(Chula Vista, C.A. 1990). Estudio Lengua y Literatura de Hispanoamérica en la Universidad Autónoma de Baja California. Es egresado del Diplomado en Creación Literaria del Instituto Nacional de Bellas Artes. Ha colaborado en las revistas Ciencia y Cultura C2, La Voz del Norte, Rio Grand Review, Poetripiados, entre otras. Es autor de los libros infantiles El Niño Telescopio y Campamento de Amabilidad Felina. Es fundador de la Convocatoria Los Excéntricos que actualmente Lapicero Rojo realiza cada dos años. Ha participado en la Feria de Libro de Tijuana como expositor, editor y dictaminador.
CASA DE LOS ABUELOS
I.
Mi madre enciende una vela
con la luz del día.
Camina y cubre
el fuego con sus manos.
Me preocupo, le he dicho,
nadie vive ahí sino el pez
que nada en su propia mugre
y la manada de gatos con hambre.
Las velas siguen encendiéndose a diario.
Mi madre es el milagro de la mañana.
.
II.
La última vez puso las llaves de la casa de
los abuelos en mis manos y me pidió que
le diera de comer al pez y a los gatos.
Un favor más, me dijo: cuando entres
busca en el espejo el por qué sigo
regresando a la casa de mis padres.
Ahora yo enciendo una vela con la luz del sol,
…………como mi madre.
Cubro el fuego con mis manos,
…………como ella.
Es mi ritual y la casa lo sabe,
………y devela sus verdaderos colores.
…………Los pasteles, las navidades, los días de brujas.
…………Los gritos, los abrazos, las peleas.
…………La vela encendida con el sol es la memoria
…………que abre los recuerdos cual flores.
.
III.
Dejo caer gotas de sol en los muebles,
…………en el pez, en los gatos, en la silla de mi Tata,
en las pinturas de mi Nana,
en el polvo que nace del tiempo,
con la vela que ella me enseñó a encender.
Llega el viento tramontana,
…………todos saben que el viento es olvido.
…………Es el golpe en el hombro que nos dice
…………se acabó, vámonos.
No era la vela : era mi madre
No era la vela : era yo
…………Me cubro con las manos
…………se acabó, vámonos.
…………para no apagarme.
Mi madre es el milagro de la mañana
Por qué el recuerdo me pregunta,
¿entonces yo que soy?
.
CASA DE MI ABUELA
A Luz Berenice
¿Serán éstas las mismas ventanas las que acariciaron
las mañanas de mi abuela que éstas llenas
de telarañas, que éstas llenas de polvo?
Su buró está lleno de pinceles de todo tipo.
Con miedo de acercarme a ellos y con todavía
más miedo a tocarlos, vuelvo a rechazar
sus clases de pintura veinte años después.
No sirvo para pintar, Nana, no me sale.
Entonces sirves para que te pinten, M.
Mi abuelo no quería comprar pinceles.
Son para tus hijos, para tus nietos.
Se van a divertir y vendrán a jugar con nosotros.
La casa de mis abuelos se convirtió en un estudio.
Pinturas, paletas, caballetes, lápices, sacapuntas,
marcos, trapos sucios y pinceles, muchos pinceles.
Ni así volvimos.
Recordar es pintar: corregir lo que existe.
Colorear, llenar de vida, borrar.
Mi abuela coloreaba su mundo (nuestro mundo)
y nos pintó como a una familia.
Sobre lo imperfecto trazó líneas que nos enojaban.
Dejamos de mirar sus pinturas y nuestras intenciones
de visitarla quedaron colgadas en alguna pared.
¿No ves que me pegó, Nana? ¿No ves que me dijo pendejo?
¿No ves que me está chingando la madre, Nana?
Recordar es pintar: corregir lo que existe.
Borrar, colorear, llenar de vida.
Y nos pintó como a una familia.
.
CASA DE MI ABUELO
A Hezthevan
I.
Mi abuelo nunca conoció a su madre.
Dicen:
—era española
—era una sirvienta
—era.
Pasaba horas en su taller, deambulando entre
máquinas, los juguetes de sus niños y tesoros de juventud.
La abuela le gritaba:
sal de ahí, Esteban, llegaron tus nietos.
Entrabas al taller para encontrarlo,
para descubrir algún objeto que revelara
alguna nota, una acta, una cartilla, una carta de él donde
tuviera olvidada una carcajada honesta y una foto vestido
de marinerito siendo abrazado por su mamá;
una mamá que sonríe y deja patente en la fotografía
que algún día alguien la descubrirá en el taller de su hijo
al intentar enfrentarse con algo tan importante como
la fotografía del abrazo que —en efecto— le está dando
con todo el cariño de la que una madre es capaz.
Pero acuérdate:
—era española
—era una sirvienta
—era.
—ya nadie supo de ella
—solo sabemos que no la conoció
.
II.
¿Y si él quería que yo la buscara y para hacerlo más
interesante abultó de objetos su guarida?
La madre de mi abuelo es un fantasma
hecho de aserrín.
Tú sabes lo que es aserrín, verdad.
Es como la madera buena, pero no lo es.
El padre de mi abuelo es otro fantasma
hecho de herramientas.
Ambos sabemos lo que un herramienta
algo que es para servir, si lo puedes sostener
.
III.
Se podía sentir un cambio cuando bajabas
los tres escalones que dividían la casa y el taller.
Sabías de pronto que
mi abuelo nunca besó a su madre
nunca probó leche de su pecho
que si la buscó toda furia terminó aquí.
Las palabras no eran necesarias.
y sabías que no era necesario buscar aquella fotografía.
Porque sabes que esa foto no existió,
pero debió existir.






Alejandro Mandujano
septiembre 24, 2024Poemas de nostalgia y de una construcción poética que transmite el amor de los abuelos, casi siempre, eterno.
Sergio Ochoa Carlos
marzo 31, 2025¡ ¿ Qué más se puede tener que no sean recuerdos efímeros, pero llenos de matices, de alegría, cariño, despego, abrazos y desabrazos, impetus olvidados, o quizá guardados en el baúl, que nadie se atreve a indagar, ni abrir, ni oler, ni azotar …. ! ?
Ese crisol tan familiar, tan cercano y tan ajeno, tan preciado y despreciado en ese juego de acciones … al cual, le gusta enviar un soplo de torbellinos que desajustan el corazón, la mente y el alma …. y tú, Miguelín, seguirás serpenteando por tu finito sendero, archivando y triturando los testos de Nana y Tata.