Sobre la perversión del lenguaje. Entrevista con Eduardo Milán

Raúl Vázquez 0 comentarios

Hace ya muchos años que la entrevista, como medio de diálogo compresivo, forma parte de mi vida intelectiva. La entrevista, una suerte de robo de la palabra, de recuperación de lo dicho fuera de mí, se convirtió en una ruta, un medio por el cual dar cauce a mis propias dudas, mis propias conjeturas. En todas las entrevistas que he realizado, siempre la guía fue mi propia curiosidad, tal vez, egoísta, mis propias dudas. Luego venía el proceso de compartir. Esta especie de columna de entrevistas, forma un corpus que se construyó, diría, en diez años. Desde mis primeros tanteos hasta entrar a una entrevista casi como pugilista. Nunca busqué el medio más favorecedor, la mayoría de estas entrevistas que se publicarán a partir de hoy, por Carruaje de Pájaros, tenían el fanzine, la gaceta estudiantil, el periódico pequeño, su medio de proyección. Inicio, entonces, con esta “columna” de entrevistas, un diálogo con lectores que pueden colocarse en la distancia y recuperar de lo vertido una cierta carga significativa.

Raúl Vázquez. Durante la rueda de prensa que se realizó antes del seminario organizado por Círculo de Lectores, que se llevó a cabo en Madrid, en enero de este año, con el tema “La perversión del lenguaje”; perversión vista desde la manipulación que el poder articula sobre el lenguaje, usted mencionó que “vivimos bajo la insistencia del poder en trastocar una serie de valores que se convierten en un alimento de consumo cotidiano, que es muy difícil de evitar”. Basándome en ese comentario, si entendemos que gracias al lenguaje las personas asimilamos la cultura, qué consecuencias trae consigo para el caso del lenguaje, esa “insistencia del poder en trastocar los valores”.

Eduardo Milán. Creo que tiene consecuencias en el sentido de la propia función del lenguaje, el lenguaje ya no es un trasmisor de conceptos o valores, sino que es un mero instrumento que se puede manipular. Hay una separación en el carácter instrumental que se le da al lenguaje y lo que ese lenguaje manipula, porque no es la instrumentalización la que está manipulada, son los valores. Hay una separación entre instrumentalización y valores que se vehiculizan. El lenguaje utilizado por los medios y por el poder, siempre es instrumental, no es un lenguaje que trasmita ningún otro tipo de información, no es un lenguaje trasmisor de información estética, es un lenguaje meramente informativo. Si lo que se altera es el valor de lo trasmitido, el lenguaje queda profundamente alterado aun en su función instrumental. Eso es casi, diríamos así, una operación lógica de manipulación, si el poder lo hace es porque el poder lo necesita. Y en el caso, por ejemplo, que fue lo que se discutió en ese seminario que usted menciona, lo que se insistió de manera reiterada fue en la utilización que hizo el poder sobre todo en determinados momentos históricos especialmente graves y, que de alguna manera, se estaban repitiendo en el contexto de la guerra inacabada entre Estados Unidos e Irak. Era ahí, a partir de ese punto del presente en que se articuló la discusión que llevó, si no mal recuerdo, hasta el problema de la manipulación del lenguaje, en este sentido, que se hizo en la Segunda Guerra Mundial y, muy especialmente, por parte de los nazis.

Lo que creo que hay que tener presente y que nos quedó medianamente claro aquella vez, fue que el poder siempre actúa así frente al lenguaje o ha dado muestras de una voluntad de acción siempre igual. El destinatario aquí, que es el receptor de esa manipulación es lo que está en primer lugar, en la meta, esa operación se hace con ese público como finalidad, es ese receptor el que debe padecer las consecuencias de esa manipulación.

Pero también hay que tener presente que el poder va actuar siempre así, va actuar con fines manipuladores en cuanto a la separación entre el valor de lo trasmitido y el propio instrumento. El poder siempre va a escindir; el fenómeno es un fenómeno de escisión, es la confusión del receptor de la información, por ejemplo, sobre la guerra de Estados Unidos e Irak o sobre la resistencia iraquí o también la posición del receptor ante lo que es todavía y, desde hace tanto tiempo, la guerra de exterminio del gobierno judío-israelí de la población Palestina. Es el desconcierto no tanto por las noticias o sobre lo que verdaderamente está ocurriendo. Corno usted habrá notado, no se miente sobre los hechos, no se puede discutir que el gobierno norteamericano tortura presos en Irak, lo que se pone en juego es el valor que se le atribuye a ese tipo de información. Los hechos están, yo no he visto mentir los hechos. Fue como lo que pasó aquí con los “video-escándalos”, los videos estaban, es la valoración que se hace frente al público receptor o cautivo de esa información. Entonces la perversión no es la perversión lingüística, como sí la palabra se torciera o fuera cercenada, es el valor que se trasmite a la palabra, ahí la materialidad del signo queda intacta, porque esa escisión ya estaba, lo que verdaderamente aterra si se puede decir así, es la posición en la que queda el receptor. Desde luego, no estarnos hablando de receptores calificados, estamos hablando de receptores absolutamente pasivos frente a lo que reciben. De este modo y siguiendo este rumbo, el estar informado por los medios de comunicación no significa prácticamente nada, porque no se está en contacto con los valores, se está en contacto meramente con la información.

RV. Actualmente los seres humanos asistimos a un simulacro de los real creado por el poder; un encubrimiento del significado que provoca en el lenguaje la desaparición de su nexo con el mundo, a la manera de lo que Baudrillard al final de la guerra del golfo pérsico, describió como una “realidad reemplazada por una saturada cobertura por parte de los medios de comunicación masiva”. Bajo esta óptica quiero plantearle mi pregunta: ¿El lenguaje poético puede quedar al margen de esa simulación de lo real?

EM. Sí. Puede quedar al margen en la medida en que al lenguaje poético no le preocupa la simulación de lo real. Ahí hay una metáfora implícita, hay una sustitución de lo real por lo virtual. Al lenguaje poético no le importa que haya esa sustitución, porque el fin del lenguaje poético no es distinguir las metáforas, sino trasmitir información estética. Es decir, de alguna manera el lenguaje poético sería víctima de ese entramado, porque aparentemente ese entramado estaría haciendo una operación poética. La sustitución de lo real por el simulacro de lo real es una metáfora. El lenguaje metafórico por excelencia es el lenguaje poético, pero de ninguna manera el lenguaje poético tiene ninguna implicación en esa operación manipuladora. Se puede, si se quiere, distinguir al lenguaje poético o apartarlo de esa jugada, pero creo que el lenguaje poético no tiene por qué declarar su inocencia. El problema no es el lenguaje poético; dicho de otro modo, puede quedar atrapado o no, pero no es el lenguaje poético.

RV. Con qué actitud hay que asumir al lenguaje poético en una actualidad en la que los medios de comunicación, son los que mayormente articulan los paradigmas que rigen la evolución de la lengua.

EM. No estoy seguro que los medios sean los que están sentando de alguna manera, las bases de la evolución lingüística. Creo que el lenguaje empleado mediáticamente sufre una serie de alteraciones, pero es muy pragmático, ese lenguaje está utilizado de una manera comunicativa y sin ningún tipo de cuestionamiento, por ejemplo, si los medios utilizan el lenguaje de una manera no hay capacidad de replicar por esa utilización, así queda. Yo nunca vi hasta ahora, una crítica de ciertos receptores por la utilización que hacen los medios del lenguaje; pueden cuestionar en alguna carta de algún lector, en un periódico o en una llamada telefónica; alguien se le puede ocurrir decir que tal periodista mencionó tal acontecimiento de esa manera y, que esa no es la manera correcta, pero es muy mínimo; no hay un cuestionamiento de la utilización del lenguaje, porque eso supondría una conciencia de la recepción que creo no existe. Yo creo que una de las cartas de triunfo de los medios en la utilización del lenguaje, es que el lector está totalmente desprevenido o bien no le interesa el tema. Al receptor no te interesa el lenguaje, le interesa la información que el lenguaje trasmite. Estaríamos hablando de grandes receptores —me da la impresión— o de receptores altamente calificados, los que detectarían en la utilización del lenguaje a largo plazo una degradación de lo que el lenguaje es. Los medios actúan siempre en presente, son inmediatos, porque además las noticias tienen un periodo de duración muy breve, caducan inmediatamente, son diarias, o bueno, tendrán un punto de irradiación como noticia. Creo que por algo los noticiarios son dos veces al día, todos los días; eso tiene una duración porque inmediatamente el hecho evoluciona o se acaba el problema y surge otro. Seguir ese derrotero del lenguaje y las variaciones que ha tenido el eco en la propia lengua de esas distorsiones por ejemplo, que se repiten en trasmisiones y conceptos manipulados en un sentido.

Yo creo que el lenguaje no se pone en cuestión, no hay detectores de esa evolución. Y no sé por qué no los hay, porque podría haberlos, y de alguna manera eso ayudaría a los propios medios a legitimarse. Si hay algo que está muy descalificado o va en vías de ser descalificado, son los medios; del mismo modo en que se los entroniza como un poder que prácticamente es el rector de la sociedad. Me parece que hay una diferencia tan grande entre lo que es la operatividad real del lenguaje y la función que la sociedad le asigna a los medios. Por un lado los medios, son todo para cercar gobiernos y descubrir corrupciones y por otro lado, va ese vehiculo, ese instrumento actuando como por sí mismo y según su propia lógica, como si no hubiera una relación entre la importancia que tiene como poder y el despliegue práctico y real sobre cada situación concreta.

Es decir, no hay una depuración constante o capaz que la hay y no se nota y aquí estamos hablando de lo mediático en el sentido de los medios de difusión masivos vinculados a la televisión. No creo que haya esa depuración. Yo no sé si después de un informativo se hace una revisión lingüística de las cosas. Creo que es anterior y tiene que ver con la censura de lo trasmitido, es decir, con el mensaje, no tanto con la estructuración que se le da al medio.

RV. A causa de todo el aparato mercadotécnico de la ficción, del reino del entretenimiento, del mundo del reality show, la poesía adopta rasgos que vuelven artificial su entorno. Mi pregunta es, entonces: ¿hay lugar para la poesía que se aparta de lo ficticio, para ese lenguaje poético que no hace del entretenimiento su rostro?

EM. A mí me parece que si está planteada así la pregunta, es muy difícil que la poesía pueda escapar a algo. Del mismo modo, en que yo no consideraba responsable a la poesía de la sustitución de lo real por lo virtual, puedo decir que si el mundo adquiere la característica de lo fantástico, es muy difícil que cualquier manifestación humana escape a esa dimensión. La poesía no se va a trasformar en agente de la verdad en medio de lo simulado. No sé qué destino puede tener como acto lingüístico de verdad en la medida que no es instrumental, es creativo, propositivo de otro tipo de realidades que no están justamente en esa maraña de virtualidades. Pero no creo que pueda salir indemne, que pueda rescatarse. Esa pregunta me la he planteado varias veces, si un mundo se pierde, es muy difícil que se salve la poesía. Ojalá los testimonios fueran poéticos de lo que era el mundo antes de perderse. Eso puede ser un trabajo arqueológico, luego de pérdidas de mundos o de civilizaciones, la poesía podría dar esos testimonios; pero ya como un análisis del lenguaje minucioso y desde perspectivas muy diferentes, que contaran con el arruinamiento producido por los medios de lo que fue una realidad, la poesía aparecería como dando los datos verdaderos de lo que fue un mundo, pero la poesía ahí cambiaría de estatuto, se transformaría en el ente que dijo la verdad, cuando el mundo empezó a mentir.

Entrevista publicada originalmente en el periódico El Heraldo de Chiapas, martes 30 de noviembre de 2004.

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