Juan Bañuelos: gemelo de la poesía testimonial

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Balam Rodrigo

Juan Bañuelos era considerado por muchos, hasta antes de su muerte —ocurrida el 29 de marzo de 2017— como el mayor poeta vivo de Chiapas. Poeta con una voz poderosa, cuyas vertientes más preclaras fueron la poesía amorosa y familiar, y principalmente, la poesía mítica y testimonial. Fue un poeta que tuvo total coherencia entre lo que escribió y lo que vivió, acción y palabra eran una sola amalgama en él. Desde sus poemas iniciales hasta su obra de madurez, siempre pugnó por darle voz a los sin voz.

Para Bañuelos el poeta debía siempre levantar el puño del reclamo colectivo para buscar justicia ante la ignominia y la opresión de los poderosos, sí, con toda la rabia a cuestas, pero una rabia poética que logró anticipar, con su defensa a ultranza de los desvalidos (por ejemplo, de los indígenas chiapanecos y guatemaltecos sometidos por los oligarcas a inhumanas condiciones de esclavitud laboral en las grandes fincas de Chiapas), la lucha emprendida décadas más tarde por el EZLN en su levantamiento armado.

Sin embargo, poetas como Juan Bañuelos ya se habían levantado en insurgentes armas literarias años y décadas antes (incluso que el mismo EZLN), sin que poetas de otras latitudes de México —salvo muy raras excepciones— hicieran eco de su lucha, siempre tenida en poco. Vale decir que algunos poemas de Juan Bañuelos fueron escritos en las paredes de la Ciudad de México durante las manifestaciones del movimiento estudiantil de 1968, por lo que desde entonces son bastante conocidos su poesía, su postura ideológica y sus constantes reclamos a quienes han detentado el poder en turno y abusado de sus privilegios.

A esto habría que sumarle que Juan Bañuelos impartió los primeros talleres de poesía en México y formó una gran cantidad poetas y escritores en el país, haciendo más democrática, por así decirlo, la formación literaria.

Asimismo, no debemos olvidar que entre sus aportes están la belleza y la hondura filosóficas de su poesía testimonial, la reincorporación de los mitos y la cosmovisión mesoamericana en sus poemas, y principalmente, que su poesía no gira únicamente en torno al yo lírico e íntimo, sino a un yo colectivo, universal.

Es decir, Juan Bañuelos fue un poeta que no escribía de sus personales vivencias domésticas para hacer de ellas versos lastimosos y ampulosos, por contrario, Bañuelos fue uno de esos escasos poetas que supo relatar con fuerza, claridad y honda condición humana, el dolor, la miseria, las penurias y la injusticia padecidas por los demás, por el otro, y a la vez, era capaz de conmover hasta la médula con su poesía amorosa.

En este sentido, es pertinente mencionar que el poeta Juan Bañuelos nació como gemelo, pero su hermano mellizo falleció poco después de nacer. Por tal motivo, creo que Bañuelos, el poeta, encarnó de algún modo a su gemelo perdido para ser él mismo tanto el Hunahpu como el Ixbalanqué del mito maya del Popol Vuh, y su sacrificio —el de una vida con honores, becas, premios o cualquier otra medalla a la megalomanía— por el bien común, por una poesía colectiva, de una estatura moral y estética insuperable (al menos entre los poetas de Chiapas) rindió otros frutos, permitiéndole la mítica redención y una renovada visión del mundo en su poesía: el paulatino e incesante reconocimiento de los lectores y críticos, a lo largo y ancho de Latinoamérica, su ascenso como uno de los grandes poetas del continente en nuestra lengua.

Gemelo vencedor del inframundo de los poderosos, Bañuelos murió como un hombre común, agotado por los años y los males que aquejan a todos los hombres. Pero su obra, su poesía, es un enorme caudal de humanidad, una amorosa lección vital, una voz inagotable cuyo machete de fuego no se apagará ni temblará nunca frente al débil silencio de los autócratas, ni mostrará la timidez de los adocenados ni la estupidez de los poetas corruptos que gorjean al solar nativo y ornamental y aplauden sin decoro al establishment, poniéndose a su servicio. Juan Bañuelos fue un hombre que amó profundamente a Chiapas, una tierra que lo exilió desde muy joven, porque también padeció las injusticias y miserias de su irónica riqueza.

La poesía testimonial de Juan Bañuelos —agudo lector del mundo— es aún más actual que cuando la escribió originalmente, porque la violencia generalizada, la deshumanizada brutalidad, la tormenta de impunidad e injusticia que vivimos todos los días en el país ya estaba escrita con inteligencia y maestría en poemas suyos fechados hace más de 50 años.

Lúcido, sabio y crítico de voluntad inquebrantable, con estas palabras terminó el maestro Juan Bañuelos su discurso de recepción del Premio Chiapas, en 1984: “[…] si el poeta está enfermo de Universo, yo declaro que además estoy enfermo de mi pueblo, enfermo como la neblina, como el bejuco y la claridad, y como la polvareda de la creación cuando surgieron del agua las montañas. Quiero decir, en fin, que estoy enfermo de Chiapas, y que de esta enfermedad nunca voy a morir.”

El enorme legado humano, poético y ético de Juan Bañuelos, no morirá. Y no lo digo yo: lo dicen sus miles de lectores en el mundo que son, ciertamente, su espejo verdadero, su perdido y mítico gemelo.

Valle de Jovel, Chiapas, Centroamérica

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