Cómo se pasa la vida: “Sólo un par de palabras”.

Cuando viajo a San Cristóbal de Las Casas cierro los ojos y me imagino arriba de una nave espacial, subiendo a una velocidad aproximada de treinta metros por minuto. ¿Soy un ridículo? Sí, y qué. Me veo checando controles y monitores… el despegue… la ignición… a lo lejos escucho: “¿Qué opina de la corrupción en México?” Quien me interroga es el pasajero de al lado. Finjo dormir. Me veo de nuevo en la cabina de mi nave… el tablero marca un error en el sistema… un par de palabras…

México-Corrupción.

… luego veo libros flotando, ingrávidos: “Kaplan. Fuga en 10 segundos”, la historia sobre David Joel Kaplan, agente de la C.I.A. recluido en la entonces prisión más segura de México: Santa Martha Acatitla, y su escape en un helicóptero desde el patio del reclusorio; “Cuba Libre” y “A-B-Che”, de RIUS, y la historia de Fidel y El Che detenidos en México, presos,“calentados” y liberados después para iniciar la revolución Cubana; La revista Proceso y William S. Burroughs, escritor gringo considerado esencial para la Generación Beat, quien reventó de un balazo la cabeza de su esposa en un apartamento de la colonia Roma; “Breve historia de la Revolución Mexicana”, de Jesús Silva Herzog, la transición de Doroteo Arango a Pancho Villa, Canutillo, generales, licenciados y hombres ignorantes haciendo la guerra; “La corrupción en México”, de Roberto Blanco Moheno. “Lo negro del negro Durazo”…

… Un bucle cuántico me succiona de la cabina hasta el barrio de Atocha, donde me veo de niño pepenando un billete de 100 pesos con la imagen de Venustiano Carranza. Sé lo que sigue, y me río. Ahí aprendí que un dólar valía más de 200 pesos y el pasaje hasta mi escuela 1 peso (un Morelos). Lo supe cuando compré dulces de a tostón y me dieron muchos “Morelos” de cambio, aunque incompleto. Escucho a mi tío decir: “Ni modo mijo, estamos en México, y acá el que no transa no avanza. Guzo caperuzo, ya vendrá el desquite”… abro los ojos justo cuando entramos a la ciudad coleta. ¿Sueño consciente? ¿Realidad inconsciente?

Lo cierto es que durante el viaje a Tan Tristóbal de Las Razas desfilaron otros recuerdos, textos, audios y películas sobre México y la corrupción; adjetivo, verbo y sinónimo de nuestro país. Ser corrupto es algo latente en la naturaleza humana, pero en esta patria es la base sobre la que se ha construído nuestro destino desde siglos atrás. La Historia de México se ha nutrido de errores, imprecisiones, enredos y olvidos necesarios, porque se ha desbordado la ambición de dinero y de poder por parte de una oligarquía añeja, que a su vez ha desbordado el miedo y la incertidumbre en el resto de los mexicanos, quienes repetimos y hasta perfeccionamos usos y costumbres corruptas para vivir.

De muestra este botón: En gran parte de la república mexicana es “normal” enterarse de que las “arcas municipales” se encuentran sin un peso partido por la mitad. ¿Cómo sucede esto? La administración saliente asegura haber dejado las arcas llenas y acusa a los recién llegados de ladrones. Los acusados a su vez acusan a sus acusadores (acá entre nos, los teóricos de los antiguos astronautas hablan sobre una grieta espacio temporal por donde alienígenas ancestrales cruzan, para robar el presupuesto; dicen que están a nada de demostrarlo). Dichos fondos, cual Ave Fénix, renacen y son el tema de la burocracia. “¿Cuánto vendrá de presupuesto este año?”, se preguntan, ingenuos, como si el presupuesto brotara por milagro. ¿Y dónde está la paga, pué? El pueblo no lo tiene. Los últimos en tocarlo son las autoridades municipales, quienes se acusan mutuamente. ¿Usted de quién sospecha? ¡Yo de los alienígenas ancestrales, por supuesto! ¡Si está clarísimo!

Galeano decía que el dinero es el principal problema, y que deberíamos de abandonar su uso, que al fin de cuentas solo es “fiduciario”, es decir, que no tiene más valor que el dado por el gobierno de acuerdo a sus reservas en oro y plata. En México el dinero fiduciario en metal o papel se multiplica en las maquinitas de hacer dinero y en el saqueo de la riqueza del país, de ahí la inflación que se infla y se infla sin parar, porque cada vez nos importa menos. Se nos filtra la riqueza “por arriba y por abajo”, dijera mi abuela.

Hace sesenta y tantos años México era un país en vías de desarrollo, con un futuro prometedor, y Corea del Sur un país quintomundista, devastado por la guerra y con un futuro incierto. Hoy Corea del Sur exporta tecnología propia en comunicaciones, en maquinaria eléctrica y automotriz, y se han colocado en el “primer mundo”. México exporta cerveza y alimentos, aún sigue en “vías de desarrollo” (y seguirá por quién sabe cuántos siglos más). ¿El secreto del éxito coreano? Educación. Invirtieron en lo único que los podría sacar adelante: su gente. ¿El éxito del fracaso mexicano? ¡A saber! (se aceptan opiniones)

En México la desmemoria puede ser una falta o un acierto, pero bien vale la pena memorizar estos datos (aunque le dé “guácala”). De 1800 a 1860 la moneda mexicana tenía valor y circulaba en Canadá, Estados Unidos, Centroamérica, Filipinas, China y Japón. Un peso era el equivalente a un dólar. De 1917 a 1930, un dólar valía dos pesos; 28 años después, en 1958, un dólar se pagaba a doce pesos con cincuenta centavos. ¿Cuándo se derrumbó el peso? Entre 1976 y 1988, cuando de 12.50 llegó a 2,290 pesos (un promedio de 189 pesos por año, durante doce años). Fue el periodo del “boom” petrolero, cuando más crudo se exportó y más dinero entró al país (“Mexicanos, prepárense para administrar la riqueza”. JoLoPo), pero poco llegó a las arcas de la nación, porque se extravió entre acusadores y acusados (municipales, estatales y federales). Años después, para disimular el desfalco (y seguir con la bonita tradición de las acusaciones mutuas, que tanto luce en los discursos y los debates), le quitaron tres ceros a la moneda. ¡Tómala, papá! ¡Se chingaron los alienígenas ancestrales! ¿Serían capaces de llevarse un dinero mega devaluado? Adivinaron…siguieron, siguen, y seguirán siendo rapaces… digo, capaces.

Más sabio era sanear las finanzas, pero más fácil robar. La corrupción penetró hasta la médula en todos los sectores de nuestro país, y sigue la metástasis. Hoy un dólar vale en realidad 21 mil pesos. Revertir eso está en sumerio (para no joder con lo chino). Ahora bien, ¿qué opino de la corrupción en nuestro país? Para responder recurro a las sabias palabras de mis antepasados (que no antiguos astronautas): “Qué bueno que dios inventó la muerte; todos nos vamos a morir”.

Gracias.

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