Poesía,

5 poemas del libro Cartografía universal, de Ronald Cano

Ronald Cano

En redes también conocido como Ronnie Hawkins. Es Premio de Cultura Ciudad de Itagüí (2007), y Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín (Prometeo, 2013). Es autor de los libros El Animalista, y Cartografía Universal. Ha sido traducido al francés por Solenne Lallia y Stephane Chaumet. Hace parte de la Antología de Poesía Colombiana del Siglo XX publicada por la editorial francesa L’Oreille du Loup. Ha participado en festivales internacionales de poesía: Medellín, Quetzaltenango, San Cristóbal de Las Casas, Val de Marne en París, Belles Latinas en Lyon, y Midiminuitpoésie, en Nantes. Es sociólogo, gestor cultural y fundador de la galería literaria La Mosca Luminosa.


Selección de poemas del libro Cartografía universal (2017)

Procastinator

Voy a inventar un objeto inservible.
Aéreo, etéreo, ridículo, que pueda llevar en mi bolsillo
cuando no quiera ver la hora.
De vez en cuando lo extraviaré para recordar
que su inocua forma no me hace falta,
que nadie lo extraña y que puedo reclamarlo cuando quiera
en la sección de objetos perdidos.
Voy a patentar mi suerte de invento banal
y cuando lo regale, la General Electric lo producirá en serie,
la Ford intentará copiarlo, Mc´Donalds lo querrá en su cajita feliz.
Será un objeto de humo, un objeto inconsciente,
una anti-máquina impersonal,
artificio inválido, artilugio desechable.
Así será, voy a inventar una cosa inservible.
Sin embargo, lo prometo…
Será tal vez mañana cuando abra el día,
sí, y solo sí, la herramienta es
esta pereza que no termina.

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Condena a la mano izquierda

Ahí está la mano adversa, miren cómo se retuerce,
observen el ademán sin culpa y su puño de sueño.
Si tan solo cooperara, si hablara…
Si renunciara a sus ideales rojos, si se declarara girondina
y no la mano incorrecta, la mano del dolo, la mano de la pobreza,
la mano de las uniones imposibles.
Se rehúsa, pide que la llamen “del pueblo”, con su dedo de pulga,
con su índice que apunta al cielo, con su corazón irreverente,
con su anular divorciado de todo yugo, y su meñique chato.
Pero es la mano de los héroes imperfectos
como todo lo que sale de esa mano:
lo que toca se subvierte, lo que toma se reparte,
lo que suelta se une. Por ella “Los colosos se disuelven en el aire”.
Y su longitud mide lo que miden todos los hombres juntos.
Y su magnitud comprende a todas las mujeres y sus luchas.
Es la artífice de la contradicción soberana
su caricia acecha con esperanza sobre los campos reaccionarios.
Ahí está la mano que hace de lo certero algo aproximado.
Ahí está la mano sin salvoconducto que llama a todos hermanos.
Ahí está la mano indocumentada que tomó el pan de la razón
para calmar el hambre de la duda.
Es la mano que se niega a la persignación,
el eslabón de la evolución fragmentaria.
Dice ser, la dignidad que le falta a los resignados,
y se le acusa de complicidad en las causas Humanas.
Ahí está, frente a ustedes, la mano izquierda.
Si alguien tiene alguna objeción
hable ahora o córtela para siempre.

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Fábula

Vivo dentro de una ballena, me alimento con peces muertos, algas marinas y aguazul. Voy por el horizonte dentro de una ballena. Atravieso el mundo a la velocidad de su aleteo y el tiempo es relativo cuando las mareas son altas; es necesario entender el corazón de una ballena. Escucho su canto, aprendo el lenguaje de los cetáceos. No preciso afán para salir de su boca, como tantas cosas pudieran salir de una ballena. No me interesa el sol, tampoco los días de playa, mucho menos si llueve, si es de día o si es de noche, no quiero volver a ningún lugar que no se parezca a una ballena. Por lo pronto, no estaré disponible en la oficina: deje su mensaje que luego lo responderé. Prefiero seguir imaginando que el mar sigue allí, que la ballena donde viajo, donde habito, no es la invención trasnochada de un mentiroso.

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Decálogo del oficio

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A Fernando Estrada

1. Tropezar contra sí mismo como el ciego que tropieza con su reflejo.
2. Escuchar las palabras que ladran silentes en la puerta de la imaginación.
3. Jugar ajedrez con las hormigas que se comen la hoja en blanco.
4. Escalar el último árbol y alimentar las metáforas que anidan en sus ramas.
5. Rumiar la idea imprecisa, nombrarla con el pensamiento, abrir nuevos laberintos.
6. Entender que el tiempo no es de carne y hueso como la mano que escribe.
7. Tumbarse día y noche sobre los signos gramaticales de la obsesión.
8. Parir una nueva voz, sopesar su aliento, incubar su eco en la punta del grafito.
9. Abrir la sombra y liberar al pájaro cautivo de la memoria.
10. Dejar volar el poema.

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Traspié

Al final, cuando alguien decide romper algo, si es que algo tiende a romperse, si es que se rompe de ipso facto, si la ruptura es inesperada o era de esperarse, algo se rompe y suena como suenan las cosas que se rompen,
algo se hace pedazos de una vez y para siempre.

Pero, cuando alguien se rompe, si es que alguien tiende a romperse como las cosas que se rompen, su imprevista fragmentación es sospechosa, imperceptible, como “un algo” intacto en la memoria, un segundo antes
de que alguien tropiece.

Entonces, es cuando el mundo cree que el corazón puede sobrevivir a una caída, que la amistad es un lazo, que el amor es una prenda de vestir, que la paternidad puede ser subrogada, que toda partida trae un nuevo camino,
que la vida no se rompe como una porcelana.