Poesía,

Cuatro poemas de Ana Guillot

Ana_Guillot

Voz necesaria en la poesía Argentina actual, Ana Guillot escribe con visión afilada y palabras precisas. Tiene la virtud de sacar de los objetos, de las situaciones, la poesía que incubaban. Luego de leerla, el lector tiene la impresión de que lo poético siempre ha estado ahí, doloroso y placentero, en el mundo. En estos cuatro poemas, escritos en diversos momentos, entabla cuatro posibilidades personalísimas de dialogo con lo femenino. 


POEMAS

mujer 1

-¡ah!, ¿se podía elegir?-pregunta
ahora que ya es vieja
ahora que su vestido es negro, aceitoso,
que ha parido seis hijos y tiene
el vientre entumecido, lacio
el peinado tirante y esa sonrisa tiesa
y finita
-¡ah!, ¿se podía gozar?
era posible entonces dejarse tocar en la entrepierna
sin que los padres miren
era posible cantar con voz profunda
como chavela vargas
no como doris day
el pasito liviano
y ese final feliz y tan yanqui
era posible cantar
un bolero
como si entrecerrara los ojos para él
la nuca para él
los pechos como frutas abiertas
y ese olor a verano
y las enaguas flotando el precipicio
la clara manera de decir que sí
-¡ah!, ¿se podía reír y no planchar
el ceño almidonado para que no se enojaran en casa?-
como si fuera la calle la apertura
la noche la apertura
un corredor erógeno
un relámpago en la columna vertebral
-¡ah!, ¿no estaba mal tentarse con la risa de otro
con el olor de otro
con la cintura de ese hombre perfumado
que traía jazmines los domingos?-
elegir qué ingles, qué palabras
qué portazos pegar
cuando le pegan a ella las palabras dolidas
las palabras precarias, amarretas
haber parido hijos y no haberle escuchado
ni un -te amo-
nunca la caricia después de la descarga
nunca una manera de mirar diferente antes del desayuno
¡ah!, el frío la acobarda
es hora de cerrar esa puerta que viene haciendo ruido
es hora de prender el farol
y apenas descansar

.

mujer 2

la baba de ese beso
la saliva en la espalda
en la vagina
la yerma lascitud
de haberse equivocado
de hombre
los corpiños al borde
de la cama
las enaguas que retienen la seda
no hay canto primoroso
no hay gemido grito rasguño gutural
espasmo
no hay nada
hay la pared y su humedad
como un augurio
el olor hueco de sus crines
sobre el desaguadero
ella tensa las manos
en el hierro
se sujeta de la cabecera
él empuja la queja más dolida
ella hace silencio
los corpiños al borde de la cama
una ladera montañosa
la roca de por medio
(haberse equivocado de hombre)
el hueco de las crines
no hay roce caricia extremaunción
no hay nada de nada
se encoge frugal ella
él avanza las crines y el quejido
taladra la madera del abdomen
los músculos más tiesos
se agigantan
las noches
pesadillas del aire la baba en los pezones
nada de nada
en el vejamen sólido
en el entretejido de las mantas
ella reza para que pase pronto
él oscila las crines
las masa de su cuerpo
no hay más techo no hay sigilo
no hay ternura
no hay nada de nada
ni acaso rebelión
habría
él se come la zarza en ese grito
ella detiene el rezo
él bosteza
ella gira en la cama
el pueblo es un espectro
una calavera amenazante

.
a mi hija Guadalupe

la caja encierra el don
vela la madre el objeto sencillo
(el verdadero Don habita en otra parte)
sabe que vendrá la niña
con su amalgama de pájaros y estrellas
con su aire distraído
porque todo está
por hacerse

vela la madre el cofre
vela el vestido blanco, el manto y el anillo
(y sólo el acto de velar es importante)

está velando ella
el tiempo de su niña
la hembrita delgada, de nácar
como una princesa oriental
-sólo el amor perdura
y es un cáliz sagrado que se ha de beber
sólo el corazón y esta travesía-

(la multiplicación del rito
que inunda las miradas
y sigue)

.

a mi nieta Juana

casi fantasmal canta
no hay
en esa noche otro sonido
más carnal que esa voz
atenuada en su cauce
alivianando
negruras y tristezas
nido o manantial o canto
ella entona
lo que quiere la niña
que sonríe
deslumbrada y frugal
pajarita en sus brazos
risa o mano que abre y cierra o pestañas
el canto que ahora late
el verde en ese canto
como si la naturaleza toda
iluminara
el pequeño lugar
donde las dos hembritas
se amamantan

la nieta tiene un hilo
en la mollera
de pura luz o brillo
y la abuela
tejerse quisiera en ese hilo
para reinventarse
como si el jardín
volviera en la canción
y ella estuviera
por detrás del tilo esperando
sucesos y reencuentros
hay
en la habitación
un río que las mece
que se las va llevando
en lenta placidez
se amamantan las dos
vínculo o laboriosidad o herencia
de la herencia
apenas ese espacio
sencillo y tenaz
donde el nombre se amplía y persevera


Buenos Aires, Argentina. Profesora en Letras, docente secundaria y universitaria. Coordina el taller literario Tangerina y dicta seminarios de literatura, y de mitología y literatura oral en su país y en el exterior. Como docente publicó El taller de escritura en el ámbito escolar (1987), y ¿Querés que tecuente el cuento? (1989). Como poeta: Curva de mujer (1994), Abrir las puertas (para ir a jugar) (1997), Mientras duerme el inocente (1999), Los posibles espacios (2004), La orilla familiar/La riba familiar (2009; edición bilingüe castellano-catalán), reeditado en 2011 (castellano) y 2019 (bilingüe); La riva familiare en Italia. En 2016, Liquid/ambar, y en 2017, su antología personal Polvo que late. Co-autora de La lección de las diosas (2010), y autora de Buscando el final feliz (hacia una nueva lectura de los cuentosmaravillosos) (2014). Integra numerosas antologías y colabora con publicaciones del país y del exterior. Participó en encuentros y foros de reflexión nacionales e internacionales, y su obra ha sido publicada parcialmente en España, Venezuela, Chile, Uruguay, Méjico, Austria, Estados Unidos, Italia, Nicaragua, Perú, Brasil, Holanda, Polonia y Puerto Rico; y traducida al inglés, catalán, árabe, alemán, italiano, polaco y portugués. Su primera novela Chacana fue publicada por la editorial San Marcos (Lima, Perú; 2012).