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Ciudad de México

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Escoliosis, poema de Elisa Díaz Castelo

(Ciudad de México, 1986). Ganadora del premio nacional de poesía Alonso Vidal 2017 con su primer poemario, Principia, que fue publicado por Tierra Adentro. Con el apoyo de las becas Fulbright-COMEXUS y Goldwater, cursó una maestría en Creative Writing (Poetry) en la Universidad de Nueva York (2013-2015). Sus poemas en inglés han aparecido en Border Crossing, Tupelo Quarterly y Poetry International, entre otros. Ganó primer lugar en el premio Poetry International del 2016, el segundo lugar del premio Literal Latté 2015 y quedó entre los semifinalistas del premio Tupelo Quarterly 2016. 

Poesía,

Dos poemas de Alejandro Massa Varela

(Ciudad de México, 1989). Ensayista, dramaturgo, poeta y periodista. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor del libro El Ser Creado / Ejercicios sobre mística y hedonismo, editorial Plaza y Valdés, prologado por el filósofo y sacerdote, Mauricio Beuchot, y el Presidente de la Sociedad Mexicana para el Estudio de las Religiones (SMER), Benjamín Preciado.

Poesía,

Dos poemas de Aldo Vicencio

Aldo Vicencio (Ciudad de México, 1991). Poeta y ensayista, estudió la Licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fundador del colectivo poético Naufragio, y colaborador de Liberoamérica. Es autor del poemario Piel quemada: vicisitudes de lo sensible (Casa Editorial Abismos, 2017) y el videolibro Anatolle. Danza fractal (El Ojo Ediciones, 2018).

Narrativa,

El último discurso de los muertos

Cuento que mereció el segundo lugar en el 17º Concurso de Cuento Letras Muertas 2016 organizado por la UNAM en homenaje a Rufino Tamayo, y será publicado en la antología de dicho certamen.

Escuché a mi esposa intentar decir algo desde su ataúd, un débil susurro que no alcancé a entender. Sus palabras eran amordazadas por el olor a rosas y cempasúchil. Conforme llegaban más familiares, aumentaban las coronas de flores apiladas detrás y a los lados del féretro. Cada vez iba a ser