Bogotá 39 y la influencia de las ansiedades

Manuel Iris 1 comentario

El contexto es de sobra conocido: en el marco del Hay Festival, hace pocas semanas se dio a conocer una lista de los 39 mejores autores latinoamericanos menores de 40 años que ha traído consigo una polémica bastante natural. Y es que es imposible hacer una lista de mejores autores sin que todos los escritores no incluidos en ella la cuestionen. Sin embargo, tampoco es válido descartar cualquier intento de crítica diciendo que nace de la envidia. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

Dos escritores mexicanos han comentado el asunto de Bogotá 39 con particular lucidez, tratando de separar la vida de los incluidos de la valoración literaria de su obra, aunque con puntos de vista diametralmente opuestos.

El primero fue Tryno Maldonado en una entrevista publicada en la revista Emeequis en la que expone, con tono cercano a la denuncia, varias coincidencias o cuando menos concordancias biográficas de los autores mexicanos incluidos, aunque aclarando (sin mucha convicción) que no es un asunto personal con ellos, sino con las prácticas de mercado editorial y, en general, de ciertos mecanismos de reparto de capital simbólico y económico:

“Pero analicemos, por ejemplo, el caso de la selección de autores y autoras mexicanas. Te darás cuenta de que su obra pertenece exclusivamente a dos editoriales: la multinacional Random House Mondadori y Sexto Piso. Y el único autor de un sello independiente resulta ser ¡el editor de Sexto Piso!, incluido ahora como autor.

(…)
Primero: El gran error es creer que esto es un asunto personal. Se desarticula toda crítica contra un sistema de prácticas centralistas por considerarla personal y se cierra el diálogo. Perdemos de vista de qué se trata. Es un asunto de capitalismo editorial. El Hay Festival es un negocio con franquicias de millones de dólares por todo el mundo.

Segundo: Seamos bien pensados de nuevo y digamos que todo fue una feliz coincidencia, que los siete autores mexicanos seleccionados son de pura casualidad de la misma ciudad que centraliza los recursos del país —la marca ciudad CdMx—, que por pura casualidad son hijos e hijas de funcionarios o de la élite, que son criollos, que se han formado en las metrópolis del mundo o que viven en ellas, que acudieron al mismo par de escuelas de élite y que han publicado o trabajado por mera casualidad para Enrique Krauze en Letras Libres o en la editorial Clío. Digamos que sólo fue eso. Casualidades. Que no son privilegios de castas, sino otra gran confluencia de circunstancias de vida y de talentos de ésas que abundan a diario en este país.”

Ácida y hasta virulenta si se quiere, no le falta verdad a la crítica de Tryno Maldonado. No puede negarse que la famosa lista es una campaña publicitaria propiciada por las editoriales. En otros momentos de la entrevista Maldonado habla específicamente de algunos autores, cuestionando éticamente su propuesta literaria. Esa parte de su crítica me interesa menos por ahora.

Quiero decirlo claro: personalmente creo que no es posible descalificar literariamente a los autores incluidos en Bogotá 39 por compartir ciertas características vitales. Se puede y debe cuestionar esta lista y el acto mismo de hacerla, pero no a los autores, con base en ella. Esa otra evaluación estética debe hacerse en la lectura, caso por caso. Por supuesto, no debemos ignorar que al seguir a los autores y comprar y leer sus libros, estaremos cumpliendo fielmente el cometido de una campaña editorial que trata precisamente de vender libros y de posicionar a sus autores como marca.

La literatura, sin embargo, es otra cosa.

Tal vez respondiendo al texto de Maldonado, David Miklos publicó en la revista Literal una reflexión titulada “La mano que escribe”, en la que podemos leer lo siguiente:

¿Qué más me da que fulana de tal sea hija de un embajador y haya estudiado y vivido fuera de México, aunque mexicanísima, la mayor parte de su aún joven vida, o que perengana proceda de una universidad privada y no pública, alejada del pueblo, o, más aún, que zutana tenga apenas un libro publicado y se dedique en realidad a otras lides y sea muy amiga de o cercana a los que evangelizaron la lista y que, finalmente, mengana, de nuevo, no viva en México pero su libro casi único haya sido traducido ya a un buen puñado de lenguas?

Todo lo que ocurre después de que la mano que escribe hace su labor, en realidad, me importa poco, ya que, las más de las veces, responde al designio del mercado y no a la celebración o la condena de la ya casi inexistente crítica literaria, esa disciplina –también realizada por la mano que escribe– luego olvidada del texto en sí –la escritura alcanzada– y volcada en su circunstancia, contexto o, ay, chisme.

(…)

Sí, ciertamente, nuestra historia, nuestro contexto, nuestro género, la exposición de nuestro género a la sociedad, el acoso, la suerte, el rechazo, la época, el círculo de miseria o el corazón del privilegio van a intentar, si decidimos escribir, tomar por asalto nuestra escritura y a la mano que escribe.

Muchas de esas manos que escriben lo harán en plena consonancia, bien o mal, con el cuerpo a la que están atadas, y usarán esa escritura para explicarse, para decirse, para hacer historia de sí.”

Como yo lo leo, el texto de Miklos habla de la literatura como construcción del sujeto a partir de la palabra misma, y en ese sentido está lleno de sentido común. Yo también creo que la literatura existe más allá de las circunstancias del autor aunque siempre se parta, no podemos evitarlo, de eso que llama la mano que escribe y que es la intersección entre vida y escritura.

Miklos no pretende defender a nadie, pero su tono me sirve de pretexto para señalar que los autores incluidos en Bogotá 39, o en cualquier otra lista por el estilo, no son víctimas que necesitan defensa frente a un ejército de envidiosos bullies, sino los afortunados que han ganado los beneficios de la duda y de la visibilidad literaria, cuando no una prematura (aunque tal vez fugaz) canonización mediática.

Yo tampoco creo que se les pueda descalificar literariamente por ser hijos de embajadores o nacidos en la clase alta, pero tal nunca es el caso: es infinitamente más probable que un autor sea no descalificado sino sencillamente ignorado por no ser blanco ni haber nacido en la clase alta, no haber vivido en el extranjero, no haber tenido acceso a ciertos grupos de influencia literaria, o no vivir o haber pasado por la capital de su país, que por haber tenido alguna de esas venturas. El problema no lo tienen los autores que ahora discutimos, sino los que nadie menciona, ni discute, ni conoce, ni publica, ni distribuye. La polémica alrededor de Bogotá 39 no solamente no perjudica a los autores que incluye, sino que los beneficia: nada les conviene más.

Mi postura personal, a mitad de camino entre la denuncia de Maldonado y el angelismo/inmanentismo literario de Miklos, es la siguiente: las circunstancias vitales de estos autores no pueden ser usadas para valorar a priori su literatura, pero sí para explicar su aparición en una lista de “mejores autores” escrita con intenciones editoriales y luego disfrazada de juicio literario. No me parece relevante que un autor sea tal o cual cosa, pero me parece sospechoso que todos lo sean. Por supuesto, lo correcto es leerlos con honestidad y separar literariamente el trigo de la paja. Un lector verdadero y preparado no se deja impresionar ni decepcionar por lo que se dice de un autor, sino por su obra.

La influencia de las ansiedades

Frente a todo esto, frente a estas listas y su apariencia de ingreso a la historia literaria, los autores deben evitar que la ansiedad los influya y hacer todo lo posible por no escribir aquello que parece necesario para ser “reconocido” y “famoso”. Es común, sobre todo en estos momentos de fama virtual, sentir que la literatura contemporánea es un concurso de popularidad. Frente a ello, el autor debe luchar por no caer en la hipnosis del mundo literario y serle fiel a su propia voz, a sus obsesiones, a su búsqueda íntima, porque la literatura es una lucha con el propio espíritu y con la historia, que solamente puede librarse buscando una verdad interna.

Tal vez esta fidelidad a sí mismo le traiga al autor cierto reconocimiento, o tal vez no. En todo caso es mucho más seguro llegar a la literatura persiguiendo una verdad interior que persiguiendo las listas de autores del momento. Son caminos distintos a lugares igualmente diferentes.

Cada quien debe admitir, sin inocencia alguna, lo que persigue.

1 Comentarios
  • Fer de la Cruz

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    Ayer, el NY Times sacó una lista de las 25 mejores películas del Sig. XXI, so far. “Virgen a los cuarenta” la remata. Para ellos, es mejor que “Gran Torino”, “Moon” o cualquiera de Almodóvar. Así son estas listas. Tal vez fue el premio de consolación para el virgen, por no haber entrado a la lista de Bogotá 39 por rebasar el límite de edad : – p
    Por cierto, yo tengo 45 así que no me quejo.

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