Poemas de Rei Berroa

Manuel Iris 0 comentarios

Rei Berroa es uno de los poetas más importantes de República Dominicana. Su poesía es casi siempre una declaración de hallazgos vitales, hecha con el cuidado de hacer un sencillo, pero apretado, tejido verbal. Berroa escribe como compartiendo las cosas que ha aprendido en el camino, como hablando en voz alta. Es un poeta interesado en la vida, en el mundo y las circunstancias de lo humano. En su trabajo, la meditación filosófica y la aparición de personajes literarios o históricos son el resultado de su concepción de la existencia de los hombres como un solo trayecto por un tiempo que parece tener principio pero que no anuncia su final. Es un gusto tener con nosotros en Carruaje de pájaros la poesía de Rei Berroa.

Manuel Iris

 

Del libro Son palomas pensajeras

OICONOLOGÍA

Es más fácil renunciar al pan que a las palabras.

E. M. Cioran, La tentación de existir.

Tratar de hablar siempre menos.
Querer decir más cada vez.

Colocar los trofeos en el fuego
y asegurarse de que nadie los rescate
para ponerlos de nuevo en la vitrina
con su nula e impertinente vaciedad.

Guardar menos objetos, menos sombras,
pero alumbrar el día todo el día
y limpiar la oreja un poco más.

Dejar ya de rezar en alta voz
en nombre del Altísimo
y ordenar lápices, papeles, obsesiones en el nido,
de forma que reflejen su interior cacofonía
con el hoy, su aquí, nuestro mañana por hacer.

Ingerir cada vez menos,
digerir cada día más.

No poner tanto énfasis en los ayeres, lo vivido
y subrayar lo que se pueda resolver
hablando del enigma del minuto
en este constante matar o morir
con que agredimos a las horas cada ahora.

Dormir cada vez menos,
soñar cada día más.

Buscar cuanta se pueda soledad
y al entrar la noche, apagar
las luces del balcón para poder
alcanzar el astro inagotable con el ojo.

El vino envejece en la bodega
para hacerse de crianza o de reserva,
que vino mal envejecido es vinoagrio
que incomoda y nos golpea el paladar.

Ni levantado ni caído,
a ningún ángel rendirle culto, pero ser
indivisiblemente hombre en esta
misteriosa y angustiada humanidad.

Ignorar la razón de los achaques de la vida
y vivir sin pensar para nada
en el alivio futurizo de la muerte.

Tratar de hablar cada vez menos,
esperar pacientemente mi turno
para poder decir, quizás, cada día un poco más.

 

Del libro Fortunario insólito para convivir con la lengua y unas cuantas cicatrices

CALLEJÓN SIN SALIDA O CERRADO FANATISMO DE UNA IDEA

Timeo hominem unius libri

Tomás de Aquino

Cuando una idea nos persigue furibunda
en la tierra, en el aire o en la intimidad,
en medio de la noche o a plena luz del día,
reflexionando en el retrete solitarios,
corrigiendo el mundo desde el aula
o urdiendo destempladas musarañas
desde el púlpito, la cama o la oficina,
sea ésta la idea de los celos aberrantes del amor
o su otra cara: la del encono y sus rencores;
sea la de la envidia
con sus incomprensibles sedimentos
de inseguridades y ojeriza;
sea la del recuerdo o del olvido,
del miedo o del valor,
de la serenidad o la agonía,

pareciera ser algo que nada
tuviera que ver con nosotros que nacimos
razonables, suficientes, comprensivos,
con la lógica que somos o debemos ser
en el uso armonioso de la lengua,
discurriendo sosegados al oído
de los otros con las manos,
con el pausado mirar que nos gastamos
moviendo nuestros cuerpos reflexivos
de este a oeste, de norte a sur,
en esta mecedora competente
que siempre nos espera en el porche de la casa
para hacernos subir y bajar uno a uno
los térmicos peldaños del juicio o la quimera.

Y sin embargo . . .
Se aposenta esa forma de pensar en el cerebro,
sin avisarnos su inminencia
ocupa las habitaciones del sentido,
descuidados nos coge a cualquier hora,
ataca toda sensatez,
los flancos que le vienen bien a la cordura,
nos hace irracionales en exceso,
bullen en la sangre las cuatro sílabas maléficas,
se adueñan de nosotros que abandonamos
el común sentir y cruzamos
los dinteles de la intolerancia,
enrojecidos los carrillos en el rostro,
destemplado el pulso y el vozarrón,
quebrado en registros diferentes de torpeza,
se nos transforma entonces en punzantes decibelios
que cortan el aire y lo dejan sin merced.

Como quien ya no es dueño del decir,
nos sabemos atrapados, sin salida,
y sólo obedecemos al embiste
de aquella obcecación que nos dispone
a herir a quien no comparte con nosotros
el impulso intransigente, aberrante
de dejarse vencer por el perverso
fanatismo de aplicar un único rasero
para medir todas las ideas que manejan
las conductas de la tierra
de un confín a su sinfín.

 

Del Libro de los dones y los bienes

EL JUICIO DE SÓCRATES PASADO POR LA TELE

Hacía muchos años que llevábamos incrustadas sus preguntas bajo las costillas.
Medio muerto traíamos el sueño de justicia, cuando en mitad de la pantalla
apareció el viejo Sócrates ya cicutado su silencio y su verdad a solas
después de explicar en silogismos convincentes que jamás
había pronunciado algunos de los juicios que el joven
Aristocles (Cabezotas o Platón, eran sus motes)
había escrito en sus memorias, publicadas
día a día, en diversas páginas de la guía
de la tele que todos leían y miraban
en una gran pantalla tipo plasma
puesta en el ágora de Atenas
por los que odiaban
la mayéutica.

Fue así como
llegamos a saber,
sin casi darnos cuenta,
que el loco a quien todos
envidiábamos, pues podía decir
lo que quisiera sin haber jamás escrito
nada y no tener, por tanto, nadie pruebas
contundentes que pudieran llevarlo al tribunal,
tenía leales seguidores en todas las escuelas del Estado,
menos en su casa, donde Jantipa lo había puesto en su lugar
más de una vez, pues no quería higienizar los fondillos de sus hijos
sin antes preguntarles si era posible conocer la virtud sin antes practicarla.
Dicen que también testificó contra el marido porque este ya no le servía para nada.

 

DARLE DE VIVIR A LA MUERTE CON LA LENGUA

-¿O NO SERÁ MEJOR?-

DE LINGUA OMNIA DE MORTE

Es sólo huesos la muerte.
Es todo carne la lengua.

Destemplada babel que llaman la sinhueso
es ese diacrónico recurso
que nos lleva a las ideas: la lengua.

Inflexible organización que llaman esqueleto
es esa instancia sincrónica
que nos saca del mundo de la idea: la muerte.

Toda ella es un silencio arrebatado
que sabe, sin embargo, con diáfana certeza
lo que hace o que deshace sigilosa: la muerte.

Toda ella es un ovillo de palabras
que no tiene extrañamente idea exacta
de gramática, retórica u orácula: la lengua.

Bajo el cielo raso de la tierra
baila día y noche como loca la muerte,
invencible idea que habitamos
sin apenas darnos cuenta
de su infinita ubicuidad ilimitada.

Bajo el cielo raso de la boca
se agita día y noche como loca la lengua,
poderoso músculo sensual que utilizamos
sin apenas darnos cuenta
de sus bien delimitados avatares.

Nadie se ofrece nunca
para echarle una mano a la primera
que todo lo detiene sin remedio
cuando clava el hueco de sus ojos
en la risa o la mirada del viviente.

Sin la ayuda necesaria del cerebro o del sentido,
es sólo un meneo desechable la segunda
que todo lo echa a andar en el oído
del hablante que se oye o del oyente
que le escucha, que lo mira y le sonríe.

Pelos no tiene en la lengua la lengua.

No tiene cómo desearse la muerte la muerte.

En la punta de la lengua
tenemos constante a la muerte
que nos saca la lengua y se ríe de nosotros cada rato.

En la punta de la muerte habitan
las cenizas de una lengua que nos arranca
de la muerte si bien no puede reírse ya de nadie.

Aunque se lance contra el tiempo y lo congele
cubriendo con su velo las ventanas de los ojos,
destemplando los rojos hilos de la sangre,
deteniendo en seco el pulso en el que íbamos
audaces, pertinentes y a la lengua
vaciándola de todo fundamento,
jamás hay que temerle a la ira de la muerte,
pues ella no es más que una ficción
que nos hemos inventado
para darle un poco de sentido al vivir
y sus efímeras sustancias.

En cambio, a la ira de la lengua
sí que hay que temerle a cada instante,
pues se aviene contra el hombre y lo condena
dejando la campana del renombre reventada
y a nosotros nos reduce a tanto desconcierto
que hasta la muerte echa a correr muerta
de miedo y llorando en las orillas de la pena,
pues le faltan las palabras con las cuales
advertir a los que viven del origen
misterioso de la lengua y sus sentidos inmutables.


REI BERROA. Ha publicado más de 45 libros de versos, antologías literarias y ensayos críticos, además de multitud de artículos de investigación y reflexión en revistas de diversas partes del mundo. Entre sus libros de versos podemos destacar: Son palomas pensajeras (Guatemala, 2016), De adinamia de mente de umnesia (Oaxaca, 2016; Villahermosa, 2010; premiado y publicado en una versión breve en Murcia en 2008), Fortunario insólito para convivir con la lengua y unas cuantas cicatrices (Monterrey, México, 2014), Vocea interioară (Cluj-Napoca, Rumanía, 2012), Eufemistica per vivere tranquilli (Trieste, Italia, 2011), Otridades (Zamora, España, 2010), Libro de los dones y los bienes (Caracas, 2010; México, 2012), Libro de los fragmentos y otros poemas (Caracas, 2007),  Book  of Fragments (Calcuta, 1993) versión bilingüe de Libro de los fragmentos (Buenos aires, 1988). Es asesor literario del Teatro de la Luna desde su fundación en 1991 y coordina su Maratón de Poesía. Desde 2001, ha entregado doce antologías de este festival que acaba de celebrar en junio su vigesimosegunda edición. Como crítico literario y cultural, son dignos de mención los dos volúmenes de ensayos críticos Aproximaciones a la literatura dominicana (Santo Domingo, 2007 y 2008) y su libro Ideología y retórica: Las prosas de guerra de Miguel Hernández (México, 1988). La Universidad de Nuevo León en México, publicará próximamente su libro El cuerpo hendido: poéticas de la m/p/aternidad. La VIII Feria Dominicana del Libro de Nueva York le fue dedicada a su obra (2014) ocasión para la cual el Ministerio de Cultura de su país de origen publicó una extensa selección de su obra (más de 550 páginas) con el título: De quites y querencias: antojología de poemas y poéticas: 1974-2014 (Santo Domingo, 2014). Recibió el Premio Internacional Trieste Poesía (2011) por el conjunto de su obra poética y el Premio Mihai Eminescu de Rumanía (2012). El poeta vive en Fairfax, Virginia, en donde desde 1984 se desempeña como catedrático de literatura y crítica cultural en la Universidad George Mason en la  que es Director del Departamento de Lenguas Clásicas y Modernas.

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