Acervo-Chiapas,

Acervo de Poetas Chiapanecos: Raúl Vázquez Espinosa

Raul_Vazquez

LOS SUCESOS INTERIORES

El grito del cuerpo es éste: no tener hambre, no tener sed, no tener frío.
Epicuro

[Versión de José Vara]

—Nací con hambre, sed y frío. Esa es mi condición natural.
Este cuerpo grita, pero no abandona el hambre, la sed, el frío.
(Polvo mercurial. El mundo se termina cada día.
Nos golpea con su cauda).
Somos una singularidad. La música verbal con que dios confunde nuestros oídos.

Un momento de silencio, acto de recuperación, síntesis de la espera; brevedad de los espacios convulsos: habitaciones, encierros interiores, cavernas. Habitamos los espacios con la tímida voz del hombre moderno. Pero añoramos la fiesta de la victoria, el orgullo de la ciudad, la honra de la familia. Dónde está la risa del hombre antiguo, está en el origen y nosotros no podemos volver a él.

Cuáles son los atributos de la felicidad: la perfección, la bondad, la belleza.

Y, sin embargo, el hambre, la sed y el frío, son también sus atributos.

FRAGMENTOS DISCONTINUOS

I

Él pertenece al silencio,
al prado mortecino en que dejó
la rutina de la inocencia.
Pertenece a cierta música
que ha perdido su vigencia,
a la soledad de los lápices,
al tiempo que como los libros
antiguos, arde lento y con paciencia.

II

Escribo con palabras que no tienen cuerpo
y, sin embargo, son carne. A diario el tumulto
de la noche devora la materialidad del sueño.
Yo no quiero luchar con espejismos.
Agonía de los ojos, vacío de las horas.
Hay una nostalgia que pulsa la intensidad
más leve, nostalgia que se confunde
con el insomnio. Escribo porque respirar
es, a veces, una representación
del equilibro y la orfandad del lenguaje
una realidad punzante. Desde el tacto de Dios
me cobijo en la inmaterialidad destinada al silencio.

SINORILLAS/ARTAUD/LOPHOPHORAWILLIAMSII

No soy yo del todo que soy este cuerpo.
Artaud

Artaud el pagano ha roto las orillas. Ha dejado caer los cuencos. No es un dios de las alturas quien ha de estrangular las huellas de tus huellas. Será telúrico el arcano que te devolverá entero a la oscuridad y al silencio, la noche.
—Bajo el peso de tu voz tomo de tu miseria los despojos; si uno el punto A con el punto X el resultado no es el un cuerpo; soy el agotarse de la respiración: tendones que se rompen en el tejido de las manos: heredero de lo efímero, la palabra eternidad, sin embargo, me contiene. Soy el desierto; he soñado el fin, yo vi la zarza ardiendo, yo he visto la lluvia totalmente impura, completamente.

……………….«He de tomar de aquí lo que no me corresponde».

No hay orillas/ las he roto. Los espacios, somos una isla primigenia, el todo que gobierna el movimiento. No soy el jefe de todas las cosas. “Te unes a la entidad sin Dios que te asimila y te engendra como si te crearas tú mismo, y como tú mismo en la Nada y contra Él, a todas horas, te creas.” He dejado, entonces, el cuerpo pronto en la danza que no es más el vibrar de la tierra sobre mis pies. Es el canto de las voces que no nacen, la planta que me habla y me define, me hace un sintagma sin pies ni cabeza; el elemento de la hierba, el cauce de un río sin movimiento. El peyote no fue hecho para mí. Qué dios creador ha trasfigurado la planta en un ser que dicta lo que soy y lo que nace de mí. “Doblez inteligente de espíritu”. He perdido todos mis espíritus, he sido arrojado al silencio de las orillas, las he desdibujado, no hay más orillas que me acerquen a una isla; he sido borrado en el abismo. He soñado yo también con la orilla imposible; he visto el fuego transmutado en acto; acto de furia, acto de las vacilaciones. Qué es la belleza sino el espanto de un sueño imposible; la danza en su posibilidad total de carne y Niño-Rey que se piensa en mí, como un recién nacido de mí mismo, imaginaciones que el orbe despedaza, que el orbe trastorna. El sueño de un golpe tirano, imaginaciones que dictan cuevas, luces, respiración, miedo, voces que en la espesura me dejan inerme, tan pequeño como el paso trémulo del sonido en minúsculos mundos vegetales. Veintiocho días de sueño, veintiocho cantos que perenes me arropan. Es un círculo en donde la historia del mundo se totaliza, desierto en el cual la nada se mueve, la suspensión y el caos, la inmovilidad y la creación. En el círculo nada entra, el vuelo es muerte, la fertilidad insuficiencia; ahí nace el mundo, yo lo invento, yo soy la negación de todo lo que existe, me adentro al círculo de la oscuridad. “Porque este adentrarse en la enfermedad es un viaje, un descenso para VOLVER A SALIR AL DÍA.”

……………….Artaud el pagano ha roto las orillas.
……………….René Char : «Qui est Artaud?» à cet épi de dynamite dont aucun grain ne se détache,
Pour nous, rien n’est changé,
Rien, sinon cette chimère bien en vie de l’enfer qui prend congé de notre angoisse.

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LAMEMORIA COMONACIMIENTO DELOSDIOSES

El silencio es la mediada del tiempo. La resistencia.
……….EL fuego se transmuta en energía. El sonido en aire.
……….De qué se acordará la historia. De sus agravios. De sus caídas.
……….La escritura es sólo un intento de recuperación.
……….Pero el libro que la alberga está en el cuerpo.
……….Así me recupera la memoria. Imagina la voz tutelar que me precede.
……….Sueño en el momento de fijarla en letra. Hay dioses que nacen en la historia personal que traigo a cuestas. Seres que me fundaron. La memoria es el hilo que no rompe con la creación, pero se resuelve en la voz pulida de los días).

……….Quién golpea el ritmo monocorde de la memoria. Quién debe sanear las huellas calcáreas en el tiempo vertical. El combate es en el diario nacimiento de los dioses.
……….Para salir hacia el sueño con la voz de profeta y más tarde pedir el descanso que el desierto nos niega; porque el lenguaje en su lejanía se pierde, es lo no pensado, pero sí vivido en donde se resuelven todas las contradicciones. Porque quien sueña sólo con el comercio de la música terrestre nos priva del regreso al silencio. No hay prohibición. No hay destellos que arrojen sus cuerpos manumisos. La espera no es lapso, es un estar en calma, es habitar el calor del día, el resguardo de las horas en que el mundo nos golpea.
……….No es la memoria la que nos recupera, somos nosotros los que en su mentida ingenuidad suponemos que hay dioses en los rincones, en la holgura del mundo. El recuerdo es una herida. Un grito y del mismo modo, un canto que se estrella en los resguardos de la calma.

(Este día me atreví a bautizar a mi semejante,
pero no era como yo, era casi atemporal —inexistente.
Algunos dicen que era un dios. Yo dejé que el agua tocara su rostro. No juzgaré su procedencia. Era un ser tan frágil como nosotros.
Un dios, tal vez, para la memoria de la tierra).

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PANTONE301C: ENSAYOS

Según Eliot Weinberger un chamán wixarika identificó al Pantone 301C como el tono del azul sagrado. Un venado azul que sirvió de guía para llegar a Wirikuta es el depositario de ese azul sagrado. El azul es, lo digo arbitrariamente, el color de los dioses. Por lo menos, de los dioses que a diario creamos. Aquellos que vemos resplandecer cuando respiramos en medio del cansancio.

§

El azul es el lenguaje de la bruma. Es una instancia de la creación, es el regreso al silencio, la oscuridad y la calma. El comienzo sagrado de todos los instantes presentes.

§

He estado con la voz azul de la escritura, la mirada del tiempo que no deja de ver intensamente. Por ahora, la grafía es el refugio para cubrirse de la tempestad. El calmo verbo de la sanación. Se perdió el habla de la tierra. Hay que recuperar, entonces, el silencio y la mirada, para nacer el habla de la tierra.

§

Al final, no son los signos los que empujan lo dicho en el viento que habitamos. El azul de las creaciones es un color que se manifiesta en sí mismo; el espacio de lo sagrado. Ya lo dijeron, es el espacio de lo indecible, lo que no está en lo expresable; dejemos, pues, a la vivencia del azul la respuesta a la pregunta: ¿qué significa todo esto?

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TRATADODELANATURALEZA

(He caminado por tierras que no me pertenecen. Sin embargo, la tierra ha estado en mi cuerpo.
La he llevado sobre mí como la carga que nunca dejo.
Yo no medí el cosmos, ni entendí el álgebra de las proposiciones indecibles. Guardé para mí la música verbal de las cosas.
Las pausadas voces de la holgura.
El sueño de la sencilla felicidad que no disputa con la naturaleza su diferencia. Guardé para mí el azul del venado, la bruma, la niebla y los silencios.
Pero sí entendí la estadística del cosmos, el álgebra de lo indecible, el acto diario repetir los lenguajes formularios).

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LASTRANSMUTACIONESDEL FUEGO

el inicio, el regreso de las sombras,
el abrazo de la energía, los callados
márgenes del medio día, la calma,
la oscuridad, el mar suspenso, suspender la
edad moderna
desde la nación de los condenados,
la desmesura del sonido, el grito
metálico, la llama artificial del tiempo
en las calles, la movilidad del espacio;
borrar el rostro, formarlo, darle sentido
en la inmovilidad, en la bruma, el
rumor del viento solo,
la felicidad del hombre antiguo, ciertos tonos,
el habla de las cosas, la salvedad de la incertidumbre,
el reino de los días, el sueño del profeta, el sueño sin
más, los ministerios de la niebla, el acto en que
las conjeturas se pierden, los caminos desdibujados de la
existencia,
los ríos, los afluentes, los vertederos, la buena fe
inmutable, la cueva lustral en que el lenguaje se
aparta, los signos ortográficos, los actos volitivos,
la respiración, la sangre, el tacto, la proximidad,
temas que recuperan los misterios, notas al
margen, ideas, peces, el sistema numérico, las
proposiciones indecibles, el cálculo de la edad
del universo,
la materialidad de lenguaje, su negación, su
afirmación, la imposibilidad para callarse, la música
verbal
de los objetos, los sucesos interiores, el
tacto, la recuperación, la sanación de los
enfermos, su vacío, su envejecimiento, su
miedo,
el caer de la voz donde no hay “atrás ni adelante”,
la existencia del regreso, su finalización y su principio,
la enumeración de los elementos de la noche, la
articulación de los espacios solitarios, el silencio,
siempre, el silencio

(Polvo mercurial. El mundo se termina cada
día. Nos golpea con su cauda).

—No dicto, entonces, la escritura del silencio.
Yo sólo enumeré sus espejismos. Es la sencilla
ruta de las aves, lo que apresa mi sentido, la
migración de los nómadas, el sueño imposible de
las plantas.
No llevo conmigo mi destino. El destino es
actividad. Es la bruma que transmuta el fuego en
energía.


Raúl Vázquez Espinosa (San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 1981) es doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Teológica de Chiapas. Obtuvo el segundo lugar en los Juegos Florales Raúl Garduño en 2004, así como la mención académica por trabajo de posgrado en 2018, otorgada por la Universidad Autónoma Metropolitana, por su trabajo El yo como sistema: el ensayo literario-filosófico en Alejandro Rossi. Autordel libro de poesía Dalton, al absoluto de la caída (Editorial Surdavoz, 2019).