Acervo Coahuila,

Acervo de Poetas Coahuilenses: Iza Rangel

IzaRangel_

(Saltillo, Coahuila, 1997). Es estudiante de la licenciatura en Letras Hispánicas y del diplomado en Arte Dramático en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. En 2019 obtuvo el premio nacional Dolores Castro en la categoría de poesía por su libro Envilecidas como hienas miramos la espesura de ese cielo (2019). Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el periodo 20-22. Textos de su autoría se encuentran en las antologías Ese gran reflector encendido de pronto.Antología general de poesía de la diversidad en México. 1919-2019 (2021), Los nombres del mundo (2015) y Cartografía a dos voces (2016).


II

Construimos un cuarto
tú y yo hicimos el techo con nieve seca
mi abuelo instaló la luz
en el cuarto de al lado
mi padre se prendía fuego
una lámpara entre cuatro paredes blancas
escuchamos al ministerio público
a los forenses
el murmullo de la muerte
yo dormía
tus manos guardaban mis oídos
mi padre incendiado hizo casa entre las sábanas
cubría su cara
así perdió la nariz los ojos
de este lado
tú llamabas arrullos a los gritos
y tu caricia salvaba mi infancia
encendías la luz como los días
tu boca:
lo más bello lo que uno ama
mi padre tiene piel de cocodrilo
y sólo tú sabes cuánto miedo le tengo a los reptiles

III

Estas fieras que sonríen agrietando el azul de los muros
tocan lo que matan
se dicen amor entre los dientes
se desbordan
al desprenderse de sus dedos
y dislocarse la capacidad de pronunciar
el alfabeto bajo el agua
por el pasmo de sus bocas como niñas frente al mar
cuando se tocan
y la asfixia por la contracción
que se escurre por sus muslos como almíbar
ante el caer de su carne en paredes
lo demás no estuvo vivo nunca

RECIÉN ME RECARGUÉ EN SU ROSTRO
el cuerpo de mi cara
se desfiguró
una botella de plástico a la distancia
del cuerpo que cambia
dentro/más allá de él mismo
sobre la llama
los cerillos en la punta de los dedos
el fuego
que hace arder por todas partes
diría yo: Están muriendo en mí los otros
desde aquí la mano en el pecho
mido el dolor de este mundo
Esto queríamos decir
todo lo que amé se muere conmigo
Mutilar a quien se toca
retorcer de versos
tanta metáfora
llenar de pájaros y flores los poemas
al pasarlos por tu lengua
todo siempre parte de un mismo canto
marchitar y tocar las plumas
la punta de las alas cabellera oscura
para acariciar y trenzar
Porque ¿cuándo has visto
los cuerpecitos de los pájaros
podrirse en las banquetas?

PAPÁ TÚ DICES NO HAY MUCHO QUE VER
pero siempre me acompañas
y yo digo que nunca pensé en el terror que quizás también sentías al mirarte
ni en la tristeza que siempre te mantuvo suspendido
que nunca pensé en los objetos colmados de miedo
contemplándose en la luz que desprendías
ni el calor que por momentos los iluminó
que nunca pensé en las constelaciones que se derramaban por tus ojos
más allá de la noche
ni en la forma en la que solías detenerte a mitad de todo
y sonreír
que nunca pensé en la estrechez del cuarto y lo inmensos que éramos al encendernos y apagarnos
ni en lo mucho que contábamos cuando yo aprendía
a seguir tus pasos y tu mano me sostenía de caer
en ese tiempo no existía pequeña tan pequeña como la que ahora soy
porque nadie nunca había llegado hasta ahí
y yo era para ti toda la vida todo
el amor y la ternura
a cada paso
y cada yo una extensión de ti
que por momentos creías reconocer

LOS PÁJAROS NO SABEN MÁS DE LO QUE MUESTRAN
ésta soy yo al pie de la letra:
la que ama tiene hambre
ingiere a sus presas por completo
para después regurgitar
los huesos
la carne
la piel
el sol enmarañado en tu cabello
y la luz que se cuela por las sábanas
el tinto sabor a molusco
y la exhalación de nuestras uñas
desprendiendo sus raíces
la que ama
no sabe más que devorar

PADRE ¿DÓNDE CABE EL AMOR Y LA MEMORIA DE ESTE CUERPO?
sé que en otra parte escondes tu figura debajo de las sábanas
que nadie jamás te habló de la claridad
del calor y la ternura
que no aprendiste a sostener el mundo
que el cuarto era pequeño y la fuerza de tus brazos muy poca
que encendido corriste en la azotea
que tirado en el suelo preguntaste por mí
Padre te observo desde la ventana
y quizá si otros fueran mis ojos
te hubieras detenido
sólo sé que el amor presente aún tiembla de miedo
ante la lucecita de tus ojos
que al pronunciar mi nombre
dicen
se te quebró la voz

SOY TAN COSMOS
que tanta nada
se recarga en mí
dijiste sosteniéndome
y yo extendía la sábana sobre nuestras cabezas
seguramente
el mundo seguía tras la puerta
no te levantes
no te levantes ahora que tenemos fosas de estrellas
iluminando el filo de tu espalda
espera
porque el amor es un animal tan mutante
con tantas divisiones posibles
el amor es una hidra
que cabe en el bolsillo
una parcela de tierra
y envilecidas como hienas
aves de rapiña
miramos
la espesura de ese cielo
que aún no se quiere ir

Selección poética del libro Envilecidas como hienas miramos la espesura de ese cielo.

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