Fragmentos de “Peldaños”, de Matza Maranto

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Matza Maranto Zepeda (Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas; 1984). Actualmente estudia el doctorado en Ciencias Sociales y Humanísticas en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA). Realiza la cápsula radiofónica Ex libris para el programa Andares, la cultura y sus rutas, del Sistema de Radio, Televisión y Cinematografía de Chiapas. Es autora del poemario Atajos para llegar a nadie (SE del Estado de Chiapas, 2011), Peldaños (UNISON, 2012) y Trozos de azogue (Nueva York, 2013). Fue becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico 2011 y es Premio Estatal de la Juventud 2010 en la categoría de Poesía.

Poemas

Peldaños

I
La casa siempre fue pequeña. El sol se deslizaba por los vitrales; me vestí de blanco y repetí tu nombre, como si en él se iniciara una cadena interminable de soledades. Él volvió la vista, supo a la ciudad derruida y decidió irse.

II
Por cada escalón se pronunciaba un nombre. Los años se fueron tras el primer minuto. La madrugada tocó la puerta, a lo lejos alguien me llamaba: Concepción. En esta casa habitó el deseo. No hubo tiempo para la sensatez. Ahí nació el juego de la infancia. La cordura era una cortina que nadie abría. Fue en ese lugar donde se construyeron mis sucesivas bodas con cada uno de sus divorcios.

III
“Te lo dije, te lo dije”, repetía una voz, mientras intentaba desaparecer las manchas de sangre de mi falda. Frente a la ventana ellos lucían el traje de la añoranza.

Peldaño a peldaño cayó cada tarde de mi vida

IV
Sólo el tiempo nos dará las pautas del regreso o del olvido. En el sexto mes llovió, fue así como perdimos todo. Ella dijo: será el mismo infierno. No pude comprenderlo sino hasta veinte años después cuando mi tercer divorcio llegaba.

V
Las respuestas esenciales fueron colocadas una a una sobre la mesa, como cualquier partida de póquer, tintineaba la luz desde algún resquicio, es así como la vida era interrumpida a cada instante. No hubo boda alguna. Mis manos caían sobre el rosario, a él ataba cualquier deseo. Yo era la tarde cayendo. Yo cayendo era la tarde.

Peldaño a peldaño cayó cada tarde de mi vida

VI
La casa era habitada por mujeres, cada una de ellas era inatrapable, ninguna sortija sobrevivió a la altivez. El sí era el dardo exacto para el amante. Buscaron algún refugio donde no fueran parte de una caja torácica, evangélicamente no hubo respuesta. Todo fue inútil.

VII
Era imposible vivir en la perfección de esa casa. Todo quedaba inmóvil, la duda era un ave negra que al final del día sólo era un signo de mal agüero. En la casa la tristeza se convertía en un festín de gala. Era imposible vivir ahí. La inmensidad del brillo nos cegaba.

Peldaño a peldaño cayó cada tarde de mi vida

VIII
La precisión de la arena marcó el fin; no hubo distancia alguna para salvaguardar algún recuerdo. Fue ahí donde habité otros nombres: Concepción, Hermelinda, Araceli, Graciela. Mientras la tarde se desploma, golpe tras golpe terminan con la infancia. No dejaron indicios de felicidad alguna, no existió ningún eco de nuestras voces. La casa se derrumba suavemente como alguna fotografía de múltiples repeticiones. Frente al horizonte, he concluido que no existen cortapisas para el porvenir; el ahora y mi tiempo vinimos de sitios distintos. Lo sé, mientras desabrocho mi vestido y espero lo inesperable.

IX
De pronto vino el día y el camino nos dirigió a otras casas, otras ciudades, a otro lugar donde cualquier palabra desconocida era plantada en un jardín incomparable.

X
Peldaño a peldaño cayó cada tarde de mi vida.

3 Comentarios
  • Racso Morejón

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    Excelente poesía… Matza escribe con fuerza telúrica: ” Frente al horizonte, he concluido que no existen cortapisas para el porvenir…” este es un fragmento que asóí lo indica… felicidades poeta!!! abrazos desde Cuba, Racso Morejón…

    • Matza

      Qué gusto leerte, Racso. Abrazos.

  • Nickzepeda

    Responder

    Hermoso

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