Cómo se pasa la vida: “Cuando sea grande…”.

Hugo Montaño 1 comentario

MiniMi habla y habla y habla, emocionado porque descubrió cómo resolver el acertijo planteado por “el Joker”, que le permitirá develar el enigma que a su vez le facilitará el acceso a X cosa, del nivel Z de la segunda parte de Y asunto, en el videojuego de Batman. Le pregunto cómo resolvió su duda. “Encontré un tutorial en yutubí, y de paso hallé algunos atajos que no sabía”. Yo, papá de hoy, de inmediato me pregunté ¿a qué hora este condenado chamaco hizo eso? “Cuando sea grande diseñaré juegos de vídeo”, dice Minimí, mirando sin mirar algún lejano horizonte en su memoria novísima. Después se aleja, dando pequeños saltos de feliz inocencia rumbo a su libreta de dibujo.

A los papas de hoy nos importan los asuntos que le importan a nuestros hijos —me digo—, así que voy detrás de él (sin saltar, porque hace tiempo descubrí que la felicidad es efímera, y de mi inocencia, mejor ni hablo). Lo hallo recargado en la cama, con las piernas cruzadas y sobre ellas la libreta de dibujo. Yo, papá de hoy, le pregunto si está diseñando sus juegos de vídeo. MiniMí, luego de unos segundos, me dice. “Vete, necesito desarrollar mi imaginación porque soy un artista”. Dicho lo anterior clava de nuevo la cabeza en la libreta y sigue trazando (imagino) ese horizonte visto por él. Yo, papá de hoy, me retiro con la cola entre las patas, dejando al artista en ciernes seguir desarrollando su imaginación.

“Cuando sea grande…” me repito en voz baja. Vuelvo a la computadora para revolcarme de nuevo en mis pocas palabras. No me concentro. El vecino sube el volúmen de su televisor, donde un entusiasta conductor de un optimista noticiario matutino, habla de los avances económicos y sociales de la república mexicana. “México es un país de contrastes”, le escucho decir al presidente. “Hay rezago y vanguardia… pobreza y riqueza, pero aun con este escenario, la economía crece.” (?).

Cuando tenía la edad de MiniMí, decía yo que de grande sería astronauta. Miraba fotos del libro Life en el Espacio, y la ciencia ficción se hizo uno de mis temas preferidos. Hoy soy grande pero no soy astronauta. Sin embargo, mi madre me dio la libertad de elegir qué hacer con mi vida. Varios de mis afectos me aconsejaron estudiar economía, contaduría, administración o leyes, porque “sirven para todo, especialmente abogado”. No escuché a ninguno y me fuí a la literatura. “Te vas a morir de hambre”, vaticinaron.

No fui astronauta porque, según me explicó mi tío, me equivoqué de ciudad (maldita sea la cosa). Nací “muy al sur”. Quizá y más al norte… por ejemplo… Houston, me hubiera venido bien. O quizá en Moscú, “aunque ahí hace mucho frío”, me advirtió. También me dijo que México no era un país que pensara en ir al espacio, porque estaba entretenido en una deuda impagable, por no decir eterna.

¿Por qué a México no le salen las cuentas, si su economía crece y crece y crece cada sexenio? ¿Cuál es el éxito de su fracaso? Según la PROFECO existen seis clases sociales en México, dentro de sus más de 127 millones de habitantes. Leyó bien, 6: Baja – baja (35%) Trabajadores temporales, inmigrantes, comerciantes informales, desempleados y gente que vive de la asistencia social; Baja – alta (25%) Obreros y campesinos; Media – baja (20%) Oficinistas, técnicos supervisores y artesanos calificados; Media – alta (14%) Hombres de negocios y profesionales “que han triunfado”; Alta – baja (5%) Familias que son ricas pero de pocas generaciones atrás; y la Alta – alta (1%) Antiguas familias ricas que durante varias generaciones han sido prominentes y cuya fortuna es tan añeja “que se ha olvidado cuándo y cómo la obtuvieron” (un clavado a la historia y sabrá usted “cómo y cuándo”, se lo aseguro).

En suma, en México la clase baja se compone del 60% de la población, la clase media del 34%, y la clase alta del 6%. ¿Yo astronauta? ¿En qué estaba pensando? De verdad que vivía en la luna. ¿Humanista? ¡Si seré wey! Ser abogado, contador, administrador de empresas o economísta es la onda. Y si a eso le suman “que han triunfado”, ¡uf!

En un país “de contrastes” como México, mi MiniMí ya eligió: arte y tecnología (un trompo a la uña). Yo seguiré la tradición materna: “Ahí lo ves vos… yo ya estoy vieja, ya viví… mañana me muero y vos seguirás acá, así que fueras pensando en algo que te guste, porque será pa’vos, no pa’mí”.

1 Comentarios
  • GONZALO GONZALEZ

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    Excelente muestra de dedicación y amor a la constancia.

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