Cómo se pasa la vida: “¡Capusla!”

Hugo Montaño 1 comentario

“¿Por quién vas a votar?” Por Ya Sabes Quien, contesto. Mi curioso afecto abre los ojos con desmesura, sorprendido. Parece que he revelado un gran secreto, algo que se piensa pero no se menciona. “¡No jodas, no se dice!” Sus ojos van de la sorpresa a la conmiseración. Me ve como se ve a un condenado al quien le espera el patíbulo.

Recuerdo aquella tarde cuando se me ocurrió señalar con el dedo un hermoso arcoíris coronando el cerro Mactumatzá. “¡Ya te chingaste!”, me dijeron. “¡Se te va a pudrir el dedo!” Yo, perplejo, miraba mi dedo por última vez. Fueron días y días de vigilancia sobre mi dedito de nueve años, buscando alguna señal de descomposición. Uno de mis tíos me reveló “la verdad” de aquella maldición: “Se le dice eso a los chamacos para que no señalen, porque es de mal gusto, y como no entienden, se les inventa algo malo… por ejemplo, que se le pudra un dedo; así lo piensa dos veces”.

Después de esa revelación pensaba en otras frases dichas por mis mayores: “Ve al baño antes de dormir, porque en la madrugada el diablo duerme bajo tu cama, y te jalará los pies si te levantas”. “Si te peinas frente a un espejo cuando hay truenos, te caerá un rayo”. “No vayas ahí porque espantan”. “Si dices mentiras se te van a caer los dientes”. “Si comes mucho huevo te van a salir plumas”. Pero después de aquella revelación, me acostumbré a escuchar las mil y una maldiciones que caerían sobre mí si hacía esto o aquello, incluido los pelos en la mano y las orejas calientes, luego de tirarme un pedo.

Puede usted coincidir o no conmigo, de que las aseveraciones arriba mencionadas (faltan muchas más) eran (y aún lo son) una manera de educarnos en la infancia; pero hasta ahí. En la edad adulta eso es realmente absurdo… ¿Le cuento un cuento?

Capusla* es un pintoresco país dividido en dos grupos: lobos y ovejas. Los primeros trabajan en manada para su propio beneficio, con tareas asignadas y ejecutadas a cabalidad al amparo de una Constitución originalmente escrita por las ovejas, pero enmendada y remendada por los lobos. Los segundos, las ovejas… las ovejas… bien, gracias, comen y comen, sin cultivar su pensamiento (tampoco los lobos, pero ellos controlan Capusla). Un día una oveja (adivinó, negra) decide labrarse una ideología y de a poco se revela, no se deja intimidar por los lobos ni se resigna al conformismo. En otros conjuntos de ovejas aparecen otras negras, con ideas nuevas, destacadas en inventiva y creatividad.

Los lobos se han repartido, desde los remiendos, no sólo a las ovejas de Capusla, sino también las instituciones militares, políticas y religiosas. Éstas a su vez se las dividen en fracciones, que a su vez se las dividen en fracciones, que a su vez se las dividen en fracciones, bajo el estandarte de la libertad y de la democracia. Pronto se ven los lobos con todos los derechos y pocas obligaciones, y las ovejas con todas las obligaciones y pocos derechos.

Uno de esos derechos es el sufragio, y cada uno de los lobos candidato a sustituir a otros lobos, integra a sus discursos aseveraciones como: “Si eliges al lobo amarillo cuando llueva, te caerá un rayo a ti y a tu familia”. “No votes por el morado porque espanta”. “Si votas por el azul se te van a caer los dientes”. “Votar por el lobo naranja te dejará en la miseria”. “Si escuchas mucho al color verde te van a salir plumas”. Las ovejas, confundidas, manejan su miedo con democracia desde entonces. Salir a votar, o no salir, es su dilema.

Las ovejas negras, las menos, descubren que de los pocos derechos que tienen, está el de la libre expresión (pero nadie contradice a los lobos), la libertad de prensa (pero ninguno formula las preguntas importantes ni denuncia), el derecho a reunirse (pero nadie protesta), el sufragio universal (pero menos de la mitad de las ovejas sale a votar), en resumidas cuentas esos derechos son meros conceptos por falta de uso, más que un ejercicio.

Las ovejas negras, las menos, se dan cuenta de que tanto miedo e indiferencia se debe al descenso del nivel educativo, lo que provoca una decadencia en la competencia intelectual, lo que degenera en una falta de entusiasmo por un debate sustancial donde se privilegie el escepticismo. Entonces las ovejas de Capusla apelan a la memoria, de cuando abundaban ovejas sabiondas en ciencias naturales y sociales, donde no tenían cabida los lobos, quienes hoy siguen los rastros de debilidad, el germen de corrupción y degeneración que su astucia intenta mantener abierta para seguirla cultivando y mejorándola con su malicia, y continuar así gobernando Capusla… pero eso no ocurrirá de nuevo.

1 Comentarios
  • Luis Fernando Maza

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    Aunque se me pudra el dedo!! Votaré por ya sabes quién.

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