Poesía,

Poemas del libro A la orilla de todos los lagos, de Yenny León

Yenny León

Bitácora de dádivas

Pablo Montoya (recordando a Paz) afirma: «entre el árbol y la piedra no somos más que una exhalación», a propósito de Entre árboles y piedras de Yenny León. La naturaleza insufla sus poemas de materia orgánica, metafísica y existencial. Es cierto que el aire, la luz, el agua, los árboles y las piedras, trazan horizontes donde la vida se edifica o se desvanece; no obstante, decir que Yenny revela nuestra condición de aire exhalado es apenas un trozo de una región más vasta. La relación que se establece entre los elementos y la interioridad es quizá más compleja en sus poemas. Los árboles y las piedras no solo nos exhalan, las exhalamos, nos aspiran y las aspiramos, en un devenir incesante. Los límites del cuerpo y la naturaleza se confunden, haciendo y deshaciendo sus partes, sus escombros, sus pálpitos.

Yenny funde el afuera y el adentro: «Hoy amanecí con los labios blancos / de tanto robarle horas / al aire». Los bordes entre cuerpo y mundo (y los seres que lo pueblan) se laceran entre sí: «le entregaron / un horizonte sepultado / la luz olvidada de un pájaro / que no deja de picotear sus heridas»; se desintegran: «es verdad lo que ocurre al amanecer / cuando mis manos tempranas / desdibujan la piedra». Valéry escribe que el lenguaje en poesía produce necesidad, pues deja de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo. En estos poemas de León la necesidad se comunica a través de los minerales, el agua, el aire, los animales y las plantas.

Pizarnik anota: «Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque toda estamos heridos». Yenny indaga la forma de esa herida, ¿cómo se da?, ¿desde dónde señalarla?

La reciente antología A la orilla de todos los lagos contiene textos inéditos, una serie de collages y otra de trípticos. La poeta trasciende la zona habitual de su creación. El tratamiento visual abre dimensiones expresivas. En Mujer sentada con su rodilla flexionada hay una lista de acciones cuyo desenlace es quebrar «la incomprensible maquinaria del mundo»; en Sobre el aliento del sueño remoto entabla un diálogo directo con Elizabeth Bishop, donde va fijando una espiral de atmosferas: “Este es el cristal del sueño remoto. / Este es el aliento / que está en el cristal del sueño remoto. / Este es el talismán / de la sacerdotisa / que está en el cristal del sueño remoto. / Esta es la antorcha / que da la luz / de la sacerdotisa alucinada / que está en el cristal del sueño remoto”; en Xul Solar las 7 leyes del esoterismo son resignificadas desde las revelaciones místicas del escritor y pintor argentino. Estas exploraciones formales no se desprenden de sus inquietudes vitales: la naturaleza del dolor y su redención, los asedios del cuerpo, las intemperies de la existencia. Abandona la precisión de la palabra justa sin perder ferocidad en las imágenes, despojadas de todo artilugio verbal.

Alejandra Pizarnik dijo que había aprendido de memoria Las ruinas circulares de Borges, para tener una brújula con la cual guiarse en la noche de las palabras. De igual manera, llevo versos de

Yenny León para guiarme durante el viaje sin orillas. Transcribo parajes de su poesía de memoria, aquí, ahora, a las 11:10 p.m. del 7 de mayo de 2020 (día x de cuarentena). Espero puedan grabarse en otras piedras, tallarse en otros troncos:

-No sé cómo reconciliarme con el hastío. Huyo de la materia.

-Xul Solar se vuelve uno con el lago.

-El último árbol exhala sus cenizas. El universo se apaga.

-Unos ojos que ya no se desangran.

-¿Con qué flauta cosí mis manos?

-Mi rostro no me corresponde. Al negro le confiero más realidad que a mí misma.

-Partir desde la primera herida de mi cuerpo.

-Una mujer camina en su cuarto. Acaba de tomar quetiapina. Las aristas de las cosas se desperdigan. La piedra en retroceso. El letargo. Me impacta la belleza de las palabras, pero no quiero que sufra así.

-Imagino la mujer sentada a la orilla de todos los lagos. El vértigo a la infinitud, el flujo incesante del agua. De allí viene la vida y ella está ahí, quieta, serena, viendo todos los orígenes desde un lugar inexistente.

Estas dádivas son mi amuleto.

Cristian Garzón


De pronto
el sur oscila.
El sol es un enorme saco
de ruinas que fermenta la misma piedra
una y otra vez.

La vida de los hombres
suda, se esponja,
segrega musgos y líquenes;
todo hormiguea
en esa enorme cloaca
mal cocida, hinchada, hendida.

Mi cara nudosa
nace
de un temblor cerrado.

Sylvia

El no ser perfecta, me hiere.
Sylvia Plath

Sé que a veces no soy sólida
soy sólo el negativo de una ola
un hueco sin sombra que olvidó
el lenguaje de la espera

A veces salgo de casa
con la impresión de que
soy pluma en caída
un suspiro de rama seca
en la boca de otro
que me piensa

A veces me hundo en cobijas de humo
creadas por mí
para sanar en secreto las llagas
de una vida sin ofrendas ni santuarios

Suelo sentarme
en los umbrales de las puertas
para habitar el límite exacto
entre lo hallado y lo perdido

Hoy amanecí con los labios blancos
de tanto robarle horas
al aire

Sabiduría gitana del errante
me abrasa la inmortalidad ardiente
mil manos para un nuevo comienzo.

Mujer sentada con su rodilla flexionada

Primero, entiende que estás a leguas de una mujer tirada en el piso a la que nadie le celebra la vida y tiene un ciempiés enredado en su oído izquierdo.

Segundo, busca piedrecillas para tirar al lago y no las encuentres jamás.

Tercero, siéntate en ninguna señal, dobla tu rodilla izquierda, trata de ver dentro de tus ojos y date cuenta de que, como los niños, no evitas tu soledad, la transpiras.

Cuarto, siente tu cabello castaño, un caracol que retrocede sobre sí mismo. Recuesta tu cabeza sobre tu rodilla izquierda.

Quinto, tu blusa verde transpira bosque y ondea hierba sobre la intemperie a la vez que tus medias de oscuro arcángel enmascaran los pliegues de otras horas.

Sexto, abraza con ambas manos tu pierna izquierda doblegada. La mano izquierda debe quedar sobre la mano derecha erigiendo un gesto fantasmal de anfiteatro que se extiende hasta los pies, difuminándolos.
Séptimo, el blanco es el error, está instalado en el espacio y con su hielo ya no es materia de castillos de papel.

Permaneces entonces en la casa blanca que bebe del cielo inagotable. Lentamente te fundes con ella.

Ya no queda ni el vocablo ni la muerte y quiebras así la incomprensible maquinaria del mundo.

Quetiapina 25 mg

La quetiapina tiene sus aristas
en ningún lugar.
Se abre al agua del cuerpo
y te ayuda a posar la mirada
sobre la piedra en retroceso.

En la lengua borda una luz
como una pepita de oro que crece
en el preciso instante
en el que los animales alzan la cabeza.

Después de que invade el cuerpo
sientes espasmos
en las coyunturas de los ojos.
Te paras de la sala
y arrastras los pies insomnes
hasta la habitación.

Cuando abres la puerta, te encuentras
con hongos ocultos en el reflejo de la tierra,
saltamontes que dejan su piel
en un delirio de espumas
y aves divergentes que se congelan
en pleno vuelo.

La quetiapina es rosa.
Permite que fusiones con huevos de araña
que dejan ver

 

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(Medellín, Colombia, 1987). Docente de Literatura y Edición de textos en las universidades UPB y EAFIT. Magíster en Escrituras Creativas (Universidad EAFIT) y Filóloga Hispanista (Universidad de Antioquia). Obtuvo el I Premio de Poesía Ciudad de Medellín, convocado por la Corporación de Arte y Poesía Prometeo (2011), la IX Beca a la Creación de Poesía de la Alcaldía de Medellín (2012), el primer puesto en el XXX Concurso Nacional Universitario de Poesía de la Universidad Externado de Colombia (2017), la Beca a la Creación de Literatura Infantil con enfoque de diversidad (2019) y el Estímulo de Presupuesto Participativo para creadores de la Alcaldía de Medellín (2019). Varios de sus poemas han sido publicados en revistas nacionales e internacionales. Libros publicados: Entre árboles y piedras (Bogotá: Planeta, 2013), Campanario de cenizas (El Salvador: La Chifurnia Editorial, 2016), La hierba abre su latido (Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2018), Rastros-rostros: altares análogos (Medellín: Corporación La Bisagra, 2019) y la antología A la orilla de todos los lagos (Bogotá: El Taller Blanco Ediciones, 2020). Co-creadora de Milhojas, juegos de escritura (Medellín: Editorial EAFIT, 2019).