Poesía,

Cuatro poemas del libro Nada notable, de Arturo Loera

Foto Leonardo Martínez_1
Foto: Leonardo Martínez.

(Chihuahua, 1987). Es autor de los libros El poema vacío (ICM/Conaculta, 2013), Cámara de Gesell (Premio de poesía Editorial Praxis, 2013), La retórica del llanto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2014), Ídolos (Editorial Montea, 2017) y Nada notable (Cuadrivio, 2018). Parte de su trabajo se encuentra reunido en antologías como Fuego de dos fraguas, poetas jóvenes de México y España (Exmolino: Taller Editorial / Centro Cultural España, 2016), Parkour Pop. Ético (SEP, DGESPE, 2017) entre otras. Premio Binacional de Poesía Pellicer – Frost 2017, por el conjunto de poemas titulado Un montón de piedras (Mantis Editores, 2017). Ha sido becario del PECDA David Alfaro Siqueiros en la categoría Creadores con trayectoria, de la Fundación para las Letras Mexicanas y del FONCA en su programa Jóvenes Creadores.


NADA NOTABLE

Música

Hay una música especial en estar solo.
El tambor
de las goteras
reventando
madrugadas.
El agudo bailotear de los mosquitos.
El grito puntual de los vecinos
cuando el día está por terminar.
Todo sonido, hasta el más pequeño
quiebre es capturado
por las orejas que descansan en soledad.

Y yo quisiera no estar aquí.
No escuchar este concierto atosigante
ni medir en siete escalas mi abandono.

Muerte blanca

Los santeros de mi vecindad
cantan entre cortinas blancas,
entre cuerpos blancos, sábanas puras,
entre el calor y la hierba de los santos.
Casi me parece escuchar
aquellos versos de Guillén:
¡Yambambó, yambambé!
Y mira que yo no conozco
muchas canciones ocultas,
y no he salido de mi país
para bailar y beber en otras lenguas,
¡Yambambó, yambambé!
El sol que me cubre es el mismo
y la piel que me cubre es la misma.
La cabra que vivía en el pasillo
ha desaparecido. La cabra era blanca
y blanco su sacrificio. Casi me parece
escuchar aquellos versos de Guillen:
¡Yambambó, yambambé!
El hombre me parece efímero y hermoso
y débil como una flor arrinconada.
El hombre y los rituales del hombre, ¡Yambambó!
La suerte de la granja en sacrifico, ¡Yambambé!
Ellos lo curan todo, ¡Yambambé!
Ellos viven felices, ¡Yambambó!

…………………¿Por qué mataron a la cabra, güerita?
…………………Para protegernos de la calle, güerito.

Blanca puede ser también la muerte
entre cortinas y sábanas blancas,
clara la noche, cielo de veladoras.
Casi me parece escuchar
aquellos versos de Guillén.
Pueden dormir tranquilos.
Afuera alguien canta y nos protege.

¿En qué creen los que no creen?
En la música y la noche.

El funeral del payaso

Todo el mundo iba de negro.
Se entregaron infinitas coronas.
Había una cruz detrás del féretro.
Se rezó y se lloró como en todos los funerales.

¿Qué esperaban?
¿Elefantes? ¿Magos y conejos?
¿Una carpa en el cementerio?
¿Globos como flores finitas?
¿Color?

El sol

Esperando que la pechuga se descongele
sobre la vieja tarja que encontramos en la calle
observo cómo el sol alumbra
este pequeño tesoro lleno de hielo,
esta vieja tarja que bajo su luz se mira decente.

Algo querrá decir todo esto
mientras espero que la pechuga se descongele,
que el sol traiga de nuevo la comida a la mesa,
que mis ancestros no sepan nunca que existí.

Nada notable (Cuadrivio, 2018).