Reseñas,

Sobras poéticas, de Balam Rodrigo

Sobras

El título lo condena. Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles). Así, con mayúsculas para que la obra no pierda su garbo y su linaje. Cada autor notable (cuando el tiempo lo empuja hacia la vejez y se encuentra en edad de merecer) suele ver reunida su obra en un tomo ejemplar que aspira a convertirse en una pieza del museo literario y dormitar el sueño eterno de papel y tinta, aunque sea en el olvidado rincón de alguna Biblioteca Pública de un pueblo en medio de la nada. Ya puede morir tranquilo porque al fin tiene sus obras y sobras reunidas en un libro donde descansarán en paz sus poemas mientras sus huesos y su carne ya fueron devorados por otros seres menos respetuosos de la inmortalidad literaria: los gusanos y las bacterias.

Así se llama, aunque no lo crean, este libro: Sobras reunidas. Y contiene en su primera parte: Poesías, una galería de los poetas que pueblan el imaginario nacional: desde los etéreos poetas místicos que nos entregan el maná de su poesía, hasta los poetas que nos lanzan a quemarropa sus iracundos poemas para brindarle un poco de justicia al mundo, repasando a los poetas pueblerinos coronados con los Juegos Florales de ocasión o aquellos poetas que recorren los festivales de poesía sin llevar poema decente alguno bajo la axila. Destripadores académicos de la poesía y poetas new age que están a punto de hacer contacto sideral con los verdaderos dioses. Todos caben (¿o cabemos? ¡gulp!) en este jarrito, sabiéndonos acomodar. Nadie puede quedar sentido porque Balam Rodrigo, la mente perversa que realizó esta sucia tarea, no lo integró en esta antología vergonzosa que uno lee con cierto deleite.

Resulta divertido mirarnos en estos espejos que Balam pone frente a nuestras narices sin compasión. Es difícil no reflejarse en alguno de sus despiadados retratos. Siempre hay un rasgo, una actitud, un movimiento, un verso, un poema o un poemario nuestro que podemos distinguir en sus esbozos.

Emplea un humor cáustico y venenoso para purgar el limbo de los poetas con mayúsculas, en un ejercicio de salubridad literaria, usando la caricatura para retratar sus vicios o defectos. Al caricaturizar estos prototipos de poetas acude —por supuesto— a cierta reducción llana y directa que subraya sus peores rasgos, en aras de confeccionar un retrato risible. Esa es la regla del juego y quien lo administra es él.

Lo que veremos en la primera parte es un álbum que presenta —como espejos que deforman la imagen de quien se planta ante ellos— su condición patética. En realidad cualquiera cabría en este álbum. El propio Balam tiene reservado un lugar en este innoble museo del horror poético.

Con metáforas devastadoras, contundentes, con trazos humedecidos en sangre y bilis, va armando los rostros de los aludidos, en un ejercicio de brutalidad estética propio de alguien que tiene la suficiente sangre fría para realizar esta —rara vez— agradecida tarea. Usa la ironía como un bisturí filoso y empieza a lanzar golpes a diestra y siniestra sin respetar la trayectoria o el capital curricular del poeta. Sus imágenes son dardos envenenados, algunos adquieren la condición de aforismos que podrían ser acuñados por una mente siniestra como la de George Christoph Lichtenberg, Óscar Wilde o Salvador Novo. Y este gesto se agradece en un territorio donde suele gobernar la educación timorata y el decálogo de buenos modales. Es impropio asestarle puñaladas o insultos a los coetáneos y coterráneos —por justos que estos sean o porque lo merezcan sus destinatarios—, aunque sea una práctica secreta expresada a gritos y puñetazos en las tertulias privadas. Algunos no soportan el golpe de una mala mirada.

Balam exhibe la porca miseria de nuestra estirpe. Y eso tiene sus riesgos y se paga caro. Pocos le perdonarán la vida. Una estela de insultos lo perseguirá como mariposas negras que vuelan liberadas. Asunto que dudo le importe demasiado. Pero aquí correrá sangre tarde o temprano. Y eso puede ser un buen motivo de inspiración para el próximo poemario. No hay mal que por bien no venga.

En Pensamientos y Sobras, segunda y tercera parte del libro, el tono sigue siendo humorístico pero la forma cambia radicalmente. Son poemas como dados o cubos rubik, poemas malabares que pretenden recrear los modelos estéticos de la antigua vanguardia o de la experimentación, que emprenden un viaje light a la entraña del lenguaje. No son los que me emocionaron. Ni los festejo. Tienen una vocación de parodiar a los otros poemas que les sirven de paradigmas o modelos. De repente el espacio poético es la circular página de una tortilla de maíz y el poeta es el taquero enrollando un amasijo de signos negros. Las letras se encienden y se consumen en su propio fuego sobre la pulpa del papel. En Sobras empieza con Recién asida (canciones de brama y ardor) que apuntan a otro rumbo: hacia la pasión amorosa. Ha quedado atrás la ironía como pluma y el veneno como tinta. Se ve como un capítulo extraño, diferente. Experimenta en algunos poemas con la misma osadía que en la primera parte pone en duda. Conjuga de manera singular, mueve las piezas dentro de una frase, sitúa los versos con cierto desorden y fuera del sitio habitual traza cierta poesía simultánea. Se pone a jugar el chamaco. Y nos quiere volver interesante este movimiento fugaz de sus dedos para preguntarnos: ¿dónde quedó la bolita? Algunos poemas amorosos debe uno leerlos de cabeza o haciendo yoga porque exigen perspectivas distintas. Con los pies en la tierra no podrán captarlos igual. Lo ideal sería leerlos en medio de una maroma en el aire. Como sugirió el maestro Gabriel Zaid: apenas leyéndolo en bicicleta. Pero rodando, no en las oxidadas bicis fijas que tienen ustedes en su casa. Entiendo la intención pero no me atrae. Ya estoy viejo para andar viendo a trapecistas sobre alambres en los circos. Aquí Balam se esmera en ganarse un lugar en la galería  de la risa que diseñó en la parte anterior. Ya tiene mi aprobación para que se sume a esa Legión, si le sirve de algo.

En Pensamientos inútiles entramos a un territorio radicalmente diferente: al México de carne y hueso, a la República de sangre (qué buen nombre, así le pondré a un nuevo libro), al país que detestamos, a la patria cenagosa que nos enrojece hasta las rodillas. Es muy, pero muy extraño encontrar de repente poemas de esta naturaleza en este libro que cuenta las repetidas y pequeñas tragedias ocurridas por la geografía nacional: ejecutados, cabezas sin raíz que nos miran con ojos vacíos, acróbatas involuntarios del aire colgados en un árbol, niños cuyas primeras sílabas aprendidas son ma-tar. Quizás Balam se defienda diciendo que el humor o la ironía visibles en algunos versos los hermanan con el resto de los poemas incluidos pero no es argumento suficiente. O como lo indica el título: Sobras reunidas es la retacería que le quedó de los libros que no pudieron hospedar estos poemas desbalagados. Vuelvo. Esta sección está más en correspondencia con otros dos libros de Balam: Marabunta (que obtuvo el Premio Nacional de Amado Nervo 2017 aunque las autoridades en turno hicieron la graciosa huida y tardaron una eternidad en pagarle) y Libro centroamericano de los muertos (ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2018). Este último es un libro estremecedor e indispensable para los períodos de penumbra que nos gobiernan.

Pensamientos útiles alberga a la verga. O mejor dicho un Vergario. No se asusten, no se levanten de sus asientos por favor que esto sólo es poesía. Siéntense, se los suplico. El primero que salga de esta página corre el riesgo de que se le acuse de timorato o poco culto. Es un cierre de lujo. Con un puñado de poemas que caben en una mano cerrada. Se acusa de recibo la riqueza de la oralidad que brota de la lengua coloquial y callejera —cargada de cierta belleza poética involuntaria— a la que se le agregan unas gotas de veneno por parte del poeta.

Acérquense sin temor y con fervor a este libro que les provocará una ráfaga de carcajadas —en un momento— y en otros, los volverá sombríos ante la desdicha. Un libro incómodo que se atreve a decirle al Rey que va desnudo aunque el resto del público haga un esfuerzo extremo por aguantarse la risa, para no disgustar al soberano (a los soberanos) de esta República de la Letras.

 Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles) (Los Bastardos de La Uva/Secretaría de Cultura, México, 112 p., 2016)


Alfonso Orejel nació en Los Mochis, Sinaloa en 1961. Es escritor y promotor de lectura. Ha publicado La balada del hombre muerto (Premio Nacional de Narrativa Inés Arredondo 2006/Ficticia),  Palabras en sepia (Premio Nacional de Poesía Gilberto Owen 2008), La venganza de la mano amarilla (Mención en el concurso Barco de vapor 2009 / SM). Sus libros El cucaracho, El sendero de los gatos apachurrados (CIDCLI) y La sombra fueron seleccionados por el Programa Nacional de Lectura (Secretaría de Educación Pública) para formar parte de las Bibliotecas de Aula de todo el país. Es autor de varios libros de terror: El árbol de las muñecas tristes, La niña del vestido antiguo (SM) y Un poco de dolor no daña a nadie (SM). En 2018 obtuvo mención en el Certamen Internacional de Poesía Infantil del FOEM con el libro Manantial de carcajadas, además del Premio Regional de Poesía Ciudad de La Paz 2018 con el libro Álbum del olvido.