No lo saben, pero lo hacen (Marx dixit). Entrevista con Eduardo Casar

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Tania Ramos Pérez
Raúl Vázquez Espinosa

Eduardo Casar, escritor y profesor de tiempo completo en la Universidad Nacional Autónoma de México, ha publicado poemarios como Parva Natura, Caserías, entre otras obras. En ellos se vierten, la sensibilidad de quien orquesta su propio lenguaje con el lenguaje de los mundos plurales que habitamos, realidades jocosas, amorosas, nimias, trascendentes. Su voz, también, plasmada en esta entrevista, está poblada por las voces de otras tradiciones, tradiciones que aparecen como preocupaciones que cohabitan y dialogan con la actualidad, como imagen, como sonido, como signo, como necesidades de quien escribe, de quien lee, de quien está interesado en compartir el amplísimo espectro de lo literario.

Pregunta. Sin soslayar a Julio Cortázar y Ricœur, que en términos de sus influencias literarias y teóricas son presencias de marras en su trabajo literario, cuáles han sido sus deudas en términos de lectura, en relación con autores u autoras, que sabiendo o intuyendo que podrían tener un impacto en su recorrido como lector, dejó pasar, conscientemente.

Respuesta. Julio Cortázar fue para mí el motivo de haber estudiado Letras. Yo era un lector normal, y luego cuando me prestaron Rayuela, que me costó muchísimo trabajo, porque está lleno de referencias culturales, esa actividad fue inversiva. Me sumergí, de veras, ahí. Y eso me dio, una sensación de vitalidad y de vida interior que no tenía. Entonces, cuando salí a respirar a la vida cotidiana me di cuenta que esa experiencia había sido extraordinaria. Y que tenía que ver con las palabras; tenía que ver con el hecho de enunciar críticamente todo lo que yo veía, un poco imitando al personaje de Rayuela: Horacio Oliveira. Entonces, decidí estudiar Letras por Cortázar. Pero era yo, solamente, un lector de Cortázar. Nunca leí otras cosas de Cortázar, ni traté de reflexionarlo. Eso era más parecido a una cuestión sensible, emotiva, que a un objeto de estudio. Yo decía: “No quiero encontrarle ninguna mecánica a Cortázar, no quiero encontrarle formatos de expresión.” Ahora, ya sé muchas cosas, porque he estado en muchas tesis de alumnos que han trabajado sobre Cortázar y he tenido que enterarme de cosas que yo no había querido. Y luego, ya me di cuenta, con el tiempo, que cuando escribo hay una cuestión muy cortazareana en las cuestiones de estilo mías. Creo que Cortázar es un gran jazzista del lenguaje. Él, lo que hizo fue haber asimilado una técnica ensayándola muchísimo en sus cartas. Porque escribía muchísimo, bueno, hay como seis tomos de sus cartas. Y ese era como su gimnasio de entrenamiento. Eso le daba grandes posibilidades y cada vez que se encontraba con algo que no se debía escribir, lo escribía de otro modo; es decir, sabía él usar esas técnicas para improvisar. Es decir, ya lo he reflexionado mucho, ya que uno es poseedor de cierta capacidad de asociación verbal, de construcción, tiene que dejarse improvisar, como los músicos de jazz.

En cambio Ricœur es un autor que yo leí sólo como teórico. Llevo 42 años dando clases, y he tenido muchas clases de Teoría literaria, y me llamó mucho la atención Ricœur, por el puro nombre, porque no sabía ni de qué se trataba. Comencé a meterme en sus libros, en la cuestión de la Hermenéutica, y luego me di cuenta que era muy interesante. Y ahí yo pudeentender qué era la metáfora. Ricœur explica la metáfora de una manera muy clara. DiceRicœur, de pronto uno advierte en un enunciado una impertinencia semántica; es decir, esto no hace sentido. Entonces, tiene uno que hacer un esfuerzo para hacer una interpretación que crea una innovación semántica, que es el mecanismo del lenguaje figurado. Pero si uno, solamente, se aprende una definición de metáfora fija no entiende este proceso. El planteamiento de Ricœur es que la metáfora sería el concepto germinal de la literatura. No solamente como una figura retórica que sirve para explicar cosas en la poesía; sino que esta actitud de ver algo raro a nivel del lenguaje, y crear nuestra interpretación para crear una innovación semántica la tenemos, también, hasta en la narrativa. Así como el concepto de mercancía, decía Marx, encierra todas las contradicciones en el modo de producción capitalista, el concepto de metáfora encierra las contradicciones del modo producción metafórica. Entonces, me apasionó eso. Pero, Ricœur es un autor, como buen francés, muy “complicadito”, y, entonces, decidí hacer con mi tesis de doctorado, una vulgarización de Ricœur. Es decir, tratar de esquematizarlo, tratar de fijarlo, y Ricœurme simpatiza mucho porque, aunque polemiza con muchos, siempre lo hace en términos muy pacíficos. Eso me gustó mucho. Entonces, mi deslumbramiento en la práctica literaria con Cortázar, se podría cerrar con este deslumbramiento de Ricœur, en la Teoría literaria.

Ahora, la otra parte de la pregunta, sobre ciertos autores, que hayan estado, aunque no los haya yo seguido, gravitando para modificarme a mí; podría decir que, por ejemplo, Lezama Lima. Porque me gustan las complicaciones verbales. Un autor como Vargas Llosa, que es un gran escritor, que es apasionante, de los que uno lee sus novelas completas, es muy correcto, es muy clásico; para mis gustos. Yo prefiero a los que hacen más juegos verbales o que tienen mayores elementos de dinámicas como poetas. Cuando yo comencé a escribir poemas, cuando ya había entrado a la facultad, alguien me dijo: “Oye, esto se parece mucho a algo de García Lorca.” Entonces, yo pensé: “Bueno, a qué bien, porque a García Lorca nada más lo he leído de pasadita,entonces, ahora lo voy a leer muy bien para que no se me pegué sin que yo quiera.” Y, entonces, eso he hecho con algunos autores que, de pronto, encuentro cierta familiaridad como es el caso de García Lorca, Neruda, entre otros autores. Y luego ya en el campo de la narrativa, pues, me gustan los autores locos de neobarroco como ServeroSarduy, como Cabrera Infante. De hecho, Cabrera Infante es como mi medio, el PH me coincide con él. Entonces, eso un poco, contesta esto de cuando encuentro cierta familiaridad con un autor, lo sigo.

P. La ironía y el humor en nuestro contexto pareciera que son mal llevados, ¿en su contacto con ambas por qué cree que sucede esto?

R. Aunque el pueblo mexicano es muy alburero, muy juguetón y le gusta mucho jugar con palabras, en el territorio literario la gente se lo toma muy en serio. Hay una cierta sacralización de la literatura, se mira como un trabajo de pensadores profundos. Yo no creo que sea así. Yo creo que los grandes hallazgos literarios los encuentran los escritores en el ejercicio de la escritura y no porque previamente haya pensado algo y luego lo vistan de literatura. Creo que tiene que ver con la dinámica del propio lenguaje. Digo esto, porque muchos escritores, aunque sean muy buenos, no saben lo que hacen. Es decir, no estudian la literatura. Hay escritores que les interesa el fenómeno literario, de la práctica en que están. Es el caso de Octavio Paz, es un teórico, es un creador. José Revueltas es un teórico, y es, también, un creador. Pero hay muchos, como Sabines, que nunca se les ocurre meterse a ver teorías literarias. O Rulfo. Son grandes artistas pero no son pensadores de literatura. Y eso pasa con una gran cantidad de escritores. Que pueden escribir bien y resultarles y trabajar con intuición, pero que, bien a bien, no saben lo que hacen. Entonces se colocan en una pose. Que es por lo general muy solemne. Y cuando alguien les pregunta, por ejemplo, a un poeta: “Oiga, y qué quiso decir aquí.” El poeta responde, como desdeñando esa pregunta: “¡Oh!, ja… ja… pues, quise decir lo que digo ahí.” ¡No, qué profundo! Lo que pasa es que no sabe él mismo cómo explicarlo. A mí me ha ayudado el hecho de ser profesor. Y el hecho de haber hecho muchos talleres de Creación literaria. Que si un taller de Creación literaria te lo haces con cordialidad y tratando de enriquecer siempre lo que se lea y lo que se discuta, entonces, te vuelves, un buen ojo clínico, para las calidades de lo literario. Y para seguir indagando y poderlo compartirlo con otros; en lugar de decir: “¡Ah!, esto ya es un tema muy superado.” Y agarro tu cuento lo rompo y lo tiro. Eso les encanta,como para ejercer un poder viril y paterno que no tienen. Yo creo que uno cuando se encuentra con lugares comunes, con muros ya fijos, el hecho de socavarlos con ironía es algo que puede enriquecer mucho. Cortázar tiene mucho humor, por ejemplo.

P. ¿Si los humanos hoy abrevamos de palabras rotas, el hacer y el decir han perdido sus rituales de encuentro, como educador, cree que es la academia un espacio para las aperturas del lenguaje o de su constricción?

R. La academia bien llevada enriquece al lenguaje; enriquece a quien la estudia. Yo, les recomiendo a los que escriben que estudien cuestiones de literatura, al mismo tiempo. Ningún conocimiento daña la espontaneidad ni la capacidad verbal, sino que les da nuevas vías, nuevas claves. Confío mucho en la academia. El leguaje se va rompiendo porque se va tropezando con los distintos formatos. Actualmente, está toda la polémica de que si los medios electrónicos como el facebook, el twitter, etc., corrompen al lenguaje;yo creo que generan nuevas posibilidades expresivas y que, poco a poco, estas se van a ir incorporando a la masa general y generosa del lenguaje común. No creo que haya un empobrecimiento del lenguaje o un rompimiento. Hay ciertas cosas: la televisión es muy poderosa. Hace 15 años los periodistas empezaron a decir: “Inician los Juegos Olímpicos.” En lugar de decir “Se inician los Juegos Olímpicos.” La gente oyó tanto eso, que actualmente la gente usa inician como sinónimo de comienzan y ya no usan el reflexivo “Se inician.” “Volcó un coche”, qué volcó. Debería ser “Se volcó.” Esas cosas salen de la televisión, las repiten los que leen noticias y la gente se va contagiando y comienza ya a usarlo. Antes la palabra “súper”, era una palabra sangronsísima. Ahora ya decimos “No, esto estaba súper.” El lenguaje se va rompiendo todo el tiempo, y sobre todo, las generaciones más viejas siempre critican a las formas de hablar a las generaciones nuevas.

P. ¿Qué otras herramientas expresivas puede el pensamiento construir que no sean las que después de siglos han servido para generar dolor, incluida la poesía? Queremos decir, a partir del lugar común de Theodor Adorno de que es un acto barbárico escribir poesía después de Auschwitz, no que sea un acto barbárico, más bien, qué rumbos expresivos son urgentes en esta realidad actual.

R. Yo no creo que haya una diferencia entre la realidad y el lenguaje. El hecho de ocuparse del lenguaje no quiere decir desatender la realidad. Creo que una de las partes esenciales de la realidad que vertebra nuestra manera de sufrirla, sentirla, percibirla, es el lenguaje. Quien no tiene un lenguaje activamente enriqueciéndose comienza a recortar la realidad en porciones que le resultan familiares; y comienza a dejar de ver a la propia realidad. Es decir, empieza un empobrecimiento de la realidad. Y por lo tanto, un empobrecimiento de esa persona. Creo que ante una realidad que tiene, por ejemplo, pienso (en esta pregunta late la vena cava de la violencia) que ante una realidad de violencia lo que hay que hacer es que si a uno esa violencia le resulta una necesidad expresiva personal, pues simplemente usar ese tema como algo que tiene que ser modulado con una actividad literaria, con el lenguaje. Si no te resulta algo personal, no por razones de mercado o de responsabilidad auto-atribuida tiene una que hablar de ello. Yo soy muy consciente de las situaciones que hay de violencia, de las ilegalidades, de la corrupciones, de todas estas cosas, pero a mí no me preocupan a ese nivel que necesite yo expresarlo, por eso en mis temas eso no está. En la poesía de Óscar Oliva eso sí está, desde el principio; es decir, en Óscar Oliva su neurona perceptiva de lo social sí la ha encauzado literariamente, todo el tiempo, desde su primer último hasta el último. A quien no le resulte así, mejor que ni se meta, esa es mi opinión de la relación entre realidad y compromiso con la realidad.

P. ¿En medio de todo este contexto social en el que estamos inmersos, cómo escribir poesía en este siglo, si la poesía, como creación de un grupo de iluminados, no humanizó al destinatario de esa propia escritura?

R. Todas las formas de poesía anteriores sí han ido humanizando a sus lectores y a los propios poetas. Ahorita, es muy difícil que se escriba como Garcilaso, aunque lo admire, porque siempre va a ver desde palabras, hasta ritmos, combinaciones, significados distintos. Cuando Manuel Gutiérrez Nájera dice “Las novias pasadas son copas vacías”, a uno el término “pasadas” le significa alguien que está fumando “mota”. Entonces, las novias pasadas son copas vacías, uno no puede dejar de percibir esa novedad de significado. Entonces, uno puede no agarrar de ida ese verso, sino que ya lo lee, inevitablemente, de una manera irónica. Dice un poema de Vallejo: “Quiero escribir pero me sale espuma./Quiero decir muchísimo y me atollo;/ […] Quiero escribir pero me siento puma”. Un lector mexicano si le dicen que se siente “Puma”, quiere decir que la va al equipo de la universidad. Inevitablemente tienes esa sobresignificación que ni la soñó, ni remotamente, Vallejo. La poesía va cambiando de temas, de percepciones, y de formas. A mí, en lo personal, no me gusta la poesía intervenida por otras artes; como le hace Rocío Cerón que pone un poema de Pacheco en un video donde se ven manchas y luego donde Pacheco dice “…y el reposo del fuego es tomar forma”, ella lo repite y dice: “…reposo, reposo, reposo… oso… oso… de fuego, fuego, fuego… toma forma, forma, forma…”. Y se juega con ese lenguaje haciendo otra obra. Está bien, es otra cosa, pero ya no es el poema de Pacheco. Entonces, ahí sí yo me ubico en la época antigua. Me gusta la poesía leída por alguien que la lea bien, y solamente eso. Y como un ejercicio de reunión, de comunión entre un grupo pequeño, además, y no en un estadio. A mí no me da vergüenza, ni envidia, la onda de que la poesía sea para muy pocos. Cualquier lector de poesía requiere un tipo de atención distinta al de un lector de novelas. Ahora, rasgos poéticos está difuminados en el medio en general, en los slogans, en las canciones. La canción es una forma de usar rasgos poéticos, aunque es otro género; cuando le dan el Nobel a Dylan se lo dan no por sus poemas, porque no son poemas cantados, son letras de canciones. Lo que hizo ahí la Academia sueca fue ampliar su criterio, sobre qué géneros eran literarios. Y, dijo, bueno, que también sean literatura las canciones. Por qué, porque es donde la gente consume su mayor cantidad de poesía. De dosis de poesía, de gotas de poesía. Es como el caso de la narrativa, la gente consume su dosis de necesidades narrativas en el cine. Toda la gente ha ido a ver La Guerra de las galaxias, desde el taxista hasta el empresario, y ahí hay una cuestión de qué es el cine, es una narrativa cinematográfica. Esa persona que se puede aventar 24 horas viendo una serie de Netflix no se pasa 24 horas leyendo La montaña mágica. Pero, de todos modos satisface su necesidad narrativa. Todo el tiempo somos seres que narramos, cuando nos preguntan quiénes somos contamos una historia, dormidos narramos una historia. Es el mismo caso con la poesía, el hecho de citarla textualmente viene mucho de cuando la gente se quiere acordar de una canción y si no la cita textualmente no la canta, nadie canta aproximadamente. Nadie canta aproximadamente. La poesía de todos modos ha sobrevivido a cataclismos y va cambiando sus formas, y va coexistiendo con otras formas de emisión, igual como el teatro no fue a acabado por el cine. El otro día escuché un chiste de Woody Allen que dijo que cuando ya lleguen al 4D ya les va a faltar poco para descubrir el teatro a los formatos del cine. Nos sorprende el 4D, a qué vivo esto, pues, más vivo qué quieres, el teatro. Pero van coexistiendo. Es como el radio, que es padrísimo, la televisión no lo sofocó.

P. Y ya que hablamos de los medios ¿cómo ha sido su experiencia dentro de ellos?

R. Yo hice radio 18 años. Hice cinco años un programa, en vivo, en Radio Universidad, en una de cuyas partes era un programa de once de la noche a una de la mañana, y media hora era un programa que estaba grabado por Óscar Oliva, un programa magnífico, se llamaba Poesía para el insomnio. Y luego hice trece años, un programa pagado por CONACULTA, para darle voz, audiencia, visibilidad, audición, a eventos que sucedían en provincia, era un propósito de descentralización, se llamaba Voces interiores. Luego, dejé de hacer radio e hice televisión. La televisión tiene sus grandes desventajas. La dichosa palabra, la ven cinco millones de personas. Una estación de radio, la peor, de todos modos es magnífica, porque te oyen diez mil personas. Entonces, lo cuantiado ahí pesa mucho. Pero el formato de la televisión, no permite tocar a la literatura sensiblemente. Permite hablar de ella. Pero si tú puedes leer Muerte sin fin, en radio (con sus adecuados descansitos), es dificilísimo que un productor de televisión te deje leer un poema de un minuto, a los 30 minutos el productor se siente atacado de una neurosis impresionante, y comienza a ilustrarlo con música de Albinoni, con una gaviotas, con JanisJoplin muerta, con lo que se le ocurra porque siente que la imagen se le desperdicia. Sin embargo, la televisión, también, admite la posibilidad de ir ampliando un poco más en campo para invitar a leer, y para ir tocando piezas muy breves. A mí me gusta el radio. Lo siento más parecido a la literatura. En la televisión, a pesar de que llevo 15 años con La dichosa palabra, no es un espacio donde yo me sienta muy a gusto. El hecho de que sea todo tan rápido no gusta, ni tampoco hablarle a un lente. Eso que hacen lo que hacen televisión, de sonreírle a la cámara no es para mí, yo veo a mis compañeros, de vez en cuando le hecho un ojito al lente, pero no. Estar hablando a la cámara y, además, otra cosa que hacen muy bien los que hacen televisión: sonreírle. Eso es una cosa que a mí no me nace. Cuando mi madre vivía, que comencé La dichosa… me decía sonríele, pero no hay nada le decía, prefiero ver a Laurita García. Entonces, yo siempre me he “medio” resistido a entrar completo en el formato de la televisión. Incluso en esa resistencia he ganado otro tipo de características que a lo mejor han ayudado al programa.

P. ¿Cuáles han sido sus encuentros con los medios y cuáles sus desencuentros?

R. La televisión es fabulosa por su alcance. Es decir, tú haces una presentación de libros aquí, van 50 de tus cuates, y ya. Tú, comentas un libro en La dichosa…, y lo ven cinco millones de personas. Y eso hay que aprovecharlo. La dichosa palabra, es un programa que invita a la lectura. Es decir, es un programa que se califica como auto-insuficiente, en ese sentido.

P. Ahora, finalmente, a partir de todo lo que hemos venido hablando, ¿cuál sería la apuesta para el lenguaje en este siglo XXI con todo el contexto que estamos viviendo, qué sería nuestro lenguaje?

R. El lenguaje es lo que nos configura como seres humanos. Una cuestión de La dichosa… es que a toda la gente le interesa saber cómo hablan., de cualquier clase social; entonces, el idioma es patrimonio común. El idioma es un patrimonio común y nuestras hablas específicas, particulares, individuales, nos van identificando. Nosotros tenemos, cada uno, un “estilito” para hablar, como lo tenemos para escribir si todos escribiéramos. Es la parte, además, de dónde nos damos cuenta qué es lo que pensamos. Sin el lenguaje nosotros seríamos seres vacíos. Y, entonces, al margen del contexto, sea doloroso, destructivo, injusto, el lenguaje siempre va a configurar al ser humano. Si tú ves cómo habla Donald Trump hay un cierto regocijo en escuchar lo mal que habla; dices “…bueno, Trump… ya va a decir, otra vez, amazing”. Es de una pobreza increíble. Al lenguaje no lo destruye nada o bien se acabará cuando se acabe la humanidad.

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