Poesía,

Poema veinte, de Gladys Fuentes Milla

Gladys_F

(Ciudad Hidalgo, Suchiate, Chiapas. 1955). Periodista, locutora, promotora cultural, fundó la Agrupación Cultural Independiente Cortijo de Locos, así como la revista con el mismo nombre perteneciendo a la Red Nacional de Revistas de CONACULTA, autora del Festival Canto de Zenzontles. Cuenta con estudios de Literatura, por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, Coordinador de Talleres Literarios por Ethel Krauze con valor curricular ante la SEP; Creación Literaria, por la SOGEM y CONACULTA, Liderazgo y conducción de grupos.
Obtuvo los premios: Primer lugar Nacional como Secretaria Ejecutiva; Premio Regional Sureste en Poesía José Gorostiza; Premio Estatal de Poesía Tabasco. Su obra aparece en varias antologías y su trabajo ha sido publicado en el país, así como en Chile y Cuba. Obra publicada: Cuánto por la Vieja Pena; Para llenarme de silencio; Al viento tu pelo que huele a lima.


POEMA VEINTE

Sé dónde encontrarte en las mañanas
¿dónde hallarte después de la taza de café antes de acostarme?
¿esperaré el nuevo día?
para entonces mi piel
ojos
grutas
tendrán cansancio de virus atenuado en estas largas ansias de mirarte
en que pesan las horas de la ausencia
hambruna de amor
recuento de mordiscos
golpeteo de paredes
ilusión de brazos que me abrazan ante el engaño del espejo

Sigues pegado a mi delirio tan suave que pareces brisa
tan recio que de fuego incendias el holocausto que purifica mis entrañas
en la luz nocturna de mis oquedades
en la oscura claridad de las vigilias
en el estertor de los mutismos
purifico los ojos
los sentidos
con este dolor que me atosiga y no sé qué hacer
– no sé qué decir
si cuando te llamo enmudece de ilusión el alma

Pero estoy obligada a encadenar la tentación de acariciarte en la turbia soledad de mi esqueleto
más allá del infinito que cuantifica las distancias y por encima de mi
– pero en secreto
para que nadie lo vea
para que nadie lo escuche
para que nadie lo sepa
solamente tú
guardo un alarido en mi sepulcro cuando te siento gemelo a mi costado
e imaginaria tiemblo niña-candor
mujer-fiera
y machaco al demonio que me empuja hacia tus piernas
al demonio que me exige mancillarte

No existen lluvias desde tus tormentas
pena de siglos amor
amor de siglos pena
en que rasgué las ropas del recato
en afán de sentirme niña-mujer
angel-engendro
y llevo entre los huesos el desvelo
el cansancio azotándome los párpados negados a dormir en este infierno

Te mantengo insomne
con las piernas preso
toco
paladeo
disfruto
la rotación sincronizada con que cincelas mi abismo
el tropel interminable de tu péndulo

contemplándote irreverente
desde la estatura mujer-carne que me conforma
mientras haces el amor en el dintel de los espectros
es cierto
la vida es un vértigo desde que te apetezco
desde que sueño abrirme para que mueras dentro

Y chupo hasta escurrírseme por el cuerpo
tus respiros que se enredan a mis poros
tus llegadas que bautizan a mis senos
siguiéndote por el espacio-tiempo hasta el traspiés cansado cuando te agobie el cansancio de los años
y me desgarro en temores ancestrales por beber tus delicias
ávida de llenarme en el sacro lugar de tu existencia
con afán de aluzar estas penumbras
de tener sobre el vientre tus locuras
el empuje de tu ardor entre mis carnes
adueñarme del mar que se filtra en tu pubis
succionar en tu vértice trombas
y huir
irme
¡qué caray!
hasta el sitio donde la noche se amanece a sí misma