La era de los seudónimos

Manuel Iris 0 comentarios

…de dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo:
de la derecha cuando es diestra
y de la izquierda cuando es siniestra.

Mario Trejo, Apuntes para una crítica de la razón poética

Pensar es liberarse. Conocer es despertar. La expresión del propio pensamiento es la columna vertebral de todas las otras libertades posibles. Por ello, a pesar de los nuevos embates del gobierno mexicano contra la libertad de expresión y de protesta, no llegará —como el propio gobierno pretende— una era del silencio, sino una era de los seudónimos.

A estas alturas de la historia es imposible retroceder al silencio. La realidad ha sido ya tan terrible y la violencia tan cruda, que el miedo sirve de combustible y no de mordaza. No es posible guardar silencio en un país que se desmorona y que, además, tiene un gobierno que pretende quitarnos la posibilidad de articular el lamento colectivo y de exigir la rendición de cuentas.

Si es casi imposible detectar a quien escribe un texto anónimo en internet, ¿cómo piensa el gobierno moderar un mundo lleno de nombres falsos y personalidades creadas? En la era de los seudónimos el mensaje construirá a quien lo emite, y esa persona será imposible de rastrear. Siempre existe una posibilidad técnica, una astucia posible, en la era digital. Los únicos visibles, completamente visibles, serán los opresores.

Pensar y actuar en consecuencia, eso es disentir. Y necesitamos pensar. Apagar la televisión y encender las conciencias, abrir los libros y las conversaciones. Inventar modos de protesta y resistencia nuevos o no explorados. Si la ley de seguridad interior pretende evitar que salgamos a las calles, y la ley mordaza pretende evitar que expresemos nuestra opinión en las redes debemos, además de tomar las calles y usar las redes con astucia, ejercer otros modos de disidencia que tal vez necesiten ser inventados. Necesitamos imaginar.

Creo completamente que la ignorancia deliberadamente alimentada por la televisión y las constantes reformas y recortes presupuestales a la educación pública, son el modo en que los dueños de la riqueza nacional, sin distinción de partido, piensan perpetuar su dominio: una población ignorante y apática es perfectamente vulnerable y dócil. Basta con hacerles creer que tienen alguna libertad, y con hacerlos aspirar a convertirse en algo anodino: una persona “exitosa” económicamente. Cosa que, por supuesto, escasamente sucederá.

Frente al embate de la estupidez ilustrada y poderosa, las verdaderas formas de resistencia serán la cultura, la lectura, la capacidad de articular pensamientos y de actuar conforme a ellos. El fracaso de la sociedad mexicana llegará cuando dejemos de ser capaces de imaginar una realidad mejor, puesto que todo lo imaginado puede perseguirse: necesitamos poder inventarnos. El pensamiento y la imaginación son la única posibilidad de sobrevivir con dignidad.

A pesar de la violencia, de la pobreza, de la siempre acechante ignorancia y de la incitada apatía, a pesar de las distracciones sembradas en cada programa de televisión dedicado descaradamente a idiotizar a los ciudadanos que pierden poco a poco sus derechos, la era del silencio no existirá. Empieza la era de los seudónimos.

 

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