Cómo se pasa la vida: “Un mundo nos vigila”.

Hugo Montaño 0 comentarios

El patio de mi casa es particular, y no me refiero a la ronda infantil. Es algo más complejo. Sucede que me levanto temprano…casi de madrugada, y me da por salir al patio a disfrutar de la noche estrellada (cuando hay cielo despejado). Disfruto viendo las constelaciones y planetas. Aunque de vez en vez alguna de las estrellas de dichas constelaciones se mueva, o se mueva un planeta. ¿Y qué tiene de espectacular? Dirá usted. El universo está en constante expansión, ¿verdad? También se preguntará usted cómo diferencio una estrella de un planeta. Para estas y otras interrogantes le digo lo que decía Jack El Destripador: “Vamos por partes”.

Una estrella se diferencia de un planeta por su brillo. Mientras una estrella titila (“parpadea”), un planeta no. Las estrellas tienen luz propia (arden), y el mejor ejemplo lo tenemos en la estrella más cercana: el sol. Los planetas reflejan la luz del sol, de ahí que se pueda ver a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter o Saturno (la luna también, obvi), a simple vista. ¿Ya me puse aburrido? No se desespere, recuerde que vamos por partes.

Desde que llegué al territorio libre de los hijos de la Escocia chiapacorceña (hace siete años) me asomo al patio de mi casa, que es particular, porque no solo goza de una bóveda celeste magnífica, sino de fenómenos aéreos que más de uno me ha dicho son satélites o la estación espacial, o avionetas… o “avionotes”, dijera un mi vecino C.P.M. (el aeropuerto está a treinta minutos de mi casa), o mariguanadas mías producto de la edad, del exceso de carbohidratos o de la falta de feisbuc. ¿Y qué he visto?

Durante estos años han cruzado sobre mi patio esferas blancas volando entre las nubes; también triángulos color naranja, de sur a norte, no en vuelo recto sino curvo, a una velocidad que ya quisiera una avioneta o avión comercial; esferas color verde (eviten la chacota partidista); puntos brillantes “saltando” de una constelación a otra, a diestra y siniestra; conjuntos de esferas brillantísimas, volando y separándose de golpe en sentidos opuestos para luego apagarse; apariciones repentinas en el cielo de puntos luminosos que luego se van ensanchando, veloces, fulgurantes, para luego desaparecer sin dejar rastro.

Y no soy el único que los ha visto. De muchos testimonios está el de mi vecina, que tiene una tienda de abarrotes, y de vez en vez se sienta en su sillón, y cabecea. En una de esas, a las tres o cuatro de la tarde, fui a comprar. Hallé la puerta entrecerrada. Toqué y me contestó mi vecina, asustada. ¿Es usted, vecino? Dije que sí. Entonces asomó el cuerpo mirando sobre mis hombros. Iba a pedir algo cuando me atajó: Vecino, estaba yo cabeceando acá en el sillón, y a lo lejos vi algo en forma de lenteja color plata, que se bamboleaba como si se fuera a caer. De hecho decía yo, se va a caer, se va a caer, y creí que estaba soñando. Fijé mejor la vista y vi que se movía hacia acá, porque se iba haciendo más grande. Le juro que hasta escuché que zumbaba. Estaba casi a la altura de la antena (hay una antena con estrobo, para referencia de las aeronaves que se acercan al aeropuerto). Abrí los ojos y pude ver mejor a la cosa esa, que lanzaba destellos brillantes y se hacía cada vez más grande. Sentí que venía hacia mí, entonces me entró un presentimiento horrible y me encerré.

Hay quienes los han visto por las mañanas, pero son los menos. Otros por las tardes, y la mayoría por la noche. Las formas han sido varias y variadas. Triangulares, esféricos,  ovalados, discoidales, cilíndricos, entre otros que no alcanzan a ser definidos.

En estos últimos días, entre cuatro y las cinco de la mañana, han sido frecuentes los vuelos de estos objetos sobre mi barrio. Desconocemos la altura a la que vuelan porque desconocemos sus tamaños. De vez en vez cruzan aviones, que se distinguen porque vuelan bajo, acercándose al aeropuerto, y tienen las luces características roja y blanca, de estrobo. ¿Qué son? Pues objetos voladores no identificados (favor de no chacotear con alienígenas ancestrales ni teorías de antiguos astronautas… esto es serio).

Insisto, el patio de mi casa es particular, y no exagero. A estas alturas es justo que pida usted pruebas de lo que decimos, pero por desgracia no hay ningún registro. Solo sé decir que estamos cerca del Cañón del Sumidero y del Río Grande. Si usted vive fuera del territorio libre de los hijos de la Escocia chiapacorceña, levántese temprano o desvélese, y mire hacia el noroeste, rumbo a las referencias que le digo. Con suerte usted también pueda ver lo que yo, desde su patio… Por mejores cielos.

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