El reloj barato de bolsillo y las cinco liebres

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Traducción del inglés: Tania Ramos

Para Lucio Iquí Balam, que ha recorrido
conmigo el país de Rutabaga.

Hace mucho tiempo, mucho antes de que los “sinforma” perdieran sus maravillosas rayas de pajas de avena color dorado y los puntos de prados risueños en las increíbles curvas de sus plumas traseras, mucho antes de que los duu-duu colguijuelos silbaran entre las flores chupamiel y los amargochillones lloraran su último y moribundo berrinche, en ese entonces, algunos años atrás de los cincuenta cincuenta (porque algo así se cuenta el tiempo en ese extraño lugar) fue que Piel Joven y Zapatillas Rojas cruzaron el país de Rutabaga.
Bueno, para empezar con algo, ellos caminaban a través del país de Rutabaga, y ellos caminaban por que los hace sentir alegres el tener lo sucio de la tierra debajo de sus zapatos y el estar cerca de los olores de la tierra. Ellos aprendieron las formas y maneras de los pájaros e insectos, por qué los pájaros tienen alas, por qué los insectos tienen patas, por qué los avealegres tienen huevos punteados dentro de cestos que hacen sobre árboles Vuelabuu, y por qué los grillovillos rasgan canciones en sus violincillos durante todo el verano mientras las noches de verano duran.
Una mañana muy temprano caminaban a través del cinturón de maíz de Rutabaga cantando: “en lo profundo entre danzantes con cuchillos de guerra”. Acababan de desayunar café con panqueques untados de mantequilla cuando Piel Joven dijo a Zapatillas Rojas: “¿cuál es el mejor secreto que hemos encontrado este verano?”
“Eso es fácil de responder” dijo Zapatillas Rojas con un largo contoneo de sus largas pestañas negras. “El mejor secreto que hemos encontrado es la cuerda de oro que cuelga de cada estrella en el cielo que cuando queremos trepar trepamos”.
Caminando caminando llegaron a un pueblo donde conocieron a un hombre con cara de “lo siento”, “¿por qué esa cara?”, preguntaron ellos, y él respondió: “mi hermano está en la cárcel”. “¿porqué?” preguntaron ellos de nuevo. Y él contestó de nuevo: “mi hermano se puso un sombrero de paja en pleno invierno y salió a la calle riendo, mi hermano tenía un corte de cabello a la pompompadour y salió a la calle con la cabeza descubierta en pleno verano riendo y estas cosas estaban en contra de la ley. Lo peor de todo fue que él estornudó en el momento incorrecto frente a las personas incorrectas, estornudó cuando no estaba permitido estornudar, así que será colgado mañana por la mañana. La horca hecha de madera y la cuerda hecha de cáñamo estarán esperándolo mañana por la mañana. Ellos apretarán alrededor de su cuello el corbatín del verdugo y lo izarán alto muy alto.”
El hombre con cara de “lo siento” tenía el rostro más “lo siento” que nunca, lo que hizo sentir a Piel Joven aturdido, e hizo sentir a Zapatillas Rojas aturdido, ellos se susurraron el uno al otro, luego Piel Joven dijo: “toma este reloj barato de bolsillo, dáselo a tu hermano, dile que cuando lo estén llevando a la horca deberá tener este reloj en su mano, darle cuerda y empujar el pestillo hasta el fondo, el resto será fácil”.
Así que a la mañana siguiente, cuando la gente llevaba al hombre que sería colgado directo a la horca hecha de madera y con la cuerda de cáñamo, donde ellos lo izarían alto muy alto porque estornudó en el momento incorrecto frente a la gente incorrecta; usó sus dedos para dar cuerda al reloj y empujó el pestillo hasta el fondo. Hubo un chasquido y un zumbido como los de una máquina de gas deslizándose entre un enorme par de alas de libélula, el reloj barato de bolsillo se transformó en una navelibélula y voló balanceándose muy lejos antes de que alguien pudiese detenerla.
Piel Joven y Zapatillas Rojas caminaban a las afueras del pueblo riendo y cantando de nuevo “en lo profundo entre danzantes con cuchillos de guerra”, el hombre con cara de “lo siento”, quien ya no tenía mucha cara de “lo siento” vino corriendo tras ellos, delante del hombre que corría tras ellos corrían cinco liebrearañas de larguísimas piernas.
“Estas son para ustedes” exclamo el hombrecillo y todos se sentaron en un tocón de árbol Vuelabuu. El hombre abrió su rostro de “lo siento” y contó todos los secretos de las liebrearañas de larguísimas piernas a Piel Joven y Zapatillas Rojas, ellos entonces le saludaron con quetevayabiens y retomaron el camino llevando consigo a las liebrearañas de larguísimas piernas.
En el siguiente pueblo llegaron a lo que era el rascacielos más alto de todos los rascacielos. Un hombre rico moribundo quería ser recordado, por lo que dejó como último deseo y testamento que se debía construir un edificio tan alto que rascaría a las nubes tormentosas, más alto que cualquier otro rascacielos y con su nombre escrito en piedras colocadas en la parte más alta, ah sí, y un anuncio eléctrico con su nombre que pudiese ser visto por las noches, ah sí, y un reloj en la torre con su nombre en él.
“Me apetece ser recordado y nombrado por mucha gente después de muerto” dijo el hombre a sus amigos “les ordeno, por lo tanto, echar alto el edificio en el aire porque entre más alto vaya más seré recordado y por más años la gente mencionará mi nombre después de muerto.”
Así que ahí estaba, Piel Joven y Zapatillas Rojas rieron cuando vieron por primera vez el rascacielos a lo lejos mientras caminaban sobre una vereda de tierra, cantando su vieja canción “en lo profundo entre danzantes con cuchillos de guerra”.
“Tenemos un show, hacemos presentaciones y queremos que todo el pueblo lo vea” fue lo que Piel Joven y Zapatillas Rojas dijeron al alcalde del pueblo cuando lo llamaron a la calle principal del lugar “necesitamos una licencia y un permiso para dar este show gratuito en la plaza pública”.
¿ Y qué es lo que hacen? Pregunto el alcalde.
“Hacemos saltar a cinco liebres, cinco liebrearañas pataslargas sobre el rascacielos más alto de tu ciudad”. Contestaron ellos.
“Bien, si es gratis, no venden nada y tampoco nos quitarán dinero mientras a la luz del día presentan su acto, entonces acá tienen su licencia de permiso” dijo el alcalde a la manera de un político que ha estudiado política.
Miles de personas llegaron a ver el show a la plaza pública, querían saber cómo se verían cinco liebres pataslargas arañosas brincar sobre el rascacielos más alto de la ciudad.
Cuatro de las liebrearañas tenían rayas, el quinto tenía rayas y puntos. Antes de comenzar la presentación, Piel Joven y Zapatillas Rojas sostuvieron a las liebrearañas en sus brazos, una a una, las acariciaron, frotaron sus patas, sus larguísimas orejas y deslizaron sus dedos a lo largo de sus larguísimas piernas.
“Zingo” gritaron al primero de las liebrearañas, este se colocó en guardia, “¡y ahora Zingo!” gritaron de nuevo y la liebre tomó un pequeño impulso, estiró sus larguísimas piernas, y subió y subió y subió hasta rebasar el techo del altísimo rascacielos, y luego bajo y bajo y bajo hasta que destellaron sus patas en el suelo y volvió corriendo a la plaza pública de donde partió, volvió a donde Piel Joven y Zapatillas Rojas lo acariciaron y frotaron sus orejas larguísimas y le dijeron “eso es muchacho, eso es”.
Luego las otras tres liebres saltaron sobre el rascacielos. Escucharon “Zingo” y se pusieron en guardia, escucharon “ y ahora Zingo” y las tres juntas en fila, con sus orejas rozándose unas a otras, se elevaron sobre sus pies y subieron y subieron y subieron hasta rebasar el techo del altísimo rascacielos, luego bajaron y bajaron y bajaron hasta que sus patas destellaron en el suelo y volvieron corriendo a las manos de Piel Joven y Zapatillas Rojas para que les acariciaran y frotaran sus larguísimas piernas y sus larguísimas orejas.
Entonces llegó el turno de la quinta liebre, la hermosísima con rayas y puntos, “Ah, lamentamos mucho verte partir, ah, lo lamentamos” le dijeron acariciando sus larguísimas orejas y frotando sus larguísimas piernas. Así que Piel Joven y Zapatillas Rojas lo besaron en la nariz, besaron largamente a la quinta de las cinco liebrearañas de larguísimas piernas.
“Irte bien, conejito viejo, irte bien, eres el más guapo y elegante conejito que ha existido” le susurraron en sus larguísimas orejas. Y él, como sabía lo que ellos le decían y porqué se lo decían, meneo sus larguísimas orejas, y los vio sostenida y largamente desde sus profundísimos ojos.
“Zango” gritaron, se puso en guardia, “y ahora Zango” gritaron de nuevo, la quinta liebre con todos y sus rayas y sus puntos subió y subió y subió y cuando llegó al techo del rascacielos siguió subiendo y subiendo y subiendo hasta que después de un rato desapareció de la vista de todos.
Esperaron y miraron, miraron y esperaron. Nunca regresó. Nunca se volvió a escuchar de él, se fue. Con sus rayas en la espalda y sus puntos en el pelo, se fue. Y Piel Joven y Zapatillas rojas dijeron que estaban profundamente agradecidos de haberlo podido besar en la nariz antes de que se fuera lejos en su larguísimo viaje, tan lejos que nunca regresaría.

Historias del país de Rutabaga (Rootabaga Stories), de Carl Sandburg

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