Poesía que vive después de la guerra

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Entrevista a Mauricio Vallejo Márquez sobre Cosita linda que sos, libro hasta ahora inédito de su padre, Mauricio Vallejo Marroquín, desaparecido por la violencia de la guerra.

Hoy en Carruaje de Pájaros, celebramos la aparición del libro Cosita linda que sos, del escritor salvadoreño Mauricio Vallejo Marroquín, quien con apenas 23 años fue forzosamente desaparecido durante la guerra, y cuya obra igual fue eliminada o escondida de la historia literaria nacional, hasta que décadas después su hijo Mauricio Vallejo, igualmente escritor y poeta, se diera a la tarea de rescate y publicación de estos documentos.
Acerca de esta inusual y emotiva historia de un hijo rescatando la obra de su padre, les presentamos esta entrevista, seguida de una muestra de poemas del libro en cuestión.

Manuel Iris

Has heredado el nombre y el oficio, Mauricio Vallejo: eres escritor y eres el hijo de un escritor desaparecido por la violencia de la guerra en El Salvador: Mauricio Vallejo Marroquín. Tu padre, cuyos restos todavía no han sido encontrados, murió cuando apenas eras un niño, y su obra igualmente desapareció o se ha quedado inédita. Uno de esos libros, un libro de amor para tu madre titulado “Cosita linda que sos”, apenas ha salido a la luz, en Ediciones la Fragua, editorial que diriges. Toda esta historia es hermosa e inusual, pero quiero iniciar por el principio y preguntarte ¿cuándo empezaste a tener conciencia de que tu padre fue un escritor, y cómo influyó esto en la elección de tu propio camino vital? ¿Qué ha significado su figura para ti?

Cuando escucho que tenemos un destino, lo creo. No elegí ser escritor, sólo se fue dando. Se dio porque viví una infancia semiclandestina, en la que la persecución a mi nombre era fuerte. Y fue desde muy pequeño, al saber que mi papá era Mauricio Vallejo, un escritor, un desaparecido político que era intelectual de izquierda y muy activo dentro de las FPL. No es fácil crecer entre sombras, mi papá había recorrido un camino, era conocido y prometedor para las letras nacionales. Existe mucho testimonio de eso, pero el gobierno de esos años e incluso la mezquindad de algunos hicieron que mi papá permaneciera en el silencio. Así que todo eso ligó el destino de él al mío. De pronto parecía que seguía todos esos pasos que dio, creo que lo buscaba en sus aficiones y pensamiento. Somos distintos al fin de la factura, pero también parecidos. De pequeño veía como los niños tenían ídolos de todo tipo: spider man, el ché, el “mágico” González y una serie de personajes. Yo no. Mi héroe y modelo a seguir fue mi padre, uno que no conocí y que fue construyendo a partir de anécdotas. Sin embargo, es fuerte y determinante para mí.

¿Ha sido muy difícil encontrar la obra perdida u oculta de tu padre? ¿Cómo llega a tus manos y a tu editorial “Cosita linda que sos”?
Ha sido difícil. En esos años era necesario destruir todo lo que te relacionara con la democracia o con nombres de personajes como mi papá. Muchos de sus familiares quemaron la obra que escribió para evitar que los asesinaran, incluso aún hay algunos libros que le pertenecieron que tienen la huella del fuego. Eran tiempos difíciles. Mientras era niño nadie me daba esperanza de que existiera obra de él y no comprendía mucho de todo lo que conlleva la empresa editorial. Hasta que un día escuché que mi abuela (Josefina Pineda de Márquez) no se dejó intimidar por los cateos y en lugar de quemar la obra de mi papá, decidió guardarla. Junto a un tío y mi abuelo abrieron un agujero donde colocaron su obra debidamente cubierta por plástico y lona. Tras dieciocho años mi abuela decidió decir el lugar donde estaba el trabajo de mi papá y comenzamos a escarbar; fue como exhumarlo, como verlo resucitar. Desde ese 1998 comenzamos a trabajar para publicarlo. Publicar en El Salvador es complicado, la mayoría de editoriales que existen son independientes y son los autores los que aportan para que se pueda imprimir sus ejemplares. Cuando fundamos Ediciones La Fragua no tenía idea de lo complicado que era el negocio editorial. Ya te imaginarás un lugar con tan pocos lectores y tantos autores el desafío por ganar espacios se convierte en una wreslingmania total. Primero esperamos que algunas editoriales estuvieran interesadas, pero tuvimos sorpresas terribles. Un escritor de su generación que dirigía la Editorial Universitaria de la UES me dijo que le llevara la obra de mi papá para agarrar ideas, porque no era digno de publicación. Otros que porque era de las Fuerzas Populares de liberación (FPL) no había que sacar nada de él. Y así el camino era cuesta arriba. Los tres últimos editores de la Dirección de Publicaciones me recibían con amabilidad, conversaban un rato conmigo pero siempre me dejaron en veremos. Así que al final decidimos publicarlo en Ediciones La Fragua, pero como no teníamos los fondos necesarios hicimos una pequeña campaña con todos los amigos y familiares de confianza y reunimos el 50% de los costos, y logramos publicarlo.

¿Cómo es el libro, y cómo ha sido recibido?
El poemario es conocido en el país, al menos su nombre. En los años de juventud de mi papá era una forma cariñosa de referirse a la persona amada, fuera hombre o mujer. Todo el libro es una dedicatoria de amor a mi mamá, quien le reclamaba que escribiera para la justicia social u otros temas y no a ella. Así que él le mostró que le había escrito todo ese poemario. En un estilo conversacional logra combinar la cosmogonía maya, el urbanismo de El Salvador y el deseo de justicia en un ritmo autentico que logras ver en el resto de su obra. Cuando estábamos listos a publicar evaluamos cuál libro era el idóneo para arrancar. Mi mamá nunca superó la desaparición de mi papá ni que yo lo buscara con ahínco. Creo que le dolía y resentía un poco el camino que tomó mi progenitor, y es natural la vida no es fácil en nuestro país y es menos fácil cuando terminas perdiendo lo poco que tienes porque algunas personas se aprovechan de una desgracia. Así que como él le había escrito un libro a mi mamá, lo mejor era hacerlo primero con el que le dedicaba a ella. Es un acto de justicia. La recepción del libro apenas la vamos viendo. La mayoría de escritores del país han guardado silencio, a excepción de un amigo escritor llamado César Ramírez Caralvá quien fue compañero de mi papá. Creo que es temprano aún para saber qué dirá la gente o los literatos nacionales. Lo que puedo decirte es que en Tonacatepeque la presentación oficial de mi papá ha sido toda una fiesta, un suceso esperado por mucho tiempo. No podemos hablar de Mauricio Vallejo padre sin mencionar Tonaca, en toda su obra está presente, incluso en este libro.

¿Cuál es el significado de este libro y de la obra y figura de tu padre en general, para la literatura salvadoreña?
Existe una deuda terrible en El Salvador con los autores que fueron asesinados durante la guerra. Entiendo que cada quien forja su camino, pero la historia y nuestros autores deben de conocerse. Es ridículo ver como en los planes educativos de literatura se menciona a los autores de 1800 a 1960, después el limbo, la nada. Todo llega hasta Roque Dalton. Pero las cosas no son así, hay todo un grupo al que denominé Generación olvidada: Jaime Suárez Quemaìn, Alfonso Hernández, Rigoberto Góngora, Lil Milagro Ramírez, Delfy Góchez, Nelson Brizuela y Mauricio Vallejo. Y casi al final de la guerra otro destacado grupo donde figuran Amada Libertad, Amílcar Colocho, Arquímidez Cruz; pero sus compañeros de generación fueron más nobles y son mencionados en festivales y antología. En cambio los autores del grupo de mi papá no solo fueron silenciados por los gobiernos, sino por las editoriales y sus propios compañeros hasta el punto de hacer comentarios mezquinos sobre ellos. Una historia triste. En tanto, ahora que este libro surge creo que da esperanza para que se pueda rescatar mucho de la historia oculta de nuestro país, así como autores que se pretendió silenciar. Al parecer es cierto que la verdad termina revelándose con el tiempo, y esperamos seguir publicando a mi padre para darle el lugar que merece en las letras nacionales. Entre 1976 y 1981 era un escritor conocido y respetado, publicado con frecuencia en periódicos y revistas de su tiempo, incluso es citado como un escritor prometedor por varios autores.

¿Cuál es el aporte que quieres dejar tú a la literatura de tu país con tu trabajo de poeta y de editor?
Como editor, quiero ayudar a que se conozca la verdad literaria de El Salvador. Quiero que se sepa que existe una tradición literaria en nuestro país, que no es producto de marketing, política o premios. Que hay muchos escritores maravillosos silenciados, que aún hay mucho por hacer y por trabajar. Que no podemos conformarnos y forjarnos la idea de que como salvadoreños estamos destinados a ser mediocres, que muchos escritores fueron disciplinados, talentosos e intensos como la generación olvidada de mi papá. También quiero ayudar a que otros escritores que surgen vayan tomando camino para crecer y aportar a la historia y las letras nacionales.
Como poeta no sé qué decirte, solo escribo. Y espero lograr hermanarme con muchas almas más, así como yo me hermano con tantos poetas. Espero dar mi aporte, que mis escritos lleguen donde deben llegar. Lo mío es seguir caminando, nada más.

Poemas

DE PATADA

El cipote que pensamos nacerá. Aunque no reviente de tu panzita de cumbia que zarandea conacastes y tose lucitas. Va a jugar los Jueves de corpus con su mico de mango y pepa de marañón.
Jodida si se tiene sin cambiar este orden que sofoca. Hay que moldearle los pañales. Trapear con jugo de ruda y hacer sahumerios para que no le hagan ojo; desempolvar el templo de Quetzalcoat´ y sembrar azucenas para su vía crucis o hay verá él.
No busqués en los naipes, tampoco en las profecías o en las tiradas del maíz y de las semillas de Pito, ese mono viene.
Va a venir con pulso. A ver si no le varea la piedra. Aunque después tú te vayas o te mueras o te maten. Palabra que no queda duda. Y sin amo y sin zíper. Lo van acariciar como a los pies de San Nicolás para persignarse, lo van a putear, le van a inventar un chambre en Tonaca. Se caerá por andar de bocabierta conociendo el relámpago, las ranas de obsidiana que echan las noches de luna, el andado y la carita del guardia y del soldado, y el rito del billetero. A lo mejor nos pega el cambio.
Tendrá su nahual. Buscará no estar en la tierra del hombre sino que en el hombre en la tierra. Y lloraremos su llanto, y reiremos su risa y te acordarás de que casi lo tuvimos
o lo tendremos.
Aunque no haya nada mujer, el cipote que pensamos nacerá.

BRASA EN LA CENIZA DEL HOMBRE

Después de sacar el sol estará contigo. El silencio se echará sobre el sonido destilando el corazón de la avispa. Callarán las caracolas su ronquera de toro en la sangre, las maracas dominarán tus caderas. Iremos ante Dios, y detrás de cortinas el mundo, jalando miel de chumelo para derramar amargura en las celdas del panal.
No vamos ir a dar queja de nada, lo que está mal aquí, aquí lo arreglamos.
Dios en nosotros. Y aquí en la lucha. Celebremos el ritual del amor, compartamos la carne y el espíritu. Juntos ofreceremos la noche, los años, el día, nuestras mejores bebidas y el sudor más fuerte.
Palabra que estás linda. Para chuparse los dedos. Estás tibia y tierna aireando lo dulce, lo ácido y la madurez del fruto. Palpita salada.
Una idea más allá de la claridad iremos. Ahora, hay que ir al manantial desde el cual se anima el firmamento, dejar a Tezcatipoca y a Huitzilopochti por el chipilín del atrio de la iglesia. Subir en puntas y disiparnos.
Abajo dejaremos la casa, las puertas cuidarán de nosotros. Nos haremos invisibles para ir, Energía, también para hacer el amor en la calle, en los portales, en el palacio. Sólo verán moverse las vainas del carao, las palmas de coco, el sueño del mudo Simón, las predicciones del tecolote y los chitchit de las esperanzas. Haremos el amor mientras aquí se joden. Fresca, bañadita, irás empujando tu amor con el mío.
Luego bajaremos de donde Dios a reunirnos con nuestra gente, porque no hay Dios sin hombre, ni hombre del pueblo con su lucha libertaria.
No vamos a ir a dar queja de nada, lo que está mal aquí, aquí lo arreglamos.

EL SOL DE LA RAMA DE AGUA

Te entregás con una mirada, en la media que te ponés y en el insomnio. La virgen sonríe y te ponés colorada. Le ponés máscara de hule al recuerdo. Y eso no me lo contás. Lo sé por el tecolote, el que pica barro y habita en la punta del carro de Tonaca.
Eras una malicia, cuando te venadié ya me tenías en la olla. Tu lengua sabía a jocote, almendra y mamey. Estabas rica. Si me ponés el dedo en el ombligo sacabas un cosmos.
Un hormigueo me hizo agarrarte con más ganas. Habían matado campesinos en las Tres Calles y en La Cayetana. ¿A mí qué? Sólo me imaginaba.
Esto se castiga me dije, y tu boca se volvió amarga y agria. Ayer te devolvieron el sabor, me dijiste por la noche. Y me atrajo la idea. Recordé a los campesinos. Mataron más en Aguilares, en Perulapán.
Te tomaré ahora. No puedo dejar que con una mirada me poseas, ni cuando te ponés la media o cuando pasás sola y sin dormir por la noche. Las cosas no llegan así porque así. Te quiero junto. ¡Maldita sea! Tengo miedo que en una de tantas me semiborrre y sea otra la cara, o de hacerme viejo y no dar la hora. ¡Por Dios! Es injusto imaginarnos. Acuérdate de los campesinos.
Allá va el polvo, va gritando; y no es grito por ser grito. Ves. No te hizo nada. ¡Es el polvo de aquí! Donde viajan los abuelos y sus nahuales.
Hoy es luna tierna. Te encontrás madura y tibia. Mirá, se me han agrandado las pupilas. Tu tierra está fresca, fíjate con qué ganas me la como, mientras el polvo sigue bajando desde el carro, y espera que nos unamos a Él.

DE PROBADA Y
CORRER O QUEDARSE

Antes que te digan otra cosa y veas en tu mente caer a Quetzalcoat´y hundirse en el relámpago, recuerda que voy a morir. Estoy apuntado en la lista de la muerte y ella sabe hasta cuándo pesaré.
Seré enterrado como quieran, sin confesión, sin cruz, parado, con pitos y tambores, y moriré amando la vida, a ti y a todos. Tomaré el color del barro y me iré caminando por las plantas hasta extenderme en la luz.
Bajá los párpados, mis dedos te miden y llevan hasta la oscuridad de tu vista. Ese es el lugar que me unirá a ti mientras vivas en la tierra. Carrizo de bambú que mantendrá el nudo del hilo que estiramos del agua y del fuego. No busqués mis fotos, ahí me llamarás.
Antes que te digan otra cosa, ya deberás tenerme muy dentro, a fondo en tu secreto y en la punta de la lengua. Dirás que ríe el duende, que se desliza el olor de la flor del amate y que adormece el La Fa Do de la flauta.
María, Chalchiuticueye y Xochit´ te cubrirán de jade, mariposas y orquídeas, te entregarán húmeda y jugosa a mis labios como un arrayán. Entonces chispearán gotitas y harán el cielo, tu murmurarás no sé qué, cerrarás los ojos y pondrás los brazos en mi espalda. Yo habré llegado.
No me ha desprendido de un altar de Matildito ni de un lirio de Tonaca, ha caído a la vida porque sí, a encontrarte. Luego me voy.
Antes que te digan otra cosa, sabrás que de tu piel se levanta el sol y la noche, la espada y la flecha, los almanaques y el calendario, y que puedas dejarme cuando se te antoje, cuando el gallo aún no cante, cuando las nubes aún no sean las plumas del águila, cuando te aburas o te equivoques, y no regreses pues ya habré llegado; y tú habrás ido a encontrar solución a tu misterio.
Sólo que no te engañes, yo soy éste, el que va a morir. Ni prócer ni Dios, ni héroe ni mártir. Ni el corazón del quetzal ni el pico del cenzontle. Ni el rayo de Tlaloc ni la onda que aja el humo del copal. Escuchá como se insolenta el tecolote, los perros aúllan y revolotean las papalotas. Antes que te digan otra cosa y veas en tu mente caer a Queetzalcoat´y hundirse en el relámpago,
recuerda que voy a morir.

UN POQUITO MENOS
DEL ANIVERARIO

Ya van trescientos treinta y tres días
De que esto que llamamos amor
Comenzó su aventura
Aventura planificada
Que previó pequeñas mutaciones cualificadas
Para que cada semana
Supiéramos
Que nos queríamos un poquito más
A costo de leves caprichos
De resistencia comunicativa
Y de esperanzas libertarias
Hemos crecido sin soñar maravillas
Más que la única justa
Y correcta
De seguir amándonos
En la sensata locura del socialismo

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