Reseñas,

  Sobre el libro Kraken: el poeta y lo monstruoso

Balam_

Claudio Archubi

Me ha concedido el amigo Balam el privilegio de comentar este libro y al comenzar a leerlo me he encontrado con la grata sorpresa de que se propone un gran desafío: entrecruzar carnalmente poesía y ciencia. Entonces he recordado que, así como yo tengo formación en física, Balam es biólogo.  Y como dos científicos dementes, dedicados a la poesía, compartimos obsesiones y nos entendemos.

Como primer comentario va una advertencia: actualmente en Argentina suele imperar, como regla, una idea de síntesis y elipsis, o de llana simpleza, propuesta por talleres literarios a incautos principiantes, y que está en gran medida basada en estéticas anglosajonas (minimalismo, objetivismo, poesía y lingüística) o propuestas ibéricas de “poesía soft“ (poesía de la experiencia) y que hereditariamente se convierte en parte del canon local, bajo la consigna de “humildad”:  menos es más. Pues lo primero que uno nota en los libros de Balam es que no se cumple esta ley sino más bien lo opuesto: más es más… y más todavía. Así, la de Balam es una estética del desborde que proviene de una tradición diferente, ancestral. México es lujurioso desborde desde el comienzo de los tiempos.

Dicho esto, pasemos a recorrer el libro. Camuflado bajo el formato de un extenso paper, con resumen inicial bilingüe, e introducción histórica mediante diez secciones, como tentáculos repletos de ventosas en forma de citas mitológicas con descripciones desmesuradas, este extraño libro avanza hasta devorarnos. Y luego con distintas hipótesis y análisis, y con imágenes y fotografías a la manera de los libros de botánica y zoología antiguos, este atrevido, rebelde e imaginativo libro híbrido se expande y se autocontiene, se autodescribe y se justifica, alimentándose de sí mismo. Escrito a dos columnas como un manual delirante, y repleto de intensas pulsiones de vida, indaga finalmente en la esencia de la poesía y sus conexiones con el mito como catarsis de nuestros miedos más profundos, y como expresión de nuestra condición de finitud e intemperie, de seres vivos frente a la inmensidad amenazante de la naturaleza.

En palabras del mismo libro:

Kraken es tanto un ensayo poético como un bestiario lírico escrito a la manera de un paper académico-científico dividido, incluso, en sus secciones clásicas.

O sea, agrego yo, un experimento suprarracional que se acerca maravillosamente a la demencia….

Con esta “metodología” de escritura, nuestro prolífico y multipremiado Balam (nacido en Chiapas y con una obra de más de 50 libros) vuelve a confirmarse como insertado, ―junto con poetas como Ernesto Carrión, en Ecuador, o Teresa Orbegoso, en Perú―, en las nuevas tradiciones americanas: un barroco post-vanguardista que mezcla los géneros literarios, indagando en la desmesura y en lo monstruoso.

Por momentos, poema en prosa, por momentos recopilación histórica de textos, con varios apartados ramificados cada uno en diez partes, el camino que nos traza Balam nos va sumergiendo en un mundo fantástico; la estructura de este libro se va mimetizando con la anatomía del monstruo que describe. Apretados entre sus tentáculos, sentimos que el libro mismo, como extensión del poeta, se va convirtiendo en el siniestro y apabullante Kraken. Dice el libro en uno de sus decálogos:

Kraken: árbol cuyas hojas son machetes recién afilados y ramas con flores que son lenguas polinizadas por el invisible insecto de la poesía.

Tomar el árbol-Kraken por el tronco y arrancarlo para barrer con sus diez tentaculares ramas el mundo, decapitarlo a cada paso, desmembrarlo de raíz para fundar uno nuevo y sembrar en él semillas de eternidad, poemas recién nacidos de la sed, decálogo en ramos de lenguas con flores palpitantes que lamen los ojos y los oídos y fecundan el corazón.

Arrasar con el “mundo establecido” para fundarlo de nuevo a través de la palabra, tal es la pretensión del poeta. Y más adelante, este indomable libro, ―felizmente rechazado por varias editoriales españolas, pues algunas sugirieron modificaciones torpes que le hubieran cercenado la cabeza tentacular al texto y que el autor se negó a hacer―, dice así:

La poesía es el Kraken literario: ni el método, ni las categorías, ni el canon, ni la academia, ni la cursilería, ni la estupidez, ni género escritural alguno alienado por las cadenas del sesgo o el circo del espectáculo podrán domesticarla.

Y otra vez, en un siguiente fragmento, se compara a la poesía con el Kraken:

Y cada uno de sus diez mil millones de brazos, tentáculos, mazas y ventosas se aferran al cuello de la historia humana como se aferra el Kraken a la ballena intentando librarse de ella, tal como intenta el poeta librarse de las cadenas de la muerte: arrojando tinta, y cantando.

Así, desde las oscuras profundidades del inconsciente emerge la imagen del Kraken para verse reflejada en el cefalópodo gigante que habita las profundidades marinas, pero también para verse en el espejo fractal de las galaxias, hasta ser símbolo mismo de la estructura ontológica del universo: un cosmos distinto y complejo, que más se parece al caos de los físicos que al Kosmos de los griegos.

Así, desde las oscuras profundidades, como el Kraken, fagocitándolo todo ―poesía, prosa, crítica social, ciencia―, el incansable Balam sigue alimentando su obra.

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