En todos los libros

Ricardo Montiel 0 comentarios

“Renzi como narrador en primera persona, pero que cuenta la historia de otro personaje”, le oí decir a Piglia, aquella noche primaveral de octubre de 2012, en un compacto salón de la Casa Victoria Ocampo en Buenos Aires.

Le oí decir, aunque no estoy seguro si fueron esas sus palabras textuales, o si fue una transcripción imprecisa de su voz en mi libreta de ese entonces. Lo más probable es que eso haya dicho. Basta con exhaminar (o releer) para comprobarlo, La loca y el relato del crimen, esa narración poderosamente circular en la que Emilio Renzi, reemplazante del redactor de policiales, halla y explica un curioso método lingüístico con el que, a partir del discurso delirante de una testigo del suceso, parece llegar al asesino. O su novela ganadora del Rómulo Gallegos, Blanco nocturno, en la que el periodista Renzi hace averiguaciones en torno al asesinato de Tony Durán, un puertorriqueño que encuentra la muerte en un pueblo de la provincia de Buenos Aires.

Recordando aquel encuentro de 2012, y recordando que, terminada la breve ronda de preguntas, dejé mi silla para acercarme y preguntarle qué le había impresionado de Caracas durante su visita en 2011 (a lo cual respondió que no entendía cómo las publicaciones financiadas por el Gobierno no estuvieran acompañadas de una política de difusión masiva), he vuelto a adentrarme en los espacios de Casa Ocampo. He vuelto a subir la escalera, la misma de la fotografía en la postal que regalan en la librería de planta baja como souvenir y en la que, entre otros, se ve a un Borges joven detenido en un escalón, mirando a la cámara como si mirara el infinito. 

Cuesta pensar en Borges sin pensar en Piglia. Cuesta pensar en Piglia sin pensar en Borges.

Al llegar al salón donde una vez oí a Piglia, volví a sentarme como si me dispusiera a oírlo nuevamente. Entonces, pensé que quizá la mayor comprobación de aquella frase que dijo y anoté, se encuentre en sus diarios. Que ese otro personaje de la historia contada por Renzi en sus diarios, es él, es Piglia. Quizá, el personaje desde siempre ha sido él. Por eso, y desde ahora, no debería sorprendernos si de golpe lo encontramos a Piglia en cualquiera de los libros. Los ya escritos, y los que están por escribirse. Incluso en los que no se escribirán.  

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