos veces para acercarse a mí, pero en el fondo soy una noble bestia.

¿Cómo saber si eres escritor? ¡Fácil! Es como el dilema de saberse mampo 1 o gay. Solo hay de dos sopas: Se es buen escritor o mal escritor; punto. Los últimos nunca reconoceremos lo mal (o pésimo) que escribamos. ¿Y quién determina si se es bueno o malo? Pues los lectores; nadie más. Los agudos especialistas que llenan las solapas de notas como: “El libro del año” “Una libro que te atrapa de principio a fin” o “El escritor que llegó para quedarse”, no determinan si eres bueno, o no.

Llega a mi memoria el taller de cierto poeta, narrador y periodista chiapaneco (de cuyo nombre no quiero acordarme), al que le hicieron “la pregunta envenenada”: ¿Cuál es la fórmula para escribir una novela? El viejazo, ingenuo, se acomodó el sombrero, respiró cual si fuera Clint Eastwood en una epifanía de Los imperdonables, y espetó:

—La fórmula está en escribir una oración, después otra y luego otra, y así, sin parar, cuando menos lo esperas ¡pum!, ¡ya está la novela!

Acto seguido la mitad de los asistentes se marchó. Semanas después se cancelaba el taller por falta de clientes. ¿Y cuál es la fórmula? ¿Usted la sabe? Yo no.

  1. Homosexual. Adjetivo derivado de la palabra Mamporrero, ra: 1. m. y f. Persona que dirige el miembro del caballo en el acto de la cópula
8 Comentarios
  • Patricia Guerrero

    Responder

    Y qué es ser escritor? Yo preguntaría a la gente que lee y a la que no lo hace, Qué es un escritor? Aquel que lo dice? Aquel de quien se dice lo es? Aquel que nunca lo sabrá y escribe sin saber que lo es porque nadie le ha dicho: Qué es un escritor?

  • Marco Antonio Morales Urbina

    Responder

    Hay un libro que por años he consultado, leído y releído, porque cada vez que me encuentro con un toro convulso me exorcisa: El oficio del escritor. Quizás uno de los más lúcidos para curar las agruras e indigestión de las “salvajes preguntas”. Saludos mi caro y gentil amigo.

  • Hugo

    Responder

    Què es un escritor? preguntó Patricia. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable —por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.

    James Joyce: Ulises

  • Hugo

    Responder

    Hasta antes de hoy, querido doctor Marco Antonio, mi exorcismo era con revistas porno gringas, compradas en una revistería clandestina en la 7ma av sur y alguna calle del oriente… ¡Abrazos!

  • Jesús Sánchez

    Responder

    Un placer leerlo mi estimado y querido maestro. Lo bueno que yo soy titiritero jejeje.
    Luego me dice uste quien es el que dio la receta.

  • Hugo

    Responder

    Querido maestro Jesús, ¿Cual es la fórmula para ser titiritero? Y de lo otro… este… le cuento luego.

    Abrazos!

  • Esthela

    Responder

    El maestro Hugo, Excelente promotor de la lectura y el libro, que configura su vida en las dimensiones del espacio y el tiempo, convirtiendolo en un modo narrativo.

  • Hugo

    Responder

    Órales Esthela… Gracias por las flores! Saludos!

¿Qué opinas?