Cómo se pasa la vida : “Mi MiniMi abre su libro de historia”

Hugo Montaño 6 comentarios

Mi MiniMi abre su libro de historia y lee en voz alta las instrucciones para la tarea. En resumen: conocer una breve biografía de La Malinche, reflexionar la lectura con un adulto (se supone que soy yo), y redactar una breve ficción en primera persona (MiniMi en el rol de la Malinche, ¡vaya cosa!).

Mientras MiniMi lee en voz alta, recuerdo el librero en casa de mis abuelos, allá en el ejido Tierra y Libertad, donde visualizo el título: La corrupción en México, de Roberto Blanco Moheno. Lo recuerdo porque de chavo llamó mi atención la palabra “corrupción”. No sabía su significado, aunque tampoco me importaba mucho. Lo asociaba con algo “roto”, “desgarrado”. En esa ocasión tomé el libro y leí un pequeño relato sobre La Malinche. Palabras más, palabras menos, era algo así:

Hernán Cortés llega a la gran Tenochtitlán, y después de asesinar a Moctezuma, combate a Cuauhtémoc hasta capturarlo. El último de los príncipes aztecas pide morir; no tiene nada mejor que dar, sólo la vida. Los soldados españoles, codiciosos, piden a Cortés torturar al rey Tlatoani para que diga dónde oculta el grueso del oro. A Hernán le parece buena idea, porque cuando decidió matar a Moctezuma olvidó preguntar esa nimiedad. Sin más, untan aceite en los pies de Cuauhtémoc y lo ponen sobre leña ardiente. “Cuau” no soporta la tortura y confiesa, pero ninguno de ellos entiende náhuatl. Entonces llaman a La Malinche, quien escucha a detalle lo dicho por el atribulado príncipe. Al terminar Cuau, ella niega con la cabeza, se pone de pie, se acerca a Cortés y sus soldados, quienes aguardan ansiosos la traducción: “Cuauhtémoc dice que por él pueden irse mucho a la vergotztli, que no dirá dónde está el oro”. Sorprendidos primero, y encabronados después, los españolitos le echan más leña al tormento de Cuauhtémoc. A lo lejos La Malinche, pensativa, da gracias a los dioses por su habilidad con los idiomas, que la hace poseedora de la verdad, manipulando la situación.

MiniMi termina de leer, y me pregunta qué significa “en primera persona”. A punto de ponerme enciclopédico, decido una definición sumarísima: “Que Tú serás, desde este momento, La Malinche”, y deberás contar una situación. Entonces MiniMi, transformado en “MiniMalinche”, decide escribir sobre las ganas que le puso a la clase de idiomas, porque antes la escuela era divertida. Que el oro servía para comprar cosas y que todos querían oro porque así podían pasear, y comer lo que quisieran, pero que igual no era bueno, porque las personas cambiaban y se volvían malas. Al final, MiniMi remata su relato con un sorpresivo “pido perdón, no quise traicionar a México, me obligaron”.

Vale vergotztli la vida.

6 Comentarios
  • emilio

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    La obligatzionotzin que jode a todotzin… Gracias por compartir.

    • Hugo Montaño

      A vos, maestro, por leer!

  • Carolina

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    Excelente narración y contextualización de esta historia nuestra.

    • Hugo Montaño

      Gracias, abrazo!

  • Julio Zavala de los Santos

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    La Mal Inche se clavó los pepinos de oro del Cuauh

    • Hugo Montaño

      Eso dicen! Jajaja.

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