Por qué este blog

Un influjo parecido al síndrome de Estocolmo nos hace a veces amar a aquello que nos aniquila. Tras el diagnóstico, siempre funesto, de un cáncer que invade mis entrañas, y pasada la etapa patética de sentir anticipadamente que moría, comencé a querer a esa cosa que dentro de mí crece todavía. Como un año que comienza es siempre una puerta a la esperanza, decidí escribirle diariamente, durante este 2021, algún fragmento, a veces epístola de amor, a veces conjuro de aborrecimiento. Aquí comienza este muy breve agujero en el costado que abro con palabras, para que ustedes se asomen y lo vean a él crecer, como un niño sano en el claro del bosque que es mi cuerpo, y a mí, dolerme y sonreír, porque de eso trata estar enfermo, y dar a luz. 

Poema 30
Quisiera haber hecho de mi cuerpo un sitio inhóspito. Que a los …
Poema 29
Hay días en que me molesta la luz. No la soporto, me …