Apuntes para una narrativa moderna en lenguas indígenas de Chiapas

Mikel Ruiz 0 comentarios

“Transvase de la oralidad a la escritura”
La literatura chiapaneca en lenguas indígenas ha tenido una transición muy importante que surge del rescate, en primer lugar, de la tradición oral y, en segundo lugar, de la resistencia cultural enfatizada por el movimiento subversivo del EZLN.

La investigadora Micaela Morales López (2004) identifica en su libro Raíces de la ceiba. Literatura indígena de Chiapas, con un enfoque de atención delimitado hasta finales del siglo XX, que el material que ofrece esta literatura “no presenta la complejidad propia del cuento moderno, tampoco se trata de relatos orales puros, sino de textos que reflejan un proceso de transición entre oralidad y escritura” (69). Específicamente, Morales López denomina a esta etapa de la literatura indígena como “contemporánea”, la que “se encuentra íntimamente relacionada con la historia, las costumbres y las tradiciones ancestrales, pues se trata de una literatura conservada de generación en generación” (37).

Morales López define este período literario como el “transvase de la oralidad a la escritura”, proceso en el que los escritores se dedican a la recuperación de historias orales como el “resultado de movimientos de resistencia, de autopreparación y de toma de conciencia de su condición étnica” (76). De lo que no está nada errada si consideramos a esta definición para la literatura indígena chiapaneca hasta finales de los ochenta, una literatura con un vasto listado de títulos, en las más de doce lenguas que se hablan en el estado, que se explota al máximo si revisamos que una de sus características es la recuperación de la tradición oral, como se mencionó arriba.

A mi juicio, lo que no alcanzó a leer y, por lo tanto, a decir la investigadora, que el cambio de siglo también fue el inicio de una nueva expresión literaria y artística por los hablantes en lenguas mayas de Chiapas. A partir de la publicación de la antología Palabra conjurada (cinco voces, cinco cantos) (1999), la literatura hecha por indígenas, tanto en poesía como en narrativa, inicia un nuevo ciclo. La aparición de dicha obra es el parteaguas de la transición oralidad-escritura pasando por el sistema hegemónico de la literatura a la creación literaria. Si bien podríamos definir a esta nueva etapa como literatura maya moderna, diferenciándola de la “contemporánea” denominada por Morales López, antes veamos con cuáles características emerge.

Palabra conjurada (Cinco voces, cinco cantos), 1999. Imagen: Archivo Internet.

Palabra conjurada (Cinco voces, cinco cantos), 1999. Imagen: Archivo Internet.

Como resultado de los diplomados impartidos por la Escuela de Escritores de San Cristóbal de Las Casas, a partir de su colaboración con la Unidad de Escritores Mayas y Zoques (UNEMAZ) en 1997, Josías López K’ana, Juana Karen Peñate Montejo, Ruperta Bautista, Nicolás Huet y Enrique Pérez López, de las lenguas tsotsil, tseltal y ch’ol, integran la antología Palabra conjurada considerando nuevas herramientas y temáticas, problemas sociales que enfrentan los pueblos indígenas y las consecuencias de la muy reciente insurgencia del EZLN, partiendo desde una posición defensiva y de resistencia cultural, en los géneros de poesía y narrativa. Sin embargo, como se puede apreciar en los textos, la oralidad no queda relegada como podría suponerse, al contrario, adquiere mayor importancia como base de esta literatura.

En Palabra conjurada, coordinada por José Antonio Reyes Matamoros, aparecen dos relatos que, estrictamente desde la concepción occidental, comienzan a denominarse cuentos. Uno de ellos, “Elek’ k’op / El ladrón de palabras”, escrito en tseltal por Josías López K’ana y “Jtek’ cha’tek’ xambal / Paso a paso” por Nicolás Huet en tsotsil. Al respecto, Reyes Matamoros apunta que “Tanto K’ana como Huet han dado un salto muy grande en el tratamiento de sus cuentos: de la ʻescrituraciónʼ de lo narrado en la tradición oral, saltan a la creación, partiendo de los elementos históricos y sociales de sus comunidades” (Palabra conjurada; Presentación).

Así pues, a partir del siglo XXI los autores indígenas dejan de “transvasar” la oralidad a la escritura para tomarla como trasfondo en las problemáticas que enfrentan con y contra los acechos de la modernidad, tal como veremos a continuación.

Entre la oralidad y la literatura. Una apropiación estética
Después de Palabra Conjurada, Nicolás Huet publica su primera, y hasta ahora única, colección de cuentos Ti slajebalxa lajele / La última muerte (2001), en donde, según la opinión de Reyes Matamoros, “si bien no nos es ajeno, sí nos descubre un conjunto de situaciones donde la interacción selva-hombre, mito-hombre y las relaciones sociales llegan al extremo de la violencia por las causas más antiguas de la humanidad: la envidia, el protagonismo, el poder, pero ahora narradas por el tsotsil Huet, vistas desde adentro” (2002: iii). En La última muerte las herramientas del cuento clásico y las fórmulas discusivas de la oralidad se entremezclan para producir nuevos efectos estéticos, un paso adelante de lo que hasta entonces era la literatura indígena contemporánea, como lo hace notar Morales López en su investigación. Sin embargo, hay que tener en cuenta que lo contemporáneo es muy ambiguo en cuanto que siempre refiere a un tiempo actual.

Por su parte, René Correa (2008) también subraya en su libro Paseos por la narrativa chiapaneca de ficción que en “La última muerte, el paisaje de la narrativa chiapaneca literaria se nos exhibe como algo fúnebre, pero no por eso árido; al contrario, se presenta como un oasis que horroriza, porque el cuento y su composición son el reflejo de la humanidad, de la muerte violenta” (175), y que “con esta historia nos muestra una apropiación de los elementos que conforman el cuento clásico para contarnos una historia que supera lo local y lo tradicional insertándose en el contexto de la literatura universal” (176).

Cartel de la presentacIón del libro Paseos por la narrativa chiapaneca de ficción, de René Correa Enríquez. Imagen: PoéticArbitraria.

Cartel de la presentacIón del libro Paseos por la narrativa chiapaneca de ficción, de René Correa Enríquez. Imagen: PoéticArbitraria.

En lo que respecta con el narrador tseltal Josías López, recientemente galardonado con el Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA, 2015), a partir de su cuento “El ladrón de palabras” en 1999, en 2005 publica su primera colección de cuentos Sakubel k’inal jachwinik / La aurora lacandona, pero al año siguiente aparece su segundo libro Spisil k’atbuj / Todo cambió (2006), otra colección de cuentos que le da prestigio a la narrativa en lenguas indígenas con el mayor logro estético. En 2008 la obra fue incluida dentro del Programa Nacional de Lectura, los Libros del Rincón, de la Secretaría de Educación Pública (SEP), con una reproducción mayor a los 32,500 ejemplares, algo histórico si tomamos en cuenta que nunca superan los mil ejemplares para su distribución local. En Todo cambió nuevamente la oralidad-ritualidad de los mayas y la escritura confluyen en problemas sociales e históricos, se entremezclan y bifurcan para ofrecer una nueva perspectiva de la narrativa en lenguas mayas, al menos en Chiapas.

De Josías López, Reyes Matamoros, conocedor y testigo del desarrollo artístico y literario del escritor tseltal, reitera que

La nueva narrativa maya tseltal comenzó cuando los escritores de ese idioma ubicaron en su justa dimensión la unidad entre oralidad y escritura. (…) Su novedad consiste en el uso de las herramientas estéticas del cuento clásico aplicadas a una forma de pensamiento donde dicho cuento encontró a sus ʻrepresentantesʼ. Es pues una apropiación estética, función de la literatura y sus fenómenos multiculturales (Todo Cambió 2006: i).

K’ana es el narrador maya tseltal más activo hasta la actualidad. Después de las obras en mención también ha publicado Sk’op ch’ulelal / Palabras del alma (2010), y es precursor de la novela en lenguas indígenas en Chiapas con Te’eltik ants / Mujer de la montaña (2011) que, en otro momento, sería necesario dedicarle algunas páginas para conocer de qué se trata y cuáles son sus aportes fundamentales. Su última obra es otro libro de cuentos intitulado Sbolilal k’inal / Lacra del tiempo (2013), obra que, mencionamos de paso, bien parece una continuación menos lograda de Todo cambió.

Entre Huet y K’ana, el panorama actual de la literatura en lenguas indígenas se ciñe de técnicas y estilos modernos de la escritura. Sin embargo, con la apropiación de nuevas herramientas de composición literaria, los autores experimentan, debido a su pasado colonial, la construcción de una voz propia, de un estilo particular que les permite recuperar una identidad cultural hasta hace poco soterrada por el peso de las políticas nacionales como parte de la neocolonización.

Con las nuevas herramientas occidentales, los narradores mayas dibujan un nuevo rostro de la literatura pues se diferencia de su base hegemónica con la visión propia de la cultura maya, de los rituales, de los mitos y leyendas configurados inteligentemente para que los relatos tengan vida, que los personajes habiten y muestren desde dentro de la comunidad el mundo que otros autores, como el caso de los indigenistas, no lograron profundizar y explorar, pues la lengua desde donde se narra y sueña también influye en la creación y la recreación por parte de sus autores.

Es interesante anotar que la actual literatura, propiamente con el ejercicio de la escritura, presenta una necesidad de reconciliar la autonomía identitaria y artística, experimentando el repliegue y arraigo cultural y literario escindido por la conquista. De este modo, los autores mayas se apropian de la estética de otras lecturas. Acumulan conocimientos literarios, lingüísticos y culturales de otro espacio y contexto artístico e intelectual; con esto, escribe Jesús Morales Bermúdez (2005) en Chiapas literario. Meditaciones sobre literatura de Chiapas, “adquieren la posibilidad de registrarse y recrearse definitivamente en el espacio y el tiempo pues, a diferencia de la oralidad que borra la marca personal y funde los aportes, la escritura conserva el sello personal de la creación” (26). La memoria desgarrada los impulsa a crear no solamente un espacio de producción literaria en el sistema hegemónico, sino una reconciliación de la voz, de la identidad como sujeto pensante, creativo, observador y crítico de su propia cultura en el contexto socio político en que se sitúan los autores.

Jesús Morales Bermúdez (San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1947). Narrador y ensayista. Estudió filosofía y antropología social. Imagen: Elem.

Jesús Morales Bermúdez (San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1947). Narrador y ensayista. Estudió filosofía y antropología social. Imagen: Elem.

Fernández Retamar, pensador y crítico de la literatura latinoamericana, en su texto “Algunos problemas teóricos de la literatura hispanoamericana” (1975) considera que “es esa evolución la que nos revela no sólo… inciertos los límites de la literatura, su periferia y sus zonas de frontera, sino incluso su propio centro: es decir, lo que era ʻcentroʼ puede volverse periferia y viceversa” (461).

La expresión de Retamar contradice el intento de teorización de Alfonso Reyes (1963), en relación a la teoría del deslinde. Hablar de una literatura pura, de un hecho literario, o la literariedad para los teóricos europeos, es arbitrario porque la emergencia actual de escritores indígenas, como lo evidencia Carlos Montemayor (La literatura actual en las lenguas indígenas de México 2001), “se enfrentan no solamente con la creación artística, sino con un compromiso cultural que los obliga a replantearse prácticamente todo lo que tiene que ver con su idioma desde el momento mismo en que deciden qué alfabeto utilizar” (36), una visión muy distinta de la literatura nacional configurada únicamente desde la lengua hegemónica.

De la oralidad al metatexto
La influencia de nuevos estilos, de nuevas lecturas de obras provenientes de cualquier parte del mundo y de idiomas en los procesos de formación de los nuevos escritores, evidencia el carácter heterogéneo y conflictivo de ambas bases de recursos y visiones culturales en la literatura de Josías López. Aunque sus obras tengan un peso importante de la oralidad en su aspecto lingüístico y temático, se identifica claramente que ya no es un simple transvase de la tradición oral a la escritura.

De esta perspectiva literaria, podemos ver en el cuento “Jpoxlum”, del libro Spisil K’atbuj / Todo cambió, como metatexto de sus propios cuentos:

Al escribirlos me asistieron dos razones. La primera es volver, pero no en vida, sino a través de la palabra escrita, a la existencia de un pueblo que ha sido duramente golpeado por la miseria, la humillación y el racismo; en segundo lugar: procuro reparar el origen perdido, el nombre oculto, las cosas olvidadas, hacer que el río suene y que los cientos de aves, de animales nocturnos y de pequeños insectos se unan al coro iniciado en el ombligo del mundo, tierra de los hombres de maíz (2006: 8).

La narrativa de K’ana arrastra una mirada a la condición subalterna del pasado colonial, de la sumisión y la esclavitud, del inolvidable control sobre los pueblos indígenas. La oralidad como mundo mágico, mítico y sobrenatural se recrea, como menciona de manera metatextual el narrador de “Jpoxlum”, junto con el racismo, la humillación, el desgarramiento espiritual y social que mantenían bajo prisión y presión a los antepasados.

La creación y recreación privilegian el ejercicio de la creatividad poniendo en juego la calidad y el camino de la producción actual. En el texto mencionado son recurrentes las discusiones metatextuales de lo que es para el autor y el narrador una obra literaria, una posición intelectual que confronta la visión occidental con la visión indígena desde la lengua materna con las grafías latinas.

Si bien existe una escisión del sistema de escritura actual con el antiguo, al igual que Hute, K’ana se apropia conscientemente de géneros literarios para escribir desde la lengua materna y con ella construir un estilo propio, como autor y como grupo cultural o lingüístico; expresa su visión y sentido crítico de la realidad que vive.

Y si la función estética del lenguaje es una de las ambiciones estilísticas más prioritarias de cualquier escritor, para K’ana tampoco es ajena esta búsqueda. Sin embargo, como política de la educación pública, la implementación de programas y leyes sobre la educación bilingüe lo condiciona a privilegiar la lengua materna como herramienta de creación con elementos de la oralidad y de la expresión coloquial, pero sin prescindir de la traducción a un sistema lingüístico de la cultura dominante, convirtiéndolo así en sujeto bilingüe, bi o multicultural desde el acto de la creación literaria, condición social e histórica que marca la voz y las letras del autor tseltal.

Por esta situación compleja, en algunos casos los textos de K’ana se encajan a una condición de “hibridismo lingüístico” (Lienhard: 1990, Canclini: 1989), debido a la incompatibilidad de algunos conceptos mayas con el castellano, esto se observa cundo el narrador de “Jpoxlum” dice “el xch’ulel de este libro”, cuando el concepto de ch’ulel para los hablantes mayas tsotsil y tseltal es imposible hallar una traducción equivalente al castellano, pero también es una licencia que el narrador se permite, pues atribuye esta índole maya a un objeto inanimado, aunque también existen prácticas semejantes en la cultura occidental como el caso de la Biblia, por ejemplo, más que cualquier otro texto escrito por el hombre. En un fragmento del cuento “Jpoxlum” se lee, no sin extrañarnos, lo siguiente:

Meli, embriagadora de mi corazón, me pide la botella de aguardiente, una vela y el incienso humeante de mi padre. Los coloca con el engargolado frente al pequeño altar de la familia. Se pone de rodillas. Suplica a los dioses fundadores del mundo, arquitectos formadores, con las manos extendidas; pide que el xch’ulel de este libro no se pierda, no se enferme, no se muera. Bebe un sorbo de aguardiente, otro arroja sobre el altar. Se pone de pie. Con el humo del incienso sahúma alrededor. Bebe otro sorbo más de pox, después me sirve a mí, otro poco en los labios del libro (2006: 11).

Con mayor conciencia de su contexto histórico e intelectual, de su condición social, de su formación educativa y literaria, Josías López suple el campo de la tradición oral por el material impreso.

Josías López Gómez (Oxchuc, Chiapas, 1959). Recientemente galardonado con el Premio de Literaturas Indígenas de América 2015. Imagen: Universidad de Guadalajara.

Josías López Gómez (Oxchuc, Chiapas, 1959). Recientemente galardonado con el Premio de Literaturas Indígenas de América 2015. Imagen: Universidad de Guadalajara.

Con este cambio de perspectiva de la literatura, los creadores indígenas forjan una visión distinta y heterogénea sobre la recuperación de la identidad, de la raíz escindida, del contexto cultural en vías de una transformación desigual. De la “literatura otra” nombrada por Edmundo Bendezú (1986), la literatura maya tsotsil-tseltal da un giro hacia la otra escritura que se emparenta con la mezcla de técnicas y estructuras de la literatura en lenguas hegemónicas, práctica aún compleja de observar pues, con un recorrido de apenas una década y media, el inicio de este ciclo permanece abierto.

Aparte de Huet y K’ana, con apenas una obra publicada, el historiador tseltal Marceal Méndez Pérez es quien intenta sumarse con los cuentos Slajibal ajawetik / Los últimos dioses (2010) con una nueva perspectiva y enfoque de la recreación de la oralidad maya. Si bien ya no puede considerarse un mero transvase de historias orales, su trabajo sí puede sugerirse aún en la etapa iniciada por los autores citados, es decir, no ofrece un nuevo aporte. Mientras no emerja un autor con nuevas propuestas estéticas que transforme la visión que se tiene de la narrativa en lenguas mayas, la narrativa actual se mantendrá vigente como moderna, tomando en cuenta que en otros ámbitos se habla de una literatura postmoderna e hipermoderna, entre otras formas de lectura, a decir del escritor argentino César Áira.

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