Cómo se pasa la vida: “Hace veinticinco años conozco a Uberto Santos”

Hugo Montaño 4 comentarios

¿Por qué, si soy el fuego, no te fundo?
S.D.M.

A propósito de poetas, hace veinticinco años conozco a Uberto Santos. Cruzó mi vida igual que un huracán atraviesa el paraíso, lengua de barro, laja tendida flotando en un piélago de imágenes. Era el tiempo de las primeras armas cuando hallé ese filón de voces entrañables: Antología de Poetas Jóvenes de Chiapas (Editorial Katún). Después llegó la Facultad y con ella los encuentros de escritores chiapanecos convocados por la Unach. Con mi raquítico salario de herrero adquirí la memoria impresa de aquellos encuentros, donde volví a encontrarlo:

¿Quién es aquella
que sin tocarme
desata el fuego
de mi voz?

Fragmento de Fuego Solar

Tiempo después conocí a Uberto en persona, e hice amistad con él. Tengo varios de sus libros, los releo de vez en vez y me sigue gustando:

Nací
con el canto del tamazul:
Mi madre fue un árbol de agua
donde un río mordía su vientre y era mi padre
Con la savia que mandaba en su tronco
me fui volviendo esta carne
Luego
como los frutos que han escuchado el llamado
de la tierra
me fui desprendiendo de mi rama
dejando los tallos temblando del agua
He aquí
el fruto que soy
el agua escribiendo.

Fragmento de Árbol de agua.

Uberto Santos es poeta de tiempo completo, transpira la herencia de la tierra, la hace suya bajo el fuego solar, allá, en el vuelo incontenible del paisaje. Cumple a cabalidad lo que Vigotsky dice debe consumar el arte: conmueve, anima; es el poeta un ser humano quien le habla a sus semejantes, comparte con la manada el fuego de la palabra como se comparte el pan, la piedra, la mazorca tierna y el dolor. Uberto se entrega a quien se encuentre en una danza perpetua, porque el poeta no existe en el tiempo, él mismo es un instante compartido sobre la banqueta, afuera de la clínica o en el camino a casa, siempre con la poesía amartillada, lista para detonar en el júbilo de quienes tenemos la fortuna de saberle.

Estoy aquí
inventando un nuevo latido para que me oigas,
para que seas la lluvia que no tuvo mi sed.

Estoy aquí
y no soy más que el llanto que tuviste por herencia,
la pinche piedra que siempre dio con tu pie,
viejo verde,
triste nauyaca, estoy aquí
así hasta que el viento me llene de tu cuerpo.

Fragmento de Para llorar a solas.

Afortunado quien te oiga, Uberto, porque de todos eres. Lo sabes, lo asumes y viajas cual Prometeo, para ganar la luz en tu edad mística… para llorar a solas pero contigo. Te saludo filípico, alejandrino, y te abrazo desde acá…
...desde los surcos de la memoria, desde la milpa que sembraste en mi corazón, desde la plebe de alas que asisten para verte labrar el aguacero, desgranar la luz, deshojar el polvo.
Desde este país de lástimas te escribo, Yucundo, y te pido concedas a quien no te conoce, aprender el rumbo de tu voz:

Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo
y me dejas desnudo y errante por el mundo…
mas yo te dejo mudo… ¡mudo!…
¿Y cómo vas a recoger el trigo
y a alimentar el fuego
si yo me llevo la canción?

León Felipe / Antología rota

4 Comentarios
  • Marco Antonio Morales Urbina

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    Hermoso apunte para este inicio de semana. Gracias mi querido Hugo por compartir esta historia

  • Hugo

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    Gracias a usted, doctor, por darse la vuelta en este carruaje… Abrazos!

  • Karla

    Responder

    ES hermosa la manera en que la columna se pinta de poesía… “Cruzó mi vida igual que un huracán atraviesa el paraíso, lengua de barro, laja tendida flotando en un piélago de imágenes.”

  • Hugo

    Responder

    Gracias, mujer… la entrada de esa línea es de un querido poeta tabasqueño, no recuerdo si de Pellicer o Gorostiza, lo demás me lo ha regalado Uberto. Como ves, nada es mío pero es mío.

    Abrazos!

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