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Los sentidos latentes

Constelaciones

Full of rebellion, I would die,
Or fight, or travell, or denie
That thou hast ought to do with me.
O tame my heart;
It is thy highest art
To captivate strong holds to thee.

(Lleno de rebelión, yo podría morir,
o pelear o viajar o negar
que te une algo conmigo.
Oh, domestica mi corazón;
es tu arte más elevado
para cautivar fuertes lazos hacia ti).

George Herbert, Nature

 

Si como escribió Samuel Johnson, las personas tenemos “un sentido latente, que no se satisface en este lugar, o tiene algunos deseos diferentes de los sentidos que deben ser saciados para que pueda ser feliz”, este mundo, como se nos es puesto enfrente, resultaría la mitad de un todo, que no sentimos con la experiencia inmediata (esos datos inmediatos del cuerpo), pero que está latente desde nosotros mismos. Hablo de esa otra mitad del mundo, lo intangible. Recurriré a una simplificación necesaria. Este mundo sería sólo el rostro incompleto de una experiencia que tenemos de los hechos que nos rodean. Mundo en sí (materia e idea), que experimentamos, pero, que también nombramos por medio de palabras. Dos realidades, una vivida, en acto; otra, latente. Ambas son nombradas por el mismo medio, sin embargo. El lenguaje. De este modo, a contracorriente de toda la filosofía positiva del siglo XX que intentó silenciar aquello que no podía ser dicho por medio de proposiciones lógicas o como resultado de conjeturas lógicas, la experiencia íntima de la realidad otra, por decir metafísica o latente, se impone, en tanto, su aplastante evidencia. Anidada en una realidad inabarcable, no es materia, ni presencia tangible; pero por limitada que nos parezca, es vivencia. Al experimentar su “presencia” en nosotros, deja esa cualidad latente, para volverse carne y, de esa manera, podemos decirla. La voz humana puede referirse a ella con la seguridad de una categoría, una metáfora o un concepto. Metáforas que limitan una realidad que escapa a la explicación positiva-experimental, pero que nos empuja, en una surte de juego verbal hacia la pura vivencia de aquello que está oculto en el corazón mismo de la existencia; palpable en tanto decible, sea o no, un posible acto de mera adivinación. Limitar al ser humano es limitar la experiencia, negar lo que fluye como una corriente salvaje dentro de nosotros mismos.

No hablo de una nostalgia del absoluto, sino de algo que ahí, oculto, primigenio, agazapado, se revuelca, juega, grita en la existencia, esa cierta necesidad de nombrar lo que nos golpea con su onda invisible. Lo místico, lo intangible, está ahí, en el cuerpo, dando lenguajes con el cual materializarse. Siempre estamos inconformes, no existe la tranquilidad metafísica. No hablo de espiritualidad, sino de la vivencia plena del cuerpo en su inmersión completa en este mundo doble. Lo material y lo no sensible. La experiencia no es dada sólo en esta realidad, sino en ambos planos que se retroalimentan, se comunican, se tocan; ahí están las experiencias íntimas del ser, su apertura hacia lo oculto en la misma piel, pero que no se reconoce, únicamente, con los sentidos. Realidad que está, desde luego, al alcance nuestro, pero que no podemos asir con la facilidad del tacto. Tanto ha insistido occidente en la separación del conocimiento humano en parcelas, que, al final del día éstas se conjugan en la propia materia, así como en lo que se aloja en lo indecible. La existencia no se limita a vecindades de experiencia, al contrario, nos arroja con toda su crudeza hacia el mundo, ese lugar que siempre es algo más. Hay en esta idea una metáfora absoluta. El mundo como una patria de lo decible y lo indecible, el mundo como la totalidad de los hechos (Wittgenstein); pero, también, como expresión de lo no factual, decible en la medida en que puede ser vivido con el propio entendimiento corporal. Esa voluntad nuestra de creación.    

(San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1981). Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Chiapas; así como la Especialización en Literatura Mexicana del siglo XX en la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco). Obtuvo el Segundo lugar en los Juegos Florales San Marcos Raúl Garduño en el 2014. Ha publicado el libro colectivo Entre lo timorato y lo arrogante; así como Dalton. Ha publicado en revistas como Tierra Adentro, Rio Grande Review y Lagarto con paraguas.

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