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Columnas, Necrológicas literarias,

Toledo: sin ti, y con vergüenza

Aparte del apellido, lo que eso conlleva (una especie de Ser juchiteco), me unirá siempre al enorme Francisco, la vergüenza. Resuena en mi cabeza ahora, y siempre que lo recuerdo, una maravillosa categorización que hace Ricardo Piglia: la mansedumbre idiota… Eso, era yo muy idiota; sí, pero en mi defensa debo decir que también era muy joven. De esto hace ya, al menos, veinte años. La hoy Secretaria de Cultura era, con decirles, la coordinadora de difusión en la universidad donde yo estudiaba (mi segunda carrera).

Columnas, Necrológicas literarias,

2×1 en el morir

El humo de un cigarro largo y mentolado envuelve el rostro de esa  “Mujer inconveniente “. Es Thelma Nava que con su voz de fumadora me habla de los poemas que leí. Va de la calidez del trato al -casi- regaño, enérgico y concreto, por algún aspecto formal del que no di cuenta, u omití. Y luego vuelve a la ternura, y pregunta por mí, por mi familia. Raquel me abraza y me susurra: ella no está tan bien. Estábamos en Minería. No me acuerdo el año, fue la última vez que las vi juntas, y la última que abracé a Thelma.

Columnas, Desde aquí,

Ser y estar aquí (y en otra parte): Diáspora: Narrativa breve en español de Estados Unidos

El país con más hablantes de la lengua de Shakespeare, y el segundo país con más hablantes de la lengua de Cervantes, es Estados Unidos. Y estos idiomas no se dan la espalda: se comunican, se alimentan sin perder su identidad, y acaso definiéndola. Viven no solamente en las mismas ciudades y las mismas calles, sino que viven, muchas veces, dentro del alma y la mente de la misma persona: ninguno de los dos va a desaparecer jamás.

Columnas, Desde aquí,

La poesía como resistencia

No quiero hablar aquí de lo que llaman poesía social— o sea, la resistencia como poesía— sino de la poesía como resistencia: el acto poético mismo como sublevación existencial, como declaración y ejercicio del dominio del individuo sobre su propio espíritu. Quiero hablar de poesía como acto intrínsecamente subversivo y necesariamente personal.La intrasferibilidad de la experiencia poética (hablo de leer poesía tanto como de escribirla) y la propiedad subversiva de la misma, han sido defendidas muchas veces

Columnas, Constelaciones,

Recordar

En el presente —que hoy pasa, y es, y fue—, aparece el tiempo como un despeñadero, precipitarse, caer en el movimiento de la inmovilidad, en el presente total que nunca desaparece, la única realidad que podemos sentir en el cuerpo. Recordar, entonces, significa recuperación hacia el presente. Vivimos en un “desmoronamiento silencioso” del recuerdo, como lo describe Salvador Garmendia: “…le pareció que ya no había presente sino la inmovilidad de las cosas llenas de un tiempo apaciguado y simple.

Columnas, Desde aquí,

La era de los seudónimos

Pensar es liberarse. Conocer es despertar. La expresión del propio pensamiento es la columna vertebral de todas las otras libertades posibles. Por ello, a pesar de los nuevos embates del gobierno mexicano contra la libertad de expresión y de protesta, no llegará —como el propio gobierno pretende— una era del silencio, sino una era de los seudónimos.A estas alturas de la historia es imposible retroceder al silencio. La realidad ha sido ya tan terrible y la violencia tan cruda, que el miedo sirve de combustible y no de mordaza.

Columnas, Desde aquí,

Poesía y equilibrismo

El poeta no conoce la verdad. No la conoce porque el poema no es una respuesta a sus preguntas, sino la cristalización de todo lo que ignora: la verbalización del misterio. La belleza del poema radica en su capacidad de articular la única certeza compartida y personal de los humanos frente al cosmos: la del no sé.Pero el poeta conoce las palabras. En ellas vive y ellas viven en él. Ambos se crean. La intuición es una cuerda tensa que va del silencio a la palabra y que

Columnas, Necrológicas literarias,

Violeta: el color de la nostalgia en los ojos de Samperio

Tras una borrachera de mil sitios, de madrugada, mi primo Julián y yo caminábamos en la colonia Del Valle. Yo era un recién llegado; Julián, un músico en busca de sus primeras grandes oportunidades (quién iba a pensar que tocaría la batería, años después, en uno de los programas más famosos de la tele, luego sería reemplazado por un fantoche apodado Rudi, que aguantó la denigración del conductor). Vamos a casa de mi tío, vive aquí cerca –dijo–. A mí me daba pena molestar a un viejo a esas horas nomás por

Columnas, Necrológicas literarias,

Réquiem para una coincidencia

La vida es una cadena de azares que te llevan a lugares insospechados, lugares hermosos (algunos) y otros aterradores.

Una novia que no va al teatro y tú, necio de vocación, te vas solo; sales de la función molesto por la pavada que viste, vociferando, y ahí, justo a tu lado, te planta una enorme palmada don Vicente Leñero, y te dice: te invito un café y me cuentas de tu enojo. Tú te cagas, quieres conocerlo en otras

Columnas, Qué triste no ser el Hombre Araña,

Roberto Bernal: un extraño en la multitud

Las hojas fingían la postura pálida de la tarde. Pero la luz las traspasaba: torcían la dirección de su movimiento. Atrás de ellas circulaba el aire del huerto, mientras imaginaba el caer del mango, su aproximación verde de primavera, y las lluvias que harían su cáscara amarilla.

Roberto Bernal

 La fotografía contemporánea –como la poesía– sujeta su libertad al protagonismo: historias breves y particulares de fama. Y es regla, eso me