Poetar la lengua: Desmemoria del rey sonámbulo, de Balam Rodrigo

Daniel Medina 0 comentarios

Podría parecer que las tareas de renovación poética –y por extensión lingüística– de nuestro idioma, iniciadas en su momento por poetas como Boscán y de Herrera, han cambiado su rumbo: la renovación va, más bien, camino hacia las rupturas totales. Así, en esta búsqueda de la nueva identidad, existen, todavía, quienes creen frívolamente en los oficios del Neólogo y las infinitas posibilidades de manipular la simiente del lenguaje.

Desmemoria del rey sonámbulo (Monte Carmelo, 2015) tiene una particularidad bellísima: llegó un buen par de años tarde al mundo; mereció el Premio Ignacio Manuel Altamirano hace cinco años y salió de imprenta, finalmente, hace menos de uno. La poesía de Balam Rodrigo (Villa de Comaltitlán, Chiapas, 1974) se caracteriza por su constante reinvención de la materia poética, la imagen poderosa y los ritmos inteligentes que generan, sobre todo durante la primera lectura, una sensación de deslumbramiento. La unidad temática del texto, a diferencia de los últimos libros del poeta, no es un tópico particular que toma forma a lo largo del discurso sino que reside, precisamente, en el lenguaje. Compuesto por cuatro apartados –La hora del animal; Nauta silabear; Clones, transgenias y Job El Saudoso; y Los trabajos del NeólogoDesmemoria… ofrece una gran porción de maestría poética y andamiaje discursivo.

Balam Rodrigo construye, a través de poco más de cincuenta poemas, una visión estética particular, de resistencia y retención de formas que, a pesar de ser tildada de conservadora, no permanece estática frente a las limitaciones poéticas de la lengua: va más allá de lo nombrado y lo renombra.

En el apartado primero, La hora del animal, el poeta se detiene en la vastísima urbanidad que lo rodea y edifica reflexiones en torno al trabajo del bardo y su contemplación del mundo: el cadáver seco de una golondrina / iluminando los estantes polvosos / en la biblioteca pública […] / Herrumbrada letra / en el amargo cáliz de los falsos tiempos. También, dando sentido al nombre del apartado, escribe: Así que muerde la poesía / la preña con dulzura, diríase / que follando va con la palabra / hasta que al fin, la hora del animal / ya le abandona […].

Sordo

Desmemoria del rey sonámbulo, Monte Carmelo, 2015.

Posteriormente, en Nauta silabear, el poeta ofrece un muestrario de una de sus obsesiones: el mar en toda su extensión física y metafísica: Hay el mar infatigable en la palma / de la mano: de Dios, las cosas, / su lenguaje último, su signo inacabado / y fúnebre. Siempre reflexivo en torno al trabajo de la escritura poética, crea uno de los poemas más poderosos del volumen: Decápoda Voz, texto que dialoga con la blancura de la página y las sílabas que forman el poema y, a la vez, lo deforman: El sedimento silábico de sus fonemas / decanta su sentido hacia el fondo de tus ojos […] Si decantas esta hoja, si la inclinas a babor / por los costados caerá agua de mar […] Lo has hecho: / Ya.

En Clones, transgenias y Job El Saudoso entra en juego, evidentemente, la figura bíblica de Job colocada, de forma ingeniosa, en los dilemas de la modernidad, desde situaciones simples como un padecimiento humano causado por un platillo –léase el extraordinario poema Job padece gastritis o doble epifanía por un plato de mole– hasta las problemáticas de la clonación y la transgenia, tan propias de la época que nos guarda. El último poema del apartado cierra con los versos: Serás locura / y brevedad mientras existas que reflejan, por medio de Job, el inevitable papel del hombre frente al mundo: lo finito y azaroso.

Finalmente, en Los trabajos del Neólogo, termina de delinearse el motor que impulsa al libro. El neologismo, puesto en primer plano, nos ofrece textos de búsqueda y propuesta; a través del dominio de la palabra, el poeta se apropia del sentido y escribe textos que, desde su nombre, ofrecen una buen parte de la factura de su contenido: Ave era Eva; Ella, ebria edad; Insomnífuga; El Cancerverbo, entre otros. El último texto del apartado, y a su vez último del libro, Deontología para el poeta, texto de enorme sonoridad que cierra en forma de poética personal: Lenguaré la muerta, horadaré los versos / deglutiré verbajes en los vados del silencio / y que ésta la mi boca paraíse al mar / lo mismo que a mi hijo al que poeté.

Desmemoria del rey sonámbulo es un cuaderno de principios: una deontología y visión total de los oficios y misiones del poeta, del bardo o neólogo y su saudade, que trabaja con la forma y las imperfecciones del idioma para alcanzar una configuración propia del mismo. En este libro, Balam Rodrigo nos demuestra, una vez más, que el dominio del lenguaje y su amaestramiento es, en las manos correctas, totalmente posible.

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