El 11 de julio de 1561 nacía en Córdoba Luis de Góngora y Argote, quien se convertiría en una de las figuras más revolucionarias y controvertidas de la literatura española. A pesar de la distancia temporal, su legado sigue siendo tan luminoso como las metáforas que lo hicieron célebre y tan complejo como los versos que le valieron tanto admiradores fervientes como detractores implacables.
Góngora transformó para siempre el panorama poético español con obras cumbre como las «Soledades» (1613) y la «Fábula de Polifemo y Galatea» (1612), poemas que inauguraron el culteranismo, una nueva estética que influyó decisivamente en el Barroco español e hispanoamericano, y su huella se extiende hasta las vanguardias del siglo XX. La Generación del 27 lo reivindicó como precursor de la modernidad poética, y su genio residía en crear un universo donde la belleza y la complejidad se fundían en síntesis perfecta. Sus detractores lo acusaron de oscuridad, pero sus admiradores comprendieron que esa aparente dificultad era una invitación a descubrir dimensiones insospechadas de la belleza.
En el aniversario de su nacimiento, recordamos a Luis de Góngora como el poeta que demostró que la literatura no tiene por qué ser simple para ser profunda. Su obra perdura como testimonio de que la auténtica revolución poética nace cuando el lenguaje se atreve a reinventarse a sí mismo.
DE UN CAMINANTE ENFERMO QUE SE ENAMORÓ DONDE FUE HOSPEDADO
Descaminado, enfermo, peregrino,
en tenebrosa noche, con pie incierto,
la confusión pisando del desierto,
voces en vano dio, pasos sin tino.
Repetido latir, si no vecino,
distinto oyó de can siempre despierto,
y en pastoral albergue mal cubierto
piedad halló, si no halló camino.
Salió el sol, y entre armiños escondida,
soñolienta beldad con dulce saña
salteó al no bien sano pasajero:
pagará el hospedaje con la vida;
más le valiera errar en la montaña
que morir de la suerte que yo muero.
.
LAS FLORES DEL ROMERO
Las flores del romero,
niña Isabel,
hoy son flores azules,
mañana serán miel
Celosa estás, la niña,
celosa estás de aquel
dichoso, pues le buscas,
ciego, pues no te ve,
ingrato, pues te enoja,
y confiado, pues
no se disculpa hoy
de lo que hizo ayer.
Enjuguen esperanzas
lo que lloras por él,
que celos entre aquéllos
que se han querido bien,
hoy son flores azules,
mañana serán miel.
Aurora de ti misma,
que cuando a amanecer
a tu placer empiezas,
te eclipsan tu placer,
serénense tus ojos,
y más perlas no des,
porque al Sol le está mal
lo que a la Aurora bien.
Desata como nieblas
todo lo que no ves,
que sospechas de amantes
y querellas después,
hoy son flores azules,
mañana serán miel.
.
DE LA BREVEDAD ENGAÑOSA DE LA VIDA
Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,
que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada sol repetido es un cometa.
¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.
.
ÉRASE UNA VIEJA
Érase una vieja
de gloriosa fama,
amiga de niñas,
de niñas que labran;
para su contento
alquiló una casa
donde sus vecinas
hagan sus coladas.
Con la sed de amor
corren a la balsa
cien mil sabandijas
de natura varia,
a que con sus manos,
pues tiene tal gracia,
como el unicornio,
bendiga las aguas;
también acudía
la viuda honrada,
del muerto marido
sintiendo la falta
con tan grande extremo,
que allí se juntaba
a llorar por él
lágrimas cansadas.
.
INFIERE, DE LOS ACHAQUES DE LA VEJEZ, CERCANO EL FIN A QUE CATÓLICO SE ALIENTA
En este occidental, en este, oh Licio,
climatérico lustro de tu vida
todo mal afirmado pie es caída,
toda fácil caída es precipicio.
¿Caduca el paso? Ilústrese el juicio.
Desatándose va la tierra unida;
¿qué prudencia del polvo prevenida
la ruina aguardó del edificio?
La piel no sólo sierpe venenosa,
mas con la piel los años se desnuda,
y el hombre no. ¡Ciego discurso humano!
¡Oh aquél dichoso que, la ponderosa
porción depuesta en una piedra muda,
la leve da al zafiro soberano!





