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Columnas, Desde aquí,

Poesía y equilibrismo

El poeta no conoce la verdad. No la conoce porque el poema no es una respuesta a sus preguntas, sino la cristalización de todo lo que ignora: la verbalización del misterio. La belleza del poema radica en su capacidad de articular la única certeza compartida y personal de los humanos frente al cosmos: la del no sé.Pero el poeta conoce las palabras. En ellas vive y ellas viven en él. Ambos se crean. La intuición es una cuerda tensa que va del silencio a la palabra y que

Columnas, Necrológicas literarias,

Violeta: el color de la nostalgia en los ojos de Samperio

Tras una borrachera de mil sitios, de madrugada, mi primo Julián y yo caminábamos en la colonia Del Valle. Yo era un recién llegado; Julián, un músico en busca de sus primeras grandes oportunidades (quién iba a pensar que tocaría la batería, años después, en uno de los programas más famosos de la tele, luego sería reemplazado por un fantoche apodado Rudi, que aguantó la denigración del conductor). Vamos a casa de mi tío, vive aquí cerca –dijo–. A mí me daba pena molestar a un viejo a esas horas nomás por

Columnas, Necrológicas literarias,

Réquiem para una coincidencia

La vida es una cadena de azares que te llevan a lugares insospechados, lugares hermosos (algunos) y otros aterradores.

Una novia que no va al teatro y tú, necio de vocación, te vas solo; sales de la función molesto por la pavada que viste, vociferando, y ahí, justo a tu lado, te planta una enorme palmada don Vicente Leñero, y te dice: te invito un café y me cuentas de tu enojo. Tú te cagas, quieres conocerlo en otras

Columnas, Qué triste no ser el Hombre Araña,

Roberto Bernal: un extraño en la multitud

Las hojas fingían la postura pálida de la tarde. Pero la luz las traspasaba: torcían la dirección de su movimiento. Atrás de ellas circulaba el aire del huerto, mientras imaginaba el caer del mango, su aproximación verde de primavera, y las lluvias que harían su cáscara amarilla.

Roberto Bernal

 La fotografía contemporánea –como la poesía– sujeta su libertad al protagonismo: historias breves y particulares de fama. Y es regla, eso me

Columnas, Qué triste no ser el Hombre Araña,

El otro Spider Man (el origen de Chincho)

Para Gina

Dicen que tengo los ojos grandes, y me gusta tener los ojos grandes. Mi nombre, no importa; decirlo me provoca ansiedad pues quisiera ser otro, pero eso sí, conservar mis ojos grandes ya que eso me permite estar alerta. No creo en nadie, sólo en mi mamá y dicen que sí, tengo hermanos mayores que yo, pero no los extraño y mucho menos los quiero.

Columnas, Cómo se pasa la vida,

¡Cochi!

“Usted no es de acá”, me dijo la mujer mientras me entregaba los tacos de menudencia, cochito y camarón con huevo, en el quiosco ubicado entre Palacio de Gobierno y el Palacio Federal. Juré ser más tuxtleco que el pozol, criado en el barrio del Niño de Atocha. “Tiene usted cara de chilango, y su playera está chistosa” (chilango + playera chistosa = chilango chistoso). Volví a jurar mi “tuxtlecanía”, y de la playera también, con la leyenda: “Soy feo… pero sé cocinar”.

Columnas, Qué triste no ser el Hombre Araña,

Casa de citas, el placer de la lectura y mi agradecimiento con el autor

Héctor es un lector que no pregona el discurso exaltado y congestionado del sabihondo, renuncia a esa camisa de fuerza y propone libertades lectoras, que al igual que él cedamos al viaje propuesto por los libros y los móviles inesperados: las citas literarias, las canciones inolvidables, los caminos que se entrecruzan. Libertades que apuestan por la generosidad y la memoria.