Cómo se pasa la vida: “Cavilar”

Hugo Montaño 2 comentarios

Hoy doce de diciembre entre cohetes de madrugada, serenatas y peregrinaciones, cavilo en el año que termina. “El tiempo”, me digo mientras intento tapar mis pies, helados por el frente frío número no sé qué, lo que obliga a destaparme la cabeza porque la cobija no es de mi talla… ni la colchoneta. El frío muerde impune cada parte de mi “puerco”, y eso me encabrona, y cavilo. Vivo a orilla del Río Grande (territorio libre de los hijos de la Escocia chiapaneca), donde el calor se regodea a diestra y siniestra en ambas orillas. La temperatura llega a ser infernal, tanto, que más de un C.P.M.* ha deseado que el calor sea algo tangible, que tenga carne y huesos… materia… la suficiente para agarrarla a vergazos. Con el frío deseo lo mismo, aunque sea yo un C.P.M. arrimado (y aún no bautizado en la Fiesta Grande, vestido de Parachico o Chuntá).

Les contaba que de vez en vez me pongo a cavilar, viajando en mi colchoneta mágica desde los grandes temas hasta la minucia más minuciosa. ¿A qué conclusión he llegado? A que la vida es breve “y cabrona”, dijera mi querido Rayo. No es una conclusión de ahora, sino de hace algunos años, y más que conclusión es una confirmación. Ya desde antes reflexioné sobre lo mismo (sí, arriba de mi colchoneta mágica), y la primera vez que concluí lo mencionado sobre la vida, me dediqué a desperdiciar lo menos posible “el tiempo”. Vida y tiempo… tiempo de vida.

Me acusan de amargado, chocante, aburrido, fracasado, y demás adjetivos que no me molestan… ni me importan. Soy un contemplador del paisaje que me circunda, y lo disfruto y me divierto a mi manera. Quizá sucede que soy el pez de esa minificción de Raúl Brasca, titulada “Última elección”, que ahora les comparto:

“El pez, resuelto al suicidio evita veloz la red en la que moriría con sus compañeros, pasa de largo frente al anzuelo del pescador rutinario que hojea una revista, y traga sin dudar el de un chico que recordará mientras viva los espasmos terribles de su asfixia”. (Minificciones. Antología personal. Raúl Brasca. Ficticia editorial 2017)

Terminará diciembre y yo seguiré cavilando, pero ahora sobre la fiesta de enero, donde un buen amigo C.P.M. dice que ya tiene mi canasta, para que me pasee por las calles de Chiapa de Corzo lanzando besos cual Chuntá, con mis labios rojo carmesí y mi santo trago, al ritmo de tambor y pito.

*C.P.M.: Culo Pinto Mágico.

2 Comentarios
  • JC Rico

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    Muy bueno Maestro Hugo Montaña

  • Esthela

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    Me va a encantar verlo vestido de chunta maestro, me imagino que hara gala del traje como de la palabra escrita.

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