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Tuxtla Gutiérrez

Narrativa,

Elefantes, cuento de Marcelino Champo

Una vez alguien que amo me contó que cuando las cosas no van bien, dibuja elefantes. “En la India —me dijo— la gente acostumbra a bañar elefantes como una especie de ritual para la paz o la prosperidad; y como yo no tengo ningún elefante a mi alcance, pues, lo dibujo”. Nunca me he dado a la tarea de averiguar si esa historia sobre la India es verídica, si por aquellos rumbos la gente tiene la costumbre de hacer aquel ritual con matices paquidérmicos, pero quiero pensar que así es. A veces es mejor una bonita ilusión que una realidad insípida.

Fotografía,

La arena no es para los dioses

Lejos de ser un mero espectáculo de masas, la lucha libre es un hecho social, campo nutricio del cual pueden surgir diversas lecturas e interpretaciones.Esta fue la perspectiva retomada por el fotógrafo Ariel Silva (Ciudad de México, 1984), creador de la serie Espaldas planas, conjunto de imágenes a color, en formato digital, a través de las cuales retrata las dimensiones social y personal de este deporte, practicado en forma amateur y semiprofesional en Chiapas.

Entrevistas,

Conversación con Fabián Rivera

Fabián Rivera es un joven poeta chiapaneco al cual he visto en persona muy pocas veces. Tres o cuatro, quizá. Pero esas pocas ocasiones han bastado para saber de su bonhomía, su amabilidad y su permanente obsesión por la poesía.  Siendo Fabián un poeta que además es periodista y un muy activo miembro del ambiente cultural chiapaneco, me ha interesado tener esta conversación con él y reunir algunos de sus poemas,  para ofrecerlo todo a los lectores de Carruaje de Pájaros.

Narrativa,

Tincho

Esa zurda era envidiable, amenaza constante en la portería adversaria. No era Platiní, ni mucho menos Maradona, pero las canchas del Seguro Social en la Balbuena no han conocido a otro jugador de ese calibre. Una saeta, un depredador del área. Hijo de panaderos, Agustín Ramírez Carbajal, alias Tincho, vistió durante tres temporadas la playera del Deportivo Santa Rosa en el campeonato local. En la década del noventa no hubo rival que no conociera su sello. Dotado de un gran carisma y de picardía en el drible, Tincho alcanzó

Columnas, Qué triste no ser el Hombre Araña,

Roberto Bernal: un extraño en la multitud

Las hojas fingían la postura pálida de la tarde. Pero la luz las traspasaba: torcían la dirección de su movimiento. Atrás de ellas circulaba el aire del huerto, mientras imaginaba el caer del mango, su aproximación verde de primavera, y las lluvias que harían su cáscara amarilla.

Roberto Bernal

 La fotografía contemporánea –como la poesía– sujeta su libertad al protagonismo: historias breves y particulares de fama. Y es regla, eso me

Artículos,

Una avasalladora fuerza de luciérnagas pasa quebrándonos el aire

Una mañana, uno de nosotros, al que le faltaba el negro, se sirvió del azul: había nacido el impresionismo, dijo Pierre-Auguste Renoir alguna tarde en París. Y así, la historia de la pintura se abriría como un abanico de colores, se plantaría como un escudo de armas. Nada volvería a ser igual. Desde aquel barquichuelo oscuro dándole de topes un sol anaranjado, hasta aquellas estrellas fundiéndose en la tela.

Columnas, Qué triste no ser el Hombre Araña,

El otro Spider Man (el origen de Chincho)

Para Gina

Dicen que tengo los ojos grandes, y me gusta tener los ojos grandes. Mi nombre, no importa; decirlo me provoca ansiedad pues quisiera ser otro, pero eso sí, conservar mis ojos grandes ya que eso me permite estar alerta. No creo en nadie, sólo en mi mamá y dicen que sí, tengo hermanos mayores que yo, pero no los extraño y mucho menos los quiero.

Columnas, Cómo se pasa la vida,

¡Cochi!

“Usted no es de acá”, me dijo la mujer mientras me entregaba los tacos de menudencia, cochito y camarón con huevo, en el quiosco ubicado entre Palacio de Gobierno y el Palacio Federal. Juré ser más tuxtleco que el pozol, criado en el barrio del Niño de Atocha. “Tiene usted cara de chilango, y su playera está chistosa” (chilango + playera chistosa = chilango chistoso). Volví a jurar mi “tuxtlecanía”, y de la playera también, con la leyenda: “Soy feo… pero sé cocinar”.