Tres poemas de Denisse Buendía Castañeda

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(Cuernavaca, Morelos). De-generación 79 donde los columpios eran cohetes espaciales. Activista, escandalosa, feminista, escritora y cafetera. Ha publicado La física de la orfandad (Aguascalientes, México, 2016), Premio Dolores Castro 2016. Comic-Documental Fosas del Olvido (elaboración del Guion) 2016. El terror del hallazgo (Editorial Independiente Romina, León, Guanajuato, 2010). Días Animales (Universidad de León, Guanajuato). Su obra aparece en diferentes revistas y antologías de México y España. Actualmente colabora en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. En el Centro de Extensión y Difusión de las Culturas. Coordina el ciclo de lecturas de poesía “El periplo de Homero”. Y Cartografía del Silencio. Forma parte del programa de radio “El choro matutino” en la sección de poesía. Productora y locutora del programa de radio “La voz de la tribu” espacio radiofónico de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Colaboradora de la revista La Voz de la Tribu, de la UAEM y forma parte del equipo de la Revista Resiliencia.

La Física de la orfandad

I*
Una siempre regresa a la oscuridad donde fue niña,
a la diminuta cama donde se reducían en sí mismas la tarde y sus promesas:
un trozo de carne con ojos-anzuelo,
cautiva, coloreando a plumón el nombre de las muñecas.
La vida pasó como un telegrama:
tu padre ha muerto (punto)
no habrá paz que lo contenga (punto)

Desde el olvido la casa parece más pequeña;
solía quedarme quieta en la azotea
esperando ver caer heridas a las golondrinas
con los pequeños dardos del vecino del cuarto piso.
Una tarde de agosto decidí perseguirlas
caí en el árbol de mandarinas con la clavícula de fuera y mis ojos en el vuelo.

La suicida fue mi madre desatándose las venas en la tina,
el asesino fue mi padre con su crueldad como ejercicio.
(no aprendí a amar sin desmembrarme hasta que murió)

A la memoria, al agujero de tierra oscura donde fui niña
suelen tragársela las hormigas panteoneras.
Siempre regreso a preguntarle:
¿hace cuánto que estoy viva?
¿estoy viva?
Seguro te dolió toda la vida no morirte a tiempo
deberías estar tranquilo;
un muerto siempre ha sido lo que ha querido:
un fantasma, una pesadilla, un epitafio,
una fila interminable de nostalgias,
el canto de un grillo que no nos deja dormir.

¿Hace cuánto que estoy viva?

A la oscuridad donde fui niña, siempre vuelvo.
A la nada en que escribiste la promesa de cuidarme.

 

II
La medida de mi tiempo son las flores en el excusado;
las amarillentas esquinas de las cartas que no envío,
el pánico que me produzco a solas.
Ese tic-tac polvoriento que trae consigo la tumba de mi padre,
las pesadillas sin consuelo.
Son los lunares que me crecen mudos en el brazo izquierdo,
la manía de prenderme fuego y no explotarme.
La noche siembra la raíz envejecida en mi garganta,
soy el retrato de las horas que se desprenden de sí mismas,
mientras la música es el silencio en mi ventana;
y a lo lejos una niña guarda la encarnación del padre entre las piernas.

 

III
No sabes que has muerto;
vienes cada octubre a repetir el silencio con tu grave mirada.
Es una pena que el polvo no tenga brazos, padre
que intentes regalarme estrellas de besos desdentados.
Acércate, mira mi vientre de niña;
aún se sienten tibios los restos de tu furia.
No he dado a luz porque crecí en lo oscuro;
porque aprendí a confundir el amor,
con el rasguño de los demonios nocturnos,
que esperan quietos el sueño de sus hijas para amanecer de nuevo.
Por cada cicatriz hay un columpio bailando solo;
un gato recién nacido en una bolsa de plástico,
un cementerio infante, la física de la orfandad.

*Premio Dolores Castro 2016

1 Comentarios
  • Laura Velázquez

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    Sencilla, fuerte daga… Su palabra
    No se requiere más, sutil, al leer se levantan espejos que me hacen reflejarme en su poema. Felicidades, para mí, eres grande… Una niña sola muy grande. Besos

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