Diario de Yoni Paz, un breve acercamiento

César Trujillo 0 comentarios

Que tú o yo, sin tener un centavo,
[podemos adquirir lo mejor de este mundo,
Que el mirar de unos ojos o el guisante
[en su vaina confunden el saber
[que los tiempos alcanzan…

Walt Whitman

El poeta se reinventa asiduamente. En cada verso reescribe su historia y la de los otros. Se enamora de la vida y se enamora del amor; muere en cada página o vive en cada personaje que reinventa como buscando, a tientas quizá, la inmortalidad. Escribe una metáfora y de ella, deconstruye el instante y como señalaba el gran poeta alemán Rainer Maria Rilke, muere su propia muerte como la semilla negra que vive ya inmersa siempre dentro de nosotros.
Luis Aguilar, quien aparte de ser poeta tiene la suerte de ser ensayista y, creo yo, un voyeurista nato que no deja de observar el mundo que da tumbos a su alrededor, el mismo mundo que nos tiene inmersos en una zona donde la violencia es una constante y sólo el amor puede ser el redentor que rescata, ha creado con el Diario de Yoni Paz un canto al destino que aparece ya marcado e inamovible desde el primer poema. Dicho canto es una suerte de reafirmación como cuando el puente de Brooklyn le decía a Walt Whitman que sólo en la oscuridad la sombra era clara. Cito:

Que en tu aletear
-con alas entonces pequeñísimas-
Había un como conocimiento añejo
-añejo, digo- de que la muerte es,
Siempre,
Y sobre todo,
Una historia de amor…

En la poesía de Luis Aguilar uno se encuentra con los dos temas universales por antonomasia: el amor y la muerte; ambos corren paralelos, acariciándose por instantes, pero siempre, desde su visión, cantándole a la vida que es un morir lento y pausado. Eros y Thanatos buscando mostrar al lector que la vida es un recorrido en el que después de la muerte no hay nada, sino el retorno a lo que fuimos: una semilla negra sembrada en el cosmos, una semilla, al fin, que germina y deja frutos.
En el Diario de Yoni Paz la muerte, con su lengua frívola lo trastoca, y el poeta, que muestra saber vivir en plenitud, vacía su presencia mostrando que el amor es una constante y, por ende, el único vehículo que lo abarca todo: porque partir y odiar, maldecir o acariciar, entregarse y despreciar, anhelar y olvidar, soltar y retener, son también sus partituras. Cito:

No lo miré partir porque cerré los ojos, pero en el fondo de los suyos comenzó a balancearse la palabra olvido.

El poeta advierte la suerte en el poema, pues tras una entrega donde la memoria fotográfica pasa a un plano indiferente, donde se afirma a través de un verso de la poeta Sara Uribe que ha aprendido a ignorar lo que le duele, las despedidas por ejemplo, o los adioses que llegan con el primer beso, una entrega inmediata o un apretón de manos, o en la masturbación mirándose a los ojos con el testigo espejo que observa displicente, aparece como símbolo la mariposa negra que observa indolente como reflejo fiel de los sexos que esperan encontrarse, y no, entrando en sus cuerpos, perdiéndose, fundiendo el instante.
Sí. La mariposa negra (ser alado) que pasa de la vida a la muerte, cargando entre sus límpidas patas el alma de Yoni, sin que éste lo sepa, quizá, con su suerte echada al aire, con el destino marcado. Como el que sabe que va a morir y hace una parada técnica para entregarse, verdaderamente, en brazos del amor que no le es correspondido, que no busca más que un abrir y cerrar de ojos. Como el que sabe que va a morir y quiere evitar el viaje entregando el corazón, dejando su cuerpo como puente entre él y el otro que ya no sabe sí es o no.Maquette-COUV
Diario de Yoni Paz, de Luis Aguilar, es un canto verdaderamente hermoso donde se muestra que el ser humano es completamente capaz de irse en cuanto lo decida, o en cuanto comprenda que en sus hombros cargada viene una maldición de no ser (en el extenso sentido de la palabra) amado en un todo, sino deseado en partes. O de quedarse retrasando el final, que es una línea con una fractura en algún sitio por donde se cae uno a pedazos.
Luis Aguilar nos regala un canto que muestra que la cúspide y el clímax de una vida feliz, de partir luego de sentirse satisfecho, amado y querido, luego de haberse entregado y tomar un momento para agarrar las maletas y partir. Sí, partir dejando el aroma del que se va en alguna prenda, marcando con su sombra los rincones de la casa, tatuando con sus cabellos que decidieron quedarse la alfombra o las almohadas, y escribiendo con su cuerpo inerte, sobre las sábanas, lo que, en ocasiones, no se quiere recordar. Cito:

Al de nosotros queda para siempre en las prendas que usamos. Por eso cuando quiso quitarse mi camisa, porque se marchaba, tomé una bolsita de nailon y guardé en ella lo que antes traía. Llévatela puesta le dije. Sonrió con esa tristeza propia de la resignación. En el fondo me da miedo que algo se acerque demasiado.

Diario de Yoni Paz (traducido al francés en coedición con Mantis Editores del poeta Luis Armenta Malpica) es el reflejo de que en esta vida todo es pérdida y el poeta lo sabe; de que los momentos -como el tiempo- nunca se detienen, de que tras la partida queda la orfandad y a quien la contempla lo acompaña el recuerdo o el eco de las voces que se escondieron en las alas huecas del ventilador o en el dintel de la puerta para sorprendernos cuando la nostalgia nos rompa el alma. Al fin y al cabo, al poeta le queda la punta del lápiz para escribir todo aquello que se agolpó en su pecho y que lo dejó –como tantas veces- en la lona. Al fin y al cabo, después de un desencuentro queda saber que la vida es esto: ir y venir, sin detenerse más que para dar un beso y conversar. Porque a fin de cuentas, guste o no, todos estamos de paso en este mundo.

Texto leído en la 5ª Feria Internacional del Libro Chiapas-Centroamérica
Barrio Juy Juy, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

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