Balam Rodrigo es una de las grandes voces en la poesía mexicana actual. Nacido en Villa de Comaltitlán, Soconusco (11 de octubre de 1974), tiene libros notables como Marabunta, Libro centroamericano de los muertos y Machete sin hoja al que le falta el mango (2023). Ha sido, además, merecedor de una gran cantidad de certámenes literarios: Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2011, Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2014, Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2017, Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2018, Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón 2023 y, recientemente, el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2024 por su obra Kraken.
Hay, sin embargo, dos grandes vertientes en la poética de Balam. La primera, acaso la más conocida, es la que dedica a la defensoría de los migrantes. Aquí cabe poner, destacándose, a Marabunta y al Libro centroamericano, pero también su El tañedor de cadáveres, en el que, si bien no aborda el fenómeno de la migración, sí tiene rasgos formales y tentativos (dar cuenta de las condiciones de vida deplorables) similares. Desde una poesía testimonial, estos libros tienen ecos de Bañuelos, con su Espejo humeante, Roque Dalton, Neruda y su sección del Canto general, «La tierra se llama Juan», hasta las odas griegas que compusieron Píndaro y Baquílides sobre las victorias de los atletas.
La otra quizás convendría denominar metapoética: Iceberg negro, Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles), e, incluso, Áspero clamor de cuerda rota, que dedica a la vida de Gilberto Owen Estrada, y El mazo del tahúr, en el que dialoga con autores consagrados de la literatura como Alfonsina Storni, Federico García Lorca, Miguel Hernández o Góngora. En estos podemos ver las preocupaciones del poeta respecto al oficio y la creación literaria, así como indagaciones desde y hacia la poesía, que reflejan, de algún modo u otro, el mundo tras bambalinas del resto de sus libros.
Hay matices, claro está, que serían mejor descritos por un estudio que, por profundo y extenso, repare en la obra entera del poeta (a la fecha); no es el propósito de esta breve introducción.
La siguiente selección fue hecha con motivo del 50 aniversario del poeta, a quien festejamos.
20° 30’ 21.2’’ N 99° 52’ 03.6’’ W-(SAN JUAN DEL RÍO, QUERÉTARO)
Era oscura como la tierra, más alta y más bella que todos los árboles
de Honduras. Mi vecina y yo migramos a México entre sombras.
Atravesamos este país ardiente como vacas
que pasan por los cuchillos del horror segando labios,
tajando lenguas, hincando los cereales del dolor
en todo lo que tocan; subimos a las góndolas del tren
mascando los alcoholes del hambre y de la sed,
ocultas por las gasas del miedo que todo lo oscurecen;
luego el deseo de no volver, de no mirar ya nunca, atrás.
Sufrimos los tormentos de los hombres, su crueldad florida,
su repetida guerra que apuñala nuestra luz, la herida.
Así, violadas, aniquilan la flor de nuestra risa.
No queda más que seguir las reglas del tormento,
pagar kilómetros de rieles con jirones de cuerpo.
Y nos acostumbramos a la víbora de los cigarros en la piel,
al puñetazo de los bárbaros en la quijada, al veneno seminal
eyaculado entre las piernas por los débiles del amor,
precoces a la hora de matar, impotentes que lloran por las noches
y no descansan ni sueñan. Esclavas de la usura, abandonamos
desde siempre nuestros cuerpos a la infamia, y apenas niñas,
acostumbramos la carne a la música yugular de la violencia paterna,
a las heridas materas, a la explotación hermanal, y aquí,
en nuestro éxodo por México, nos secuestra un huracán de suicidas
para apaciguar su sed en nosotras, para mercar con nuestro sexo,
y sin lástima mutilar nuestros pechos mordidos y así los pechos
de sus madres para luego vendernos y olvidarnos en jaulas
de pequeños dioses proxenetas que se beben la sangre de un trago
y sorben la médula, y erigen llamas en su altar de rabia
en el que adoran ídolos de llanto, de muerte, de poder.
Amanecí con la luna reseca, como un ala que agoniza
entre pinzones muertos. Sólo me queda el recuerdo de Atlántida,
mi casa, pedazo de mar en la garganta del Caribe, azúcar de Dios
besándome cabellos en la arena; pero también allá deambulan
los fantasmas violentos de mi padre; él, sumido en el alcohol,
vendió a sus hijas a la prole de los desinhibidos. Pájaros ahogados
en el lodo, así mis asesinos con ardor en el orín y con testículos
mordidos por la brama, su sed de destruirlo todo con el filo de un machete
que siega los miembros de los ángeles, las manos y la yugular de Dios,
y, ay, la mía, cetrina y olvidada entre la muchedumbre de las plegarias,
rogando en cada estación la misericordia de la migra, de la policía,
del narco y la mara, la compasión de los compañeros de camino
quienes ofrecían mi sangre para ofrendarla a la lujuria de los otros,
y salvarse; les rogué que ya no nos violaran, que no sembrarán más
su asco ni la mierda de su ser en nuestros vientres. Estéril esta tierra
que me sepulta, estéril este país y su cruel fardo de hombres que viola,
mancilla y descuartiza a las hijas inocentes de Centroamérica
y las exhibe sin pudor en sus vitrinas aquí en los prostíbulos
de San Juan del Río, Querétaro, para que sus hijos, proxenetas también,
compren la carne del dolor y nos masacren en los mismos lechos
donde los arrullan los paternales y erectos falos que violan sin descanso
a sus propias madres.
Libro centroamericano de los muertos
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ME GUSTA SABER QUE
Me gusta saber que, en ciertas ocasiones, tengo el eco numeroso del mar entre los labios, la dulce lentitud de las bestias atravesadas por la ira y el torpe sosegar los ojos entre arcángeles y azules témpanos donde afilan su lengua los pájaros boreales. Y me gusta saber que, en sólo una ocasión entenebrada y última, he de gustar del beso niño de la muerte.
Iceberg negro
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COSEDORAS DE BALONES DE FUTBOL (CHICHIHUALCO, LEONARDO BRAVO, GUERRERO)
[fragmentos]
Nos enseñó a remendar el hambre y la necesidad
………con las chatas agujas del oficio.
[…]
Finalmente queda lista y completa la hija de gajos
para entrar en las faenas de la cancha
………y derramar las lágrimas
………de la victoria o la derrota;
pero las cosedoras de balones perdemos siempre
………sin jugar ningún partido de futbol:
………cosemos cinco o siete balones por día,
………ganamos diez o trece pesos por cada uno
………y apenas si evitamos las constantes goleadas
………que nos atiza el hambre.
[…]
………Los únicos rocines que relinchan
………son los del hambre que lo arrasa todo
………montada en la bestia de la miseria
………que marcha en estampida
………por las calles de nuestro pueblo
………y se pierde entre cerros y barrancas.
Casi nunca me lastimo los dedos al coser balones,
pero hace dos años la desaparición de mi hijo
me aguijoneó el corazón con la oxidada aguja
………de la desesperanza.
[…]
Pero las sombras del silencio patean
………la esférica imagen de mi hijo
………que se deshace pronto
………como un balón hecho de niebla.
Y todos mis sueños se apagan sin hacer ruido alguno
al igual que todas las personas que aquí desaparecen.
[…]
Alimentar fantasmas con la oscura leche del recuerdo
y la esperanza de quien busca al menos
una parte de los suyos en cualquier sitio:
………gajos de un balón despedazado
………por la insaciable jauría
………de los amos del miedo.
[…]
El corazón del hombre es un balón desmadejado,
………sin sangre, yerto y volteado por envés
………para ocultar su lado enfermo
………y disimular con las costuras sus defectos,
………para esconder la perfecta redondez de su odio
………con suturas, remiendos y nudos podridos
………que unen sus gajos muertos;
al terminar de costurarlo volteamos al derecho
………el siniestro corazón
y llenamos su eterno vacío con la inútil e inflexible
………cámara del ego y el orgullo,
lo inflamos con el aire oscuro del llanto
………y lo echamos a rodar
………por las llaneras canchas de la vida
………hasta que revientan de nuevo,
………despedazado por los duros puntapiés
………de la pobreza y la realidad,
………por los golpes de los efímeros objetos
………y el trallazo del eterno sinsentido,
porque la muerte, siempre zurda, no juega en los potreros
………ni partidos callejeros con los hombres;
la vida es el mayor lugar común de la existencia,
………no la muerte:
………vivir es un ridículo autogol.
[…]
Denme hilo y tiempo suficientes y coseré los rotos pedazos
………en que se encuentra el mundo.
Zurciré el dolor, costuraré las heridas abiertas,
volveré a dejarlo sin grietas ni aberturas,
con su tierra verde y circular y su mar esférico.
Coseré de nuevo el desmembrado cuerpo del mundo
—desinflado balón pateado por la crueldad del tiempo—
hasta que quede nuevamente redondo, liso,
y Dios lo eche a rodar de nuevo sobre la interminable
………cancha del silencio:
………aquí volveremos a patearlo
………hasta romper todos sus gajos,
………hasta desaparecerlo de una buena vez
………y por completo.
El tañedor de cadáveres
.
C) GRAFÍA EN UN PAPEL AMARILLENTO , SIN COLOFÓN , SIN FECHA NI TIRAJE , LLENO DE ERRATAS AL UNÍSONO DE NUESTROS LATIDOS , AQUÍ , HENOS :
no terminas de escribir porque no terminan
de escribirte , y , mucho menos , de leerte .
¿ cómo danzar y saltar de una línea a otra
– personas , cosas , recuerdos , casas , memorias –
si estamos sujetos a las leyes de la ( des ) escritura
del Otro ? ; por ello soñamos rostros , ciudades ,
amados nunca vistos y tantas cosas misteriosas más ,
aquí , en estas páginas apenas acabadas que no son
sino el borrador de un eterno guion absurdo
y jamás representado ; no hay locura : hay locos ,
los profetas y los niños – y algunas mujeres , e incluso ,
algún perro – son poesía y no narrativa o recetarios
donde Dios ensaya su escritura con nosotros
( si buena suerte hemos tenido ) y cuando no ,
somos apenas nota al pie de un bosquejo errante ,
consonante minúscula en una ficción nómada
o acaso , punto menor y final como el que sigue : .
(ése soy yo : yo : lo dijiste )
Icarías
.
INSOMNIO DE LA MUERTE
35
Los días que vienen se revuelcan como un reptil herido.
(Bebo un agua de cuchillos afilados.)
Ríos de obsidiana corren cegando peces en su euforia.
Lleno mi boca de palabras y escamas,
y una hesitación de pájaros
me tiembla en la quijada.
Enciendo una fogata inmensa
con los miembros de los amputados,
con la sangre y el dolor de su tortura.
Enjuago mi garganta en los rescoldos de la pira,
y un tapir agitado resuella en mi interior.
Ahora mi hocico es de fuego,
y en la batalla, salgo refulgente y bendecido,
por la lumbre de sus coces.
Pájaros labran el amanecer de la frontera,
quimera que me acecha como un perro
hasta que alargo el incendio de mi lengua
venenosa e insepulta:
que todo el mundo migre adonde quiera,
porque la libertad no tiene nombre.
Marabunta





