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Acervo de Poetas Chiapanecos: Fabián García Gómez

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Fabián García Gómez

Geografía del fuego

I

Si todo acaba,
que se haga con la memoria
una hoguera,
una huella oculta,
sólo conocida por el tiempo.

Si como el día
compartes la luz en otro hemisferio,
abre tu pecho al calor de las horas inútiles,
a la balsa de islas intransitables,
al espacio del olvido y la presencia:
ya verás qué tan oculto está
el presente olor de la tristeza;
y si acaso pensarme
te sumerge en el pabellón de las raíces
que se pudren,
ten en cuenta, muchacha,
que mi corazón cuelga
de un árbol que se cae.

II

¿Te habré visto?
Caminamos juntos, sin tocarnos:
casi espuma, casi mar.

¿Habré olvidado tu nombre?
Olas y días nos separan
conjugando un tiempo nuestro,
deshabitado,
sólo viento.

En el pecho,
en el jardín de las ausencias
que tropiezan con mi mano:
tú estás de paso,
corriente de agua dulce,
húmeda nostalgia
que se repite.

III

Sin hablar me propuse
dormir las horas de la noche.

No soñar,
los sueños entristecen.

Guarda silencio, me dije,
y ármate de valor:
toma el revólver y apunta.

A quién le importa fallar un tiro.

Me dije: no la nombres,
no vaciles.

Deja que duerman los recuerdos:
mañana habrá tiempo para recordarla,
para entristecerse un poco.

Ahora duerme,
cuenta charcos en tus sueños: uno, dos, tres.

Que no se empoce el amor:
que llore el amor:
mañana habrá pájaros abrevando.

IV

¿Soy el caballo o el galope?

Enrojecida por el mar en las montañas
mi alma cruza el viento:

manos se desvisten
al tejer
a lo lejos
un adiós
indescriptible,
interminable.

V

No la he visto en días
mar,
no la he visto.

He pasado del tiempo
a la inmovilidad
y esta pena pesa,
porque no he visto su aroma
en mis manos,
ni he topado su mirada
en mi boca.

Este morir,
este vivir,
tiene el aire de los campos
después de la lluvia,
uno quisiera quedarse apretado
a la tierra
y estrechar los labios
contra el frío.

VI

Haces bien en quedarte callado,
haces bien.
Pues en la noche sólo escuchan
los que no están y lo saben todo.

Haces bien en derretir tu apetito
sobre largos rostros jamás pintados.

Obras con fe al permanecer
dentro de la balsa
cuando tu signo persigue las estrellas
y las olas.

Haces bien en permanecer junto al fuego,
en la hoguera después y después en el polvo.

Que nadie escarbe en ti las horas abatidas,
que nadie diga que fuiste mendigando
la pobre y desconsolada suerte,
que nadie hurte los trozos de pan
que compartieron contigo,
que nadie beba de ti
ni ultraje tu memoria.

Haces bien en quedarte callado
corazón,
hoy que la tristeza
se derraman.

VII

Las puertas se abren, corazón:
una dicha, insoportable,
abreva en el pecho.

Por estas puertas pasa el mundo:
hombres que blandieron la espada
aún en la derrota.

Aquí el frío sabe a fuego:
sólo majestades de polvo se levantan.

Por aquí pasan las ausencias:
todo es horizonte azul,
más azul que el azul de las montañas,
o más oscuro y remoto
como antes de haber nacido.

Sólo una vez se abren las puertas:
queda dentro el último espejo de la carne:
estrechas alas cantan a la lluvia
y al relámpago.

Por aquí anda el sueño navegando
en el suave oleaje de los mares:
en la espuma de una playa
que terminó su tiempo.

VIII

Por estas puertas pasa el tiempo,
los conjuros que se han hecho eternos,
las voces que se lapidaron.

Por aquí el tiempo abre las puertas
y las cierra,
como abre o cierra el cielo las plegarias.

El tiempo nos ha dado sepulcros,
epitafios crudos como la carne,
y también latidos tiernos como la hierba.

Por estas puertas pasa el tiempo:
el viento envejece,
nos arrastra en su corriente de siglos,
donde no hay puertas cerradas,
ni casas,
ni tumbas.

IX

Vamos muerte por estos días
a convencernos de polvo a polvo.
Vamos a conjurar los ríos de sal
y a poner el corazón sobre la mesa.

Que sea tu hogar mi boca
y en el nido de fuego abrace mi lengua tu cuerpo.

Que haya culpa, perdón y olvido.
Que tome mi pecho por asalto el color de la sangre
y pinte con ella el eco de los muertos:
el enjambre de puertas que cierran a cualquier hora,
que olvidan a los vivos en el frío de los mares.

X

Cuando se cumpla y quede por verdad tu rostro
y el mío reflejados sobre la geografía del fuego,
y la noche cumpla, también, su verdad,
y deje tras de nosotros el alba plena, sin marchitar,
y cada puerto no esconda su rubia cabellera
y nada quede por fingir,
ni la gracia ni el perdón;
cuando al fin olvides y olvide, y bajo tiempo
tu corazón y el mío retoñen, entonces,
dueña de todo y nada, volveré de mi viaje
y en tierra mis ríos han de florecer.


(Comitán de Domínguez, Chiapas, 1985). Maestro en Sociedad, Pensamiento y Lenguaje; especialista en lectoescritura; licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana, y licenciado en Filosofía. Ha publicado Motivos secundarios y Vamos a darnos en la madre, poesía. Alguien debe pagar los muebles, Cuento. Memoria, la metáfora, y La generación del Ateneo, ensayo. Está antologado en Universo poético de Chiapas, Círculo de poesía, Memorias del nocturno dolor y Cofre de cedro. Obtuvo el primer lugar, a nivel local, de los Juegos Florales de su ciudad natal en el 2020. Actualmente es moderador del Café filosófico Comitán.