Tres poemas de Tania Ramos Pérez

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(San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1984). Estudió Antropología Social en la ENAH y se especializó en estudios sobre la cultura maya. Es poeta, ensayista, bailarina y coreógrafa de danza contemporánea. Actualmente, colabora para el diario El Péndulo de Chiapas con la columna sobre danza: “De la palabra con cuerpo al cuerpo sin palabras”, junto a la bailarina Zaíra Lobato. Sus poemas sueltos aparecen en revistas como Habitus Magazine de Playa del Carmen. Ha participado en lecturas colectivas de poesía en foros de Playa del Carmen, Quintana Roo y en la Ciudad de México. En 2015 publicó el libro Espejos, editado por Public Pervert.

Poemas

El espejo no refleja: desenvuelve, despliega
Pedro Pitarch

Vamos a calmarnos un poco Clarice, ya, ya sé que no tiene mucho sentido, pero deja esas pastillas a un lado y escribamos lo que no escribimos antes, lo anterior, todo el mundo lo sabe, y las grutas todavía se empeñan en limar estalactitas, diosas zoques amancebadas para castrarnos el limo de supuestos ríos crecidos, gobierna el silencio preciosa, no te arrodilles, no te arrodilles.

A Clarice Lispector

*

En realidad nunca sabemos quién somos, ni si somos, por completo. Las palabras se agolpan como los ríos del Amazonas cuando intentamos describir el mundo, las palabras se agolpan como pirañas cuando intentamos deshacer el lenguaje y no nos queda nada de lo dicho ni de lo que queda por decir. Ella lo sabía, con la belleza de su cabello rubio clavándole bucles al viento para ordenar el horizonte, un horizonte que siempre escapa de nosotros y que a la mañana nos devuelve rotos para armarnos de nuevo por la tarde, apenas unas horas antes de que el sol se plante otra vez en su agonía, hueco como todos los soles de Occidente.
¿Qué habría sido de nosotros si el tiempo no fuera lo que es no siendo y tu nunca te hubieses llamado G.H.? Si Dios no te hubiese colocado entre ceja y ceja para callarte porque piensas demasiado que piensas y mientes cuando dices que mientes, con la frescura con que te placen las fotos de los intelectuales, los chismes de las celebridades, la boda, el aborto ¿para decir basta? La esquizofrenia del hijo es la pedagogía más pura amor mío, lo que callan tus biógrafos; tranquilízate niña, aún sostengo tu mano, te uso, me usas, caemos.
Diré quizás nada, quizás todo, los espejos, aquí vienen.

*

De las ocho almas que quizás poseo, una me viene de la lluvia, cuando muera, agua seré, eso me esboza una sonrisa, pero luego siento, toco, nombro, otra de mis almas viene de una caverna, oscura, arrugada como tu mano quemada, a la que podría lamerle todos sus ayeres para volver al inicio del mundo, eso que nadie puede cambiar, lo que nos palpa ardiendo, cuando muera, seré la piedra afilada que lapida, el infierno dentro que no puedo cambiar.

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