(Ciudad de México, 1980). Estudió Letras Clásicas en la UNAM y dio clases de literatura brasileña en esa misma universidad. Es autora del poemario Fiat Lux (FETA, 2012), con el que obtuvo el premio de poesía Joaquín Xirau Icaza. Desde 2001 se dedica a traducir del portugués, y ha vertido de esa lengua al español obras de autores brasileños y portugueses como Raul Pompeia, Manuel Antônio de Almeida, Luiz Ruffato, Veronica Stigger, Joca Reiners Terron, Gonçalo Tavares, Angélica Freitas y Ana Pessoa. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios.

POEMAS

Faca

O dicionário é o universo. Baba-se (sic) de
esclarecimentos, mas atordoa, à primeira
vista, como a agitação das grandes cidades
desconhecidas.
Raul Pompeia

No quedaba claro
si se gababan o se
babeaban o se grababan, pero,
en todo caso,

aturdían.

Así,
a primera vista,
los tortuosos callejones de Léxico
City.

Yo
primero,
habité una casa llamada faca.

La palabra faca babeaba
por los extremos:
la lengua recién estrenada
asomaba por el tajo nuevo,
lamiendo
las comisuras de grasa tierna
y leche
y brincos en la cama. Era una casa
de plata, con filos que grababan, gateaban
babeaban
en un cuarto, a las siete
de la tarde, en la colonia
San Miguel Chapultepec.

Era una faca. No era un cuchillo corvo, era
una faca, no
un machete, era
una faca de desayuno, punta roma, faca
de untar miel en el pan,
pero cortaba,
la primera
palabra
que dije en otra lengua.
Era un filo serrado, la palabra
tenía
dientes diminutos,
de leche,
cortaba
como un arado marcando los confines
de una tierra:

del muro hacia adentro es faca (pero
por educación, no se esgrime
una faca
en presencia de los otros), del muro
hacia afuera están las calles están
sus petimetres y sus dandies y sus cholos,
están
las verdaderas facas, los
cuchillos de este mundo, la faca
se queda en casa.
Es
la casa: el libro en el estante, el cuento
por la noche, cortado
por la faca, por un muro
de silencio:
la faca untando el pan
de cada día.

Invocación bastante abstrusa

Que venga el gesto deíctico
enhiesto de hierba hipotética,
hirsuto de oxitonísimas iotas
e índice enfático. Que diga:
mira despacito, observa
el mar que todavía no es,
pero será,
sin duda será,
iterativamente oleando,
goteando en cuerpos de bañistas,
casi casi como si el gerundio no fuera suficiente.
Que venga y diga como sin querer:
mira
la mañana de gatos que vuelven
a su diurna máscara de sueño.
Y que luego se vaya el gesto deíctico,
agotado hasta la ronquera
de tanto indicar ése, allá, que se vaya
diciendo yo, aquí, yo,
hasta saciarse.