Cómo se pasa la vida: “Qué será”.

Hugo Montaño 0 comentarios

Recuerdo aquella incertidumbre cuando llegué al Colegio. Cursaba el penúltimo semestre de una licenciatura universitaria, más lleno de vicios que de académia, y quizá eso me hacía el menos indicado para ingresar al cuerpo docente de un colegio femenino. Mi experiencia con el manejo de grupos era de gran ayuda. Antes había trabajado en una escuela donde asistían jóvenes rechazados de otras instituciones, casi delincuentes juveniles, quienes te ofrecían costales de madrazos si los reprobabas o los acusabas con los directivos. Visto así, ahora me hallaba en un palacio. Este colegio era la gloria, dirigido y administrado misioneras.

Sentado en la sala de espera, observaba una pieza de tamaño considerable con la inconfundible fisonomía de Jesús, crucificado, que adornaba la sala. Cuanta consternación había en esa pieza. Dolor, sangre y brutalidad sin medida, que alguna vez oí decir era por culpa nuestra… mía… del mundo; de los pecados universales. ¡Carajo!

Apareció frente a mi una mujer joven, de piel blanca, rostro oval y sonrojadas mejillas. Los ojos color verde eran de una ternura bárbara. De inmediato me cautivaron. Bajo el tradicional hábito azul se adivinaba un cuerpo curvilíneo, casi un ángel. Sus labios de un rojo grana apenas se movieron para decir:

-La Madre Superior le espera, haga el favor de pasar a la dirección.
-Sí… gracias… ¿Su nombre es… ? –pregunté, alelado-
-Soy la hermana Pura ¿Y el suyo?
-Dante… Dante Cienfuegos.

Dio media vuelta al tiempo que hacía un ademán para que le siguiera hasta la oficina de la madre superiora. Juro que la vi flotar. Era definitivo; me había topado con un ángel.

La entrevista con la Madre Superiora se evade de mi mente. Lo cierto es que al siguiente día ya era un flamante profesor de bachillerato, según constaba en el contrato laboral, no sin salvar un pequeño escollo:

-Antes de que firme –me detuvo la “hermana Juanita”, administradora –quiero preguntarle algo muy importante… ¿Es usted católico?

¡En la monja! Digo, ¡En la madre! Me sentí descubierto; sin embargo años de pecados me permitieron salvar ese trance:

-Por supuesto. Si no se me nota es porque la cara no me ayuda, pero de eso no hay duda. Bautizado y todo.
-Le creo, sin embargo quisiera preguntarle una indiscreción… ¿Quién decidió ponerle por nombre Dante? ¿Su madre o su padre?
-Mi padre –contesté sin más explicaciones- ¿Puedo firmar el contrato?

Al aceptar mi falso catolicismo sentí como el espíritu del “Che” me abandonaba. Me sentí un traidor.

Siguieron meses difíciles luchando contra los programas de la Secretaría de Educación, los libros de Preparatoria Abierta y mis instintos más primitivos; los propios de un hombre de 23 años. A pesar de haber mujeres jóvenes y bonitas, para mí no había nadie más que la angelical hermana Pura. Aparecía en mis sueños más profundos, con trajes de moda, sin el hábito de la congregación. Luego no sólo la veía en sueños sino también despierto. Me imaginaba besando sus labios color grana, pero cuando quería abrazarla algo me desconectaba, sin poder controlarlo. ¿Freno moral? ¿Algún agente divino? ¿El “Che” en venganza? ¿Las fuerzas oscuras del Neoliberalismo?

Una noche en el transcurso del retiro espiritual en turno, velando la fogata y el sueño de las alumnas, me animé a disipar una duda que varios colegas y yo queríamos resolver. Estaba blindado contra pudores innecesarios para preguntar… lo necesitaba. Después de disertar sobre el “dogma de fe”, la posición individual del trance histórico entre Barrabás y Jesús, y de si era mejor salvar cuerpos que almas, dí el golpe de mano:

-Hermana Pura, la teoría de la evolución no es broma. Los instintos son eso; instintos, y estoy seguro de que la selección natural de las especies aplica por igual, sin distinción de creencias religiosas. No sé si me explico.
-¿Y ahora de qué hablas? Y no, no te explicas.
-Mi duda es esta. Usted es mujer y como todo ser vivo tiene sus etapas, sus necesidades… sus afectos…
-Ya, hombre bendito, dime qué es lo que te acongoja.
-Bien… Ahí le voy… ¿No siente usted deseos sexuales? Digo, ese gusto femenino por el sexo opuesto… mariposas en el estómago cuando ve a un hombre apuesto… alguna fantasía… usted sabe; deseo carnal.
-¡Claro que si! pero cuando eso sucede se lo dedico a mi “esposo” en oraciones.
-¿Cómo es eso? ¿No que usted es soltera? ¿Acaso ya se puede ser monja y estar casada? –pregunté sin disimular mi asombro- No entiendo.
-Te explico de la manera más simple. Cuando uno decide tomar el camino de la fe en Cristo, lo hace en dos etapas. Primero asistes a una especie de vocacional, donde te preparas y pones a prueba tu fe y, si en un momento dado decides no seguir, no sucede nada; te alejas y ya.
-¿Cómo Paula y Norma, que visten sólo camisa blanca y falda azul? Vendrían a ser algo así como “proto monjas” ¿Cierto?
-¡Dios mío! ¡Qué cosa! Se les llama novicias… no eso que dices, en fin. Si después de un tiempo estas convencida de que tu destino es vivir una vida religiosa, entonces tomas los votos definitivos y te “casas” con Jesús. Y eso se hace en una ceremonia muy solemne. Decidimos entregarnos en cuerpo y alma a Jesús. Ahora bien, cuando sucede lo que preguntas sobre los deseos carnales, mis pensamientos inmediatamente se remiten a él, se los brindo. No hay más.
-¿Los votos son de castidad?
-¡Pues si, señor! ¿De cuales creías? ¿Boletas electorales? ¡Ay, Dante, en el nombre llevas la penitencia! No hay urnas ni partidos de colores, mucho menos “candidatos” ni fraudes electorales. Ahí hay un único candidato y ese es Jesús.

La fogata agonizaba. Coloqué más leña y aticé el fuego. Ya casi amanecía y la hermana Pura comenzó los preparativos para el respectivo café, mientras las otras hermanas se levantaban para organizar el desayuno y la jornada religiosa matutina, que básicamente consistía en… ¡encontrarse con Jesús! Uta, eso era lo que yo quería, encontrarlo para recriminarle lo que ahora notaba, que el término “chuchería” era por él, un consumado mujeriego. El sistema de reclutamiento era digno de análisis, primero “novias” y después “esposas”. ¡Al carajo!

-¿En qué piensas, Dante? –me preguntó la Hermana Inés-
-En lo que me contó la Hermana Pura, que ustedes están casadas con Jesús.
-Claro, es cierto. ¿Y qué piensas? ¿Alguna duda que tengas? Puedo ayudarte a resolverla.
-Gracias pero no, estoy bien. Confundido pero bien. Voy a levantar las casas de campaña, que se hace tarde. Con su permiso.

Me alejé antes de saber alguna otra barbaridad, ¿Luego me saldrían con la historia de que los curas se casan con la virgen María? Después me enteré de que se casan con Jesús.

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