Sobre José Solé

En mis años mozos cuando fui actor (lo fui), al mismos tiempo que estudiaba teatro, fui a muchas muestras nacionales de teatro; entonces el INBA lo dirigía Gerardo Estrada y José Solé coordinaba el área de teatro. Los vi más de una vez en las inauguraciones: Estrada en muletas y el maestro Solé hablándonos con su robótica voz (¡qué personajes!). Yo (secretamente) quería ser como ellos. El aparato con que hablaba José Solé nos parecía misterioso y enigmático, digno de la leyenda que ya era. En las mesas de cantina de después de los actos oficiales, era (n) elocuentes y apasionados; generosos, también, a la hora de dar consejos, o sugerir lecturas. Veo a los actuales funcionarios culturales y, quizá porque son mis contemporáneos, me hace falta ver en ellos esos misterios, quizá clichés, que nos hacían admirar a aquellos. Por otra parte agradezco la desacralización de las vacas sagradas. El otro día, por ejemplo, me encontré a Luis de Tavira en la misma fila que yo (evito detalles), y pensé: mira cómo son las cosas, las colas de trámites, al cabo, nos hacen a todos iguales, de la misma forma que la muerte.

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