Constelaciones,

Pensar el tiempo desde Tuxtla

Constelaciones

1
En el libro, editado por Mario Humberto Ruz, Los Legítimos Hombres, leo en un artículo de Otto Schumann, sobre la relación lingüística entre el chuj y el tojolabal, que entre unos y otros, el pasado, por ser visible, se encuentra delante y, el futuro, por no ser visible está detrás, ya que no puede verse. En tojolabal “tza’ni”, es un equivalente de la palabra “futuro” y, la traduce Schumann como “lo que queda atrás”. Acostumbrado, como estoy, a pensar el tiempo en forma lineal, sin ramificaciones o vías de escape, entender al tiempo de otra manera, me permite comprender su incidencia en mí, de igual manera, de otro modo. El futuro, no lo sabemos, no lo tenemos enfrente. El positivismo clásico me acostumbró a la idea de predicción lógica, pero esto no sucede en los hechos. El futuro es un robusto árbol de horizontes imaginables. El pasado es lo único que tenemos enfrente. Con todas sus ficciones, sus recreaciones o inventivas. Por ello, de alguna manera, es palpable, a diferencia del futuro que es lo que queda atrás, en lo que no podemos ver, lo que se esconde tras la imposible ola de los acontecimientos por nacer. Al final, el futuro sólo es posible, aquello que no puede saberse, ni tocarse. Nuestro pasado es la piel con la que nos cubrimos todos los días, no sólo es tacto, es cuerpo de lo que somos, una acumulación de hechos que nos levanta para el trabajo de los días.

2
[pasado]

La juventud tiene dos grandes compañeros, dijo Yukio Mishima, los amigos y los libros. Yo tuve grandes amigos. Hoy, nos frecuentamos poco, casi nunca nos vemos. Apenas sobrevivimos a la juventud. Sin embargo, cuando nos encontramos, volvemos a ser los mismos asilvestrados, salvajes y soñadores de siempre. Ellos, estuvieron ahí, conmigo, en esa selva de la adolescencia. Un tanto heridos y golpeados seguimos caminando. De los libros, pienso, en algunos que estuvieron siempre conmigo. Heidegger, siempre leído, nunca entendido. Me acompañaban frases de Heidegger, rescoldos para dar sentido a la muerte. Isaac Bashevis Singer, estuvo durante toda mi juventud. El dolor por un mundo que fue asesinado, lo comprendí hasta mi madurez. Pero, sus personajes, solitarios, ingenuos y toscos, siempre fueron como seres de carne y hueso para mí. Amigos y libros, ahí seguimos, más viejos, un tanto cansados, pero con el recuerdo siempre en la sangre.

3
[futuro imposible]
Tardes de lectura y labor. Los mecanismos del pensamiento siempre guardan incontables sorpresas. Dice Alejandro Rossi sobre Luis Villoro: “Hoy llega Luis Villoro. Su característica más esencial es la siguiente: hay que redimir la propia vida. Ver otros términos: hay que justificarla. Hay que saldar una deuda”. Tal vez, mediante la escritura salvamos esa deuda.

4
Yo era un chico un poco triste y apartado. Y no sé la razón de haber sido de tal forma. Yo corría por las calles de Yajalón, nadaba en el río, me resbalaba sobre plásticos imposibles en las subidas de mi barrio. A pesar de ello, siempre fui así. No tuve una infancia mala, sin embargo. Era un chico asombrado; capaz de sacarse la playera si el día así lo requería. Ahora, miró con los años y, me gusta pensar que, con el tiempo, a pesar de las muertes, los procesos idos, las inercias, se me quitó lo triste, mas no lo solitario. Y me gusta imaginarme en esa edad, asombrado por el rumbo de un escarabajo, persiguiendo el ritmo de la hierba o dejando que la lluvia me cobije. Ahora, mientras vuelvo la vista hacia mi futuro, se dibuja un tiempo refractado, momento en el que se alojan todos los asombros.

(San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1981). Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Chiapas; así como la Especialización en Literatura Mexicana del siglo XX en la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco). Obtuvo el Segundo lugar en los Juegos Florales San Marcos Raúl Garduño en el 2014. Ha publicado el libro colectivo Entre lo timorato y lo arrogante; así como Dalton. Ha publicado en revistas como Tierra Adentro, Rio Grande Review y Lagarto con paraguas.

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