Ocho poemas de Víctor Argüelles

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Víctor Argüelles (Tuxpan, Veracruz, 1973). Estudió artes plásticas en la UV y el Posgrado de especialización en literatura mexicana del siglo XX en la UAM-A. En 2009 cursó el diplomado en escritura creativa en la Universidad del Claustro de Sor Juana y en 2013 el diplomado en creación literaria en el CCLXV-INBA. Ha colaborado en las revistas: Sinfín, El Búho, Timonel, 3D2, Nocturnario y Opción. Sus poemas se recopilan en Poesía para el fin del mundo (Kodama Cartonera, Tijuana 2012); Sublevación y delirio (Coordinada por María Baranda, Unión Latinoamericana de Escritores, 2011); Jaime Sabine 83 aniversario, 83 poetas y Animales en su tinta (Coneculta, Chiapas 2009 y 2007).

Poemas

POR DENTRO ALOJAMOS una extensión de sombra,
un día entero de rencor alzado como el muro,

esta situación del alma resumida en la ceniza
este cielo debatiéndose en lo oscuro.

Algo nos divide:
nuestras pertenencias hechas polvo
se colapsan.

La torre se colapsa
y las mirillas de espejos reflejantes
se colapsan.

Por dentro, la extensión
de sombra se dispersa
y el cuerpo que creía sentirlo todo
se desmenuza.

Encontrar residuos para armar la luz
es tarea de un ciego en la miseria.

Encontrar el arco dorada
para conquistar el brillo en la mirada
es anhelo de un proyecto de papel.

……….Anhelo de cometa sin su aire.

 

HAY UN RENCOR TRAZADO en la dermis secreta,
un aguijón de avispa que supura veneno
y te concede un caminar inestable,
perdido en la espesura agreste, siempre alzada
a tantos metros de su origen.

Hay una molécula de aire contaminado
que corroe la porosidad del pliegue,
la materia huérfana de tu estirpe,
todo lo reunido en las manos como única esperanza
para hacerse a los contornos de la luz.

Hay un inmenso mar que lleva tinta regada
que no se detiene en la roca,
que no blanquea impurezas,
que hundido en su pensamiento de agua
se hace un torbellino en ir y venir.

Y en la revuelta de voces transparentes
todo lo destruye y nada repara.

Esa materia incandescente me recuerda lo endeble,
la porción de negrura que guardo
el dialecto con el que me hice en este espacio
desde el tiempo primitivo de la luz en el ojo.

 

SELLO VEGETAL

Por hospedar la imagen me sumerjo.

Palpito en el trance de líquenes
que en el recorrido a la cima
han marcado un sello vegetal
……….en los brazos del árbol.

Un tatuaje como rúbrica de musgo.

La tierra tiene en su centro
un corazón perforado.
Tiembla en onda suave
Si no emite un rugir de viento.

La humedad entró, sembró semillas
que retornaron la vida
de la flor seca en su abandono.

Mira: es una alfombra
que recibe hojas sueltas, caídas,
como salpicadas
de una tinta fresca desde arriba.

¿Quién deja escurrir la lluvia
desde una altura desmedida?

Granizada de colores
que matizan el césped
como un cuadro iluminado.

Acción de pintadera en la hoja.
Acción de transpirar en la pintura.

De El sello de la tinta, inédito.

HALLAZGO

En mi trazo coinciden dos puntos: frío, ausencia
fusión de nudos temporales
trenzando en mi sangre epidemias de otras orillas.
Prologando en los párpados
noctámbula sed de permanecer despierto, cabizbajo,
moviendo estas letras de raíces y escombros.

Toda la sed se reúne en los ríos del mundo,
atrapa los peces más flacos alimentados de penurias.
Un desecho descompuesto viene de las fábricas de humo,
termina aquí, encallado en mis arenas.

Al filo, fijo en un quicio deslavado,
supuse encontrar el hallazgo de una selva de refugios;
las válvulas del éter, en un pajón de árbol
me llena los pulmones de límpidas cabriolas de aire.

En el ocaso comprime sus resortes:
mecanismos refractarios que me sepultan al vacío.

 

PAISAJE: LUGAR COMÚN

Cada pulso a golpe de letra que voy desenvolviendo,
lleva un rastro de aguja, un ojo que lo invade todo
en su desvelo habitual,
una sombra en el párpado
y estos dedos… no saben más que trazar
círculo de periferias aterrizadas en tu nombre;
hálito quebradizo al pronunciar la sucesión
que nos vino a destiempo,
de cara a un precipicio.

El pulso tiembla, se abre.

Por encima de la fronda guarda el secreto de una efigie.
Árboles cabizbajos tiran sus hojas,
lloran un silencio verdoso después de la lluvia enardecida.

Uno sabe que pulsar a ciegas es trotar en una línea,
trenzar el aire del poema,
sacudir los polvos de otra imagen,
fenecida en un trayecto de masas circulares,
aglutinadas en una horma de sudor
de subterránea trayectoria.

Uno se ahoga al saber
la dimensión dictando ausencia
quien atravesando avenidas
puso en mi cabeza lugares comunes,
siempre encubiertos del paisaje.

 

PASADO TAN PRESENTE

Algo nuevo para deletrear, irme de nuevo
a lo tan viejo del escombro.

Ayer pasó un río por mis venas, secuestró mi lucidez
de naturaleza desdoblada y lo hundió en la roca oculta del vaso,
ayer y días enteros.

‒Lo nuevo ¿Qué será? ‒ Una repisa de polvo enclaustrado
soberbiomar que huye por sus directrices de asombro
fugas del estero invisible, visible ya en mí
por todo aquello blindado en la caja de efigies muertas
en que se ha guardado tu salvedad a ultranza,
tu huida impar con descensos de luz en cada hombro.

¡Cuánto desvarío!, del río porvenir, por saberte río y cuerpo
remanso y manantial.

Tu nombre palpita en cada sien rota que se hace al naufragio
en cada sed por nombrarte
en el polvo desmedido del abandono.

Los brazos del río circundan
la coincidencia de pasarnos por alto,
de no darnos la entera oscilación
del presente. Del presente, tan pasado.

 

FOTO-POEMA

Para escribir algo que no he dicho,
salto de palabra en palabra,
inspecciono orillas desiertas.

Las manos del cangrejo
me dan la ruta de un poema.

Tomo un lápiz, un bastón seco
que tatúa las cortezas.

Sangramos al instante del recuerdo,
resurgimos de una celda, oprimidos
por el velamen – atadura de la tarde,
por los reflejos de una fotografía
de fecha extraviada,
nunca registrada en el almanaque
al inicio de la generación pasada.

Un arrecife coralino nos recibe
en un abrazo de aguas tibias,
en su oleaje para descifrarnos
el impulso de la sangre.

Desnudo semidiós alcanzo a ver el borde azul
que te limita;
un elástico oprime tus ingles afelpadas.

 

FIN

Cuando cese la lluvia:
mi mancha extenderá sobre la tierra,
sus impurezas más remotas.

En capas ligeras
la humedad me rociará la frente,
habrá de advertir el fin de mi esencia.

Entonces los gusanos
tendrán la osadía de mirarse unos a otros;

de escarbar en las cuencas de mis ojos:
sus túneles descifrar, sus laberintos aturdir;
reproduciendo el chasquido de sus patas en mi cráneo.

Habré pasado por un filo inexacto de sonidos
de alas zumbando en mi carne la vorágine;
ritual de danza circular de un ejército de moscas.

De Poemas en signos de espera, inédito

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