Narrativa,

Seis minificciones de Karla Barajas

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(Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1982). Publicó Valentina y su amigo pegacuandopuedes y La noche de los muertitos malvivientes (Editorial Imaginoteca, 2016), así como Neurosis de los bichos (Colección Minitauro, La Tinta del Silencio, 2017) y Esta es mi naturaleza (Editorial Surdavoz, 2018).


De Neurosis de los bichos (Colección Minitauro, La Tinta del Silencio, 2017).

Junio en Arizona

“La muerte te ronda. Cuídate del alacrán”, dijo la adivina de San Cayetano y él pensó en su compadre Juan Abarca, así apodaban al ponzoñoso. Mientras transitábamos por el desierto de Arizona murmuró que no lo matarían las temperaturas altas que sería ese su compadre, lo veía regacho, hasta agua le negó.

-¿Qué se trae conmigo?-, reclamó el Juan Abarca empujando el hombro del migrante, su mochila cayó al suelo.

-Uste me tiene mala fe, me envidia-, reclamó colocando la mochila en la espalda, fue cuando el alacrán le enterró su cola en el pecho y el migrante se revolcó del dolor, íbamos a ayudarlo, pero ese Juan Abarca gritó: “Nos va agarrar la migra, apúrense…” obedecimos. Cuanta razón tenía la adivina.

 

De madrugada

¿Quién las defiende? La primera vez que salgan será la última, les arrancarán las alas, les quitarán la cabeza, las venderán en los mercados, las utilizarán en peleas clandestinas en las escuelas. Quisiera decirles ¡chicatanas, nucús no vengan!,pero me traiciona el deseo de encontrarlas volando de madrugada afuera de mi casa.

 

Portador

Aprovechó el estado de ebriedad en que se encontraba la víctima, su carencia de ropa, insertó una parte de su delgado cuerpo en él, le dejó un dolor ligero, una mancha de sangre. Días después la prueba dio positivo, el hombre con los ojos hinchados portaba zika en la sangre.

De Esta es mi naturaleza (Editorial Surdavoz, 2018).

Deconstrucción

Al artista lo encontraron fornicando con la modelo sobre una lavadora. Él explicó a su esposa:

―Esto es una deconstrucción, una deformación del significado del electrodoméstico en la vida de las personas, correlaciona y contrapone a la máquina con nuestra humanidad. ¿Me entiendes, amor?

Una semana después, la obra entera del pintor emergente se remojaba en ese mismo artefacto, abandonado, por la autora y ahora ex esposa, a las afueras del museo con el título Engaños entendidos.

 

Pinocha

La niña de carne y hueso se escondió en el cuarto, no le interesa la convivencia familiar. Es obediente: pasa el día entero como muñeca, con medias y falda cuando la temperatura es sofocante (la gente anda en short y descalza en esos días). Aprende ballet e instrumentos musicales, saluda de beso hasta las personas que le caen mal o le producen asco porque eructan en la mesa, se meten los dedos en la nariz y, sin lavarse, acarician su rostro.

Se sienta con las piernas cerradas y, después de nueve años de entrenamiento, obedece al pie de la letra las enseñanzas de mamá: que es más importante verse que sentirse bien, y complacer a las personas, aunque ella se sienta mal.

Me pareció ver a la niña de carne caminar sin hilos hacia su espacio en la casa.

―¡La fiesta es acá, no en tu cuarto! ―le gritó su mamá indicando con las manos cuál era su lugar.

La niña regresó al mundo de los adultos, se sentó a la mesa en silencio a mentir que las personas le simpatizaban. Me pareció ver una lágrima rodar por las mejillas de madera, porque a veces, también, de ser tan obediente se endurece el corazón, la carne se vuelve madera, y salen hilos en la espalda para que quien desee nos dirija. Ahora es como el resto de nosotros, un títere.

En el monte

Claudia toma café con mezcal antes de salir al monte. Canta a su bebé acurrucado en el rebozo, mientras busca chapulines para vender. Los chapulines brincan libres entre las ramas, se esconden, como ella y Jacinto, el hombre de los ojos verdes con el que se amaba.

Ella busca el cielo, los grillos, el monte, ese lugar para echar brincos con el Jacinto. Ella encuentra el cielo, los grillos y el monte, pero no al Jacinto. Él no regresa desde que a ella le creció la panza. Suspira y besa en la frente a su bebé quien despierta y la ve con sus enormes ojos verdes.