En sus propias palabras, y ahora también en las mías, Lilián Pallares puede definirse como una fuerza de la naturaleza. Es poeta, bailarina, artista visual, tallerista, actriz y eterna creadora multidisciplinaria. Nacida en Colombia y radicada en España, ha entendido más profundamente su propia identidad colombiana y afrocolombiana a partir de su migración. Luego de esta charla puedo decir que experimentar su arte y escucharla hablar son dos experiencias parecidas, puesto que Lilián es artista a todas horas. Por ello, es un gusto enorme presentarle a Carruaje de Pájaros esta conversación con una creadora migrante que ha entregado mucho de su tiempo y energía a descubrir y descubrirse, y que igualmente ha descubierto el amoroso oficio del trabajo comunitario basado en la creación poética. Dejamos, pues, esta conversación y una selección de poemas para los lectores y escuchas de Carruaje de pájaros.
Manuel Iris
POEMAS
Añicos
Estas ganas de saltar por los aires y hacerme añicos, de no ser más la mujer nerviosa a la que le pesan las manos y le duele la pereza.
Estas ganas de ser un animalillo de monte que corre y corre sin distinguir al cazador que le dispara.
Las mismas que tengo de arrancarme este dolor con un solo gesto. Las que siempre he tenido de castigar a mi madre en todas las mujeres que se le parecen en su fragilidad de nieve, en esas arrugas de mujer deprimida y marchita que ya no soporto.
Este deseo de escribirlo todo, de desaparecerme los dedos, de sacar las palabras del abismo donde su cuerpo se pierde y traerlo aquí, de vuelta a esta hoja en blanco.
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Hija mayor
Soy la hija mayor, la que fue parida malamente.
La melancólica, acatarrada, de sangre débil.
La niña que jugaba con la sombra de la mecedora,
mientras una canción moría de tristeza
en la habitación de las cortinas cerradas.
Soy la hija mayor de dos niños de corazón ciego,
dos temerarios que hurgaban en la llaga
hasta la saciedad del escándalo.
De la profundidad de esa llaga nací yo, su víctima mayor.
Como tal conocí el sabor de la comida fría
tras lánguidas horas frente a un televisor dañado,
inquieta por los agigantados pasos de mi padre
acercándose a la mesa.
Soy la hija grande y la hermana mayor, la que jugó a ser la madre,
la protectora, la que muerde, la flaquita con las piernas cortas.
Aquella que con los calzones grandes cargaba a su hermana pequeña
con una cínica sonrisa en la boca.
Ser la hija mayor es como ser el invitado más esperado de la fiesta.
Con el paso de las horas y las copas se vuelve muy visto, pero invisible,
como las huellas de los dedos en los viejos álbumes familiares.
Irremediablemente soy la hija y la hermana mayor,
la madre postiza de mi hermana menor, la niña querida entre las queridas,
la primera nieta con el pulso inquieto, el fantasma recién
nacido, la primera en abrir la puerta, la última en saber de mí.
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Pequeña muerte
Un parpadeo es una pequeña muerte,
ausencia que se acerca al olvido,
al tiempo sin memoria de una hoja en blanco.
Una pequeña muerte es el deseo
de un vientre que se agita,
sombra que peca a oscuras cuando la luna
la seduce con su rayo.
Una pequeña muerte es letra fugitiva en la mirada,
palabra que descubre el universo,
aire que te acaricia y se escapa a otra piel.
La inspiración es una pequeña muerte,
es placer y es dolor en los huesos,
milagro de la carne,
erótica muerte de lo fugaz.
No el sueño,
sino el despertar.
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La vitrina
El niño estampa su rostro sobre la vitrina.
El deseo desborda sus ojos y ahoga su lengua.
La tarta gira imponente en el torno,
y el niño palidece.
Sucias, las manos se fijan al cristal
que sostiene el apetito más inocente.
En la vitrina, marcadas por el frío,
las huellas del hambre.
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Libre
‘All they want is my money, my pussy, my blood’
Morgan Parker
Soy libre bajo las siguientes condiciones:
cuando quiero amar amo.
Soy india, negra y blanca,
abre la puerta my love.
Amo la fruta y tengo la cintura caliente.
Un río de agua turbia se desborda por mi boca.
Lo digo porque es tarde
y las mujeres como yo salimos a pensar.
Sé que mi coño es una papaya jugosa y fresca.
Sé que por dentro soy un velón de siete mechas.
A mi marido blanco le confieso que quiero follarme a un negro.
Escucho la voz poderosa de Nina Simone.
Hacen el amor los hombres que amé.
La muerte no es tan distinta.
Todos miran hacia la ventana.
Todos esperan que la lluvia caiga.
Hombres tristes niños solitarios.
Todos heridos por la misma mujer.
En la plaza los negros venden marihuana.
Me saludan y les digo hola con la mano abierta.
Tengo pezones duros y la cartera sin blanca.
Me llaman como si fuera una perra obediente,
con señas y sonidos de manada salvaje.
Así tratan a sus mujeres en África.
En España no es tan diferente.
La policía les pide papeles.
El senegalés me guiña el ojo.
En su sonrisa suena un djembé.
La patrulla se lleva a los míos.
Alrededor, las desahuciadas del amor.
Un borracho me grita sudaca.
Luna azul de julio, ¿a dónde vas?
En casa me espera mi marido sueco.
Tiene el pene erecto pintado de negro.
Me invita a seguirle hasta la cocina.
Solo deseo que me penetre todo el tiempo.
Gemir hasta que llegue el desayuno.
En cuestión de orgasmos, los prefiero mestizos.
¿Por qué coño hago sufrir a los hombres?
Whatever.
Soy libre bajo las siguientes condiciones:
cuando quiero llorar lloro.
Mi corazón tiene un agujero negro.
Sangra, lo sé.
Hablo de él para que sepan que existe,
que quiero amar.
Mis padres nunca lo hicieron.
Estoy sentada en la plaza.
Soy tierra que tiembla en la soledad de la noche.
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Compasión
Veo llorar a la niña que fui.
Está esperando en la cocina a que su madre llegue,
mientras borracho su padre escucha rancheras.
A oscuras, estrenando su ropa del siete de diciembre, sabe
que no encenderá las velas ni jugará a las chispitas mariposas,
que cuando la canción acabe tendrá que poner otra
y servir un trago más de ron.
Por eso
a escondidas, detrás de la nevera,
sin que él la vea, prueba un sorbo.
Cree así mitigar el sufrimiento
de quien se siente cómplice.
En su corazón sabe que su madre no volverá.
Quiero abrazar a esa niña y secar sus lágrimas.
Pero ella tiene que ser fuerte
y mantenerse en pie toda la noche
hasta que la cabeza de su padre caiga al suelo.

Foto: Charles Olsen.
Lilián Pallares es escritora, poeta, actriz y creativa audiovisual. Nació en Barranquilla, Colombia, en 1976. Estudió Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad del Norte en Barranquilla, Colombia y se mudó a España en 2001, donde estudió Creación Literaria en la Escuela de Letras de Madrid. Ha publicado los libros Ciudad Sonámbula(2010), Voces Mudas (2011), Pájaro, vértigo (2014) y Bestial (2019) y participado en diversas antologías. Junto al artista y poeta neozelandés Charles Olsen, desarrolla proyectos sorprendentes con su productora audiovisual artística y literaria antenablue.
En 2022 y 2023, Lilián y Charles recibieron el Our Little Roses Poetry Fellowship en San Pedro Sula, Honduras, donde impartieron talleres creativos de poesía, durante un mes cada año, en el orfanato de niñas Nuestras Pequeñas Rosas. Crearon con las niñas el videopoema Silencio gris que fue seleccionado, en 2023, para ZEBRINO—concurso internacional de videopoesía para niños y jóvenes—del festival ZEBRA Poetry Film Festival, en Berlín, y presentado en el Museo de Antropología e Historia de San Pedro Sula.
Para leer una versión más larga de biografía de Lilián, puede consultarse su página personal.
Para tener más información sobre el proyecto Our Little roses en San Pedro Sula, puede consultarse esta entrevista en Radio3.
Y ver su intervención, junto con Charles Olsen, en el Festival Centroamerica Cuenta 2024.



